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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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El barrio de Petare, en las afueras de Caracas, es hogar de muchos de los 200,000 inmigrantes colombianos.    LA PRENSA/BLOOMBERG

Pobreza los empuja de regreso a su país

Treinta años después de haber abandonado la pobreza y la violencia de Colombia por la riqueza petrolera de Venezuela, Oscar Mina, un trabajador de la construcción de 56 años, retorna a su país.

Treinta años después de haber abandonado la pobreza y la violencia de Colombia por la riqueza petrolera de Venezuela, Oscar Mina, un trabajador de la construcción de 56 años, retorna a su país.

“Los precios están subiendo todos los días y los billetes no tienen ningún valor”, dijo Mina, bebiendo cerveza con compatriotas en la villa miseria Petare, en la zona Este de Caracas, con grafitis militantes en las paredes y basura en las calles. “¿Esto es gobernar para los pobres?”

En cierto modo, ningún grupo se benefició tanto con la revolución socialista de Venezuela de los últimos 15 años como los millones de colombianos que se trasladaron aquí en las últimas décadas. Vivienda, educación y salud gratis los convirtieron en sólidos seguidores del difunto Hugo Chávez.

Es elocuente, por lo tanto, que decenas de miles estén yéndose (200,000 en los últimos años, según Iván De La Vega, académico especializado en migración en la Universidad Simón Bolívar de Caracas). A medida que crece la desilusión de los colombianos, es evidente que el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, está en un grave problema. Su partido, que ya perdió el apoyo de las clases media y alta, parece encaminarse a una derrota cuando se lleven a cabo las elecciones parlamentarias este año.

De hecho, pese a una escasez de datos confiables respecto de casi todo en Venezuela, una encuesta March Datanalisis mencionada por la firma consultora Eurasia Group con sede en Washington, demuestra que el 19 por ciento de los votantes eligen candidatos gubernamentales en las elecciones legislativas en comparación con 43 por ciento para la oposición.

Un retorno a Colombia resulta más asombroso todavía dado que las guerrillas marxistas controlan allí franjas de zonas rurales y 31 por ciento de la población vive en la pobreza. El mes pasado, 11 soldados fueron asesinados por los guerrilleros cerca de la ciudad de Mina.

“Vale la pena ir”

De todos modos vale la pena ir, dijo Gustavo Díaz, un colombiano en Caracas que, al igual que sus compatriotas, ha realizado tareas que los venezolanos desprecian en la agricultura, la construcción y en servicios domésticos. “Todo el que tiene alguna opción se va”, dijo Díaz, un trabajador de la construcción de 58 años.

Con la caída de los precios del petróleo, la última gota para muchos colombianos fue que Maduro prohibiera las remesas el año pasado en un intento de salvar las escasas reservas en moneda extranjera y evitar una cesación de pagos.

Anteriormente, podían enviar los salarios a su país al tipo de cambio oficial de 6.3 bolívares por dólar, lo cual traducía el salario mínimo mensual en ese entonces a unos 520 dólares. Esto se comparaba con un salario mínimo colombiano de unos trescientos dólares.

Venezuela tenía el producto interno bruto más alto per cápita en Sudamérica en el apogeo de la explosión del petróleo en 1976. En 2013 ocupaba el cuarto lugar.

Al igual que los trabajadores extranjeros pobres en la mayoría de los países, los colombianos han sido vistos con cierto desprecio aquí y han tendido a no publicitar sus orígenes. No obstante, al cambiar la situación, los vínculos con Colombia constituyen súbitamente motivos de orgullo.

En cifras
  • 68.5 % fue la inflación en Venezuela en 2014, la más alta del mundo.
  • 6.30 bolívares por un dólar es la tasa de cambio oficial.
  • 198.30 bolívares se deben pagar para conseguir un dólar en la tasa oficial más alta, aunque en el mercado negro se necesitan cerca de 300 bolívares.
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