La diáspora y su derecho al voto

En una reciente comparecencia, en un programa de televisión, señalé que una de las grandes injusticias que existen en nuestro país es el negarle el voto a los ciudadanos nicaragüenses que viven fuera del país. No solo es injusto, es inconstitucional, ya que la Constitución Política estipula en su artículo de 51 que “los ciudadanos tienen derecho a elegir y ser elegidos en elecciones periódicas”.

En una reciente comparecencia, en un programa de televisión, señalé que una de las grandes injusticias que existen en nuestro país es el negarle el voto a los ciudadanos nicaragüenses que viven fuera del país. No solo es injusto, es inconstitucional, ya que la Constitución Política estipula en su artículo de 51 que “los ciudadanos tienen derecho a elegir y ser elegidos en elecciones periódicas”.

Aunque no existen datos precisos en cuanto al tamaño de nuestra diáspora, se calcula en aproximadamente un millón de compatriotas. Las comunidades nicaragüenses más grandes se encuentran en Estados Unidos y Costa Rica. También existen colonias grandes en España y nuestros vecinos centroamericanos y, cada vez más, en Panamá.

Nuestros compatriotas en ultramar son extremadamente generosos para con sus seres queridos en Nicaragua. Esto se refleja en el hecho que, en tan solo 2014 nos enviaron 1,135 mil millones de dólares en remesas familiares, una cifra igual al 9.7 por ciento de nuestro Producto Interno Bruto. Para poner en perspectiva esta cifra, según datos del Banco Central, es superior a toda la ayuda externa oficial que recibió el sector privado y público de Nicaragua ese mismo año de donantes multilaterales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano y la Unión Europea, y de donantes bilaterales como Japón, Corea y Taiwán.

Las remesas no solo son grandes, son de libre disponibilidad, en el sentido que no están atadas a la ejecución de proyectos públicos. Como tales, contribuyen enormemente a nuestra balanza de pagos, a nuestro nivel de reservas y a nuestra actividad y crecimiento económico. Esto en cuanto a lo macro. En cuanto a lo micro, son un sostén para cientos de miles de familias que las utilizan para enfrentar sus gastos básicos, desde vivienda digna hasta para la adquisición de alimentos y sus necesidades médicas.

No es una exageración decir que sin estas remesas, Nicaragua sería muy diferente. No podría mantener el nivel de actividad económico que goza y la pobreza de sus habitantes sería mayor, mucho mayor.

Por otro lado, hay que estar conscientes que la mayoría de esas remesas representan un sacrificio para quienes las envían. Sé, por experiencia propia, que la vasta mayoría salen de los bolsillos de personas que llevan vidas duras en los países donde residen. La mayoría las generan personas que laboran como empleadas domésticas, trabajadores del campo o personas que se fajan en la construcción. Muchos tienen hasta dos y tres trabajos para cubrir sus necesidades y poder mandarle plata a sus seres queridos en Nicaragua.

En vista de su generosidad, la diáspora nicaragüense se ha ganado el voto en nuestras elecciones. Y es algo que muchos anhelan. Esto lo baso en conversaciones que he sostenido con muchos de ellos tanto como embajador, que fui por años, y en entrevistas que he sostenido con miembros de la diáspora cuando viajo al exterior.

El voto por parte de ciudadanos que viven en el exterior ya existe en más de cien países. La mayoría de los países del llamado primer mundo lo tienen desde hace tiempo y lo facilitan. En Estados Unidos, por ejemplo, los ciudadanos norteamericanos que viven en el exterior pueden ejercer su derecho al voto enviando sus boletos por correo a los estados de donde son.

En Latinoamérica, también, el derecho al voto externo es la noma. Existe en países grandes como Brasil, México, Argentina, Perú y Venezuela al igual que en países pequeños como Costa Rica, El Salvador, Honduras y Panamá. En algunos países latinos no solo tienen sus comunidades en el exterior el voto, sino que se han ganado el derecho de elegir representantes suyos en sus parlamentos nacionales. Este es el caso en Colombia, República Dominicana y el Ecuador. Para ganarse el voto de la diáspora, algunos candidatos para la presidencia hasta hacen campaña fuera de sus países. ¡Hasta Evo Morales lo ha hecho en España, por ejemplo, en donde residen más de trescientos mil bolivianos!

Un pretexto que pudiera haber para negarle el voto a la diáspora nicaragüense es que votarían mayoritariamente en contra del gobierno sandinista. Este argumento podría ser cierto para aquellos que huyeron de Nicaragua después de la caída de la dictadura somocista. Pero la vasta mayoría de nuestros “exiliados” son personas que han emigrado de nuestro país por razones económicas, incluso después de 1990. Y esta gente no tiene marcadas preferencias políticas. Y aunque lo tuviesen ¿qué importa? Como dije anteriormente, tienen el derecho constitucional al voto, y se lo han requeté ganado con su generosidad y sacrificio económico.

Otro argumento en contra del voto externo es que el Consejo Supremo Electoral (CSE) no tiene los recursos ni el mecanismo para “asegurar” el voto en el exterior. Este argumento es difícil de tragarse y pareciera ser una jugada solo para camuflar el temor que pudiese existir en el gobierno actual, en cuanto a supuestas inclinaciones políticas en el exterior. Sin embargo, ya vemos que más de cien países, muchos pobres como el nuestro, han resuelto superar obstáculos financieros y la posición del CSE parece reflejar una falta de visión patriótica y de voluntad política de hacer lo correcto.

Es hora que maduremos políticamente, que nuestras autoridades actúen conforme a lo constitucional, lo justo y lo bueno y no solo por razones políticamente expedientes. Es hora de seguir el ejemplo que sentaron nuestros hermanos salvadoreños, que recientemente concedieron el voto a su diáspora. Y lo votaron de una manera prácticamente unánime en el parlamento, ¡apoyándolo tanto la bancada de Arena como la del FMLN!

El autor fue canciller de la República y es un comentarista político.

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