Aún no se ha excavado una palada de tierra del llamado Gran Canal Interoceánico y las paladas que sí hemos visto recientemente han sido para enterrar literalmente dicho proyecto, que tal como van las cosas parece desinflarse casi a la misma velocidad con que fue lanzado.
Algunas de estas “paladas” son: Ortega tuvo la oportunidad en Panamá de hablar sobre el proyecto y solicitar ayuda continental, pero prefirió lanzarse al vacío en otro round sin sentido por la independencia de Puerto Rico.
Las “obras accesorias” del Gran Canal que con tanta pompa iniciaron el 22 de diciembre, concluyeron con la rehabilitación de seis kilómetros de camino de macadam que conduce hacia la Boca de Brito. La maquinaria ya fue retirada del sitio, tal parece que esta será la única obra relacionada con el Gran Canal que efectivamente se llevará a cabo.
Ni los cincuenta mil millones ni el estudio de impacto ambiental y social. Quizás el mega sueño del canal ha sido uno de los principales errores de Ortega en su afán megalómano por buscar soluciones inmediatas y mágicas a la pobreza, porque no solo entregó la soberanía de Nicaragua, ya no digamos a un gobierno, o a una potencia, sino a un inversionista chino desconocido, que no tiene ninguna obligación con el Estado de Nicaragua y hasta el momento, tampoco ha demostrado tener la capacidad de recaudar los cincuenta mil millones de dólares que, como mínimo, se calcula que costará el Canal, ni siquiera ha presentado el Estudio de Impacto Ambiental y Social (EIAS) que ha sido encargado a la empresa británica Environmental Resources Management (ERM).
La comunidad científica reunida con representantes de ERM y de la empresa HKND en un foro que tuvo lugar recientemente en Miami, se mostró insatisfecha del grado de avance del estudio y plantearon serias interrogantes que prometieron ser atendidas por los representantes de ERM. La presentación del estudio se postergó una vez más para el mes de mayo.
El mercado. Pero la palada más grande vino precisamente del principal cliente potencial del Canal, Maersk, la mayor empresa naviera del mundo, cuyos mega buques de contenedores son vistos como el mercado meta del Gran Canal por HKND.
Maersk no solo se distanció del proyecto, a pesar de que HKND utilizó el nombre de esta compañía afirmando que apoyaba el Canal, el jefe de relaciones públicas Michael Christian Storgaard fue enfático en su aclaración a HKND: “Es demasiado pronto para concluir sobre este tema. Lo que expresábamos fue nuestro apoyo al principio de desarrollo de infraestructura. No fue sobre el proyecto en sí y ni era una indicación de que íbamos a hacer uso de Canal de este tipo. No hemos solicitado un canal y no lo necesitamos”.
Y fue aún más claro: “Nuestra postura sobre el proyecto de Canal de Nicaragua no ha cambiado. Nosotros no estamos implicados. No apoyamos el proyecto y no hemos expresado nuestro apoyo. La razón es simple: no podemos de ninguna manera predecir si vamos ha hacer uso del Canal. Un Canal que no hemos solicitado”.
Otra “paladita” se la echó el embajador ruso en Nicaragua, Nikolay Vladimir. En una entrevista publicada el 19 de abril en El Nuevo Diario, el periodista Yader Luna le pregunta: “Hace un año funcionarios de su país mencionaron que había algunas compañías interesadas en la construcción del Canal Interoceánico de Nicaragua. ¿Qué ha pasado con ese interés?” El embajador responde lacónicamente con tres palabras: “Esperamos las licitaciones”.
Es que no hay que confundir el interés en participar en la construcción que seguramente tendrán —de concretarse el proyecto— las grandes empresas en todo el mundo, con el interés de invertir y correr los riesgos asociados en lo que Wang Jing ha llamado “el proyecto más grande emprendido en la historia de la humanidad”.
La última “paladita” en este entierro viene de un país que tiene los pies bien puestos sobre la tierra y un canal que tiene mas de 100 años. Panamá ha anunciado que en el 2016 estará listo el segundo juego de exclusas, ampliando en forma sustancial la capacidad del canal. Así las cosas, son más los interesados en abrir los pliegos de las licitaciones, que los dispuestos a exponer su dinero en la gran apuesta de Wang Jing.
