Una revelación reveladora

El pasado 25 de abril, el doctor Edmundo Jarquín, excandidato a la vicepresidencia por el Partido Liberal Independiente (PLI) en el 2011, reveló algo que tiene agitada a una buena parte de nuestra sociedad. Me refiero a la afirmación que hizo y que cito literalmente: “Cuando el día de las elecciones de 2011, a las 2:00 de la tarde, el Jefe de la Misión de Observación Electoral de la OEA, Dante Caputo, convocó a una conferencia de prensa para decir que por la obstrucción del gobierno para acreditar observadores en un número significativo de mesas electorales, se habían quedado sin capacidad de saber qué estaba ocurriendo en las elecciones (“nos falló el radar, no, no nos falló, nos lo taparon”, dijo mientras con la mano gesticulaba como tapando la boca de una botella), en el equipo de dirección de la campaña de Fabio Gadea Mantilla, candidato presidencial de la oposición a Ortega por la Alianza PLI, se inició una discusión sobre si desconocer de inmediato o no, los resultados electorales. Desconocerlos, hubiera creado una crisis de legitimidad a la inconstitucional reelección de Ortega. Pero prevaleció la posición contraria, con el argumento de que, como lo había anunciado el orteguista presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), no autorizaría el reembolso de fondos por la campaña electoral a quienes alegaran fraude, y la Alianza PLI se había endeudado con los bancos con la fianza del CSE para el repago. Fue un error histórico. Ortega se adjudicó dos terceras partes del voto, cuando nunca antes había obtenido más de la tercera”. Cierro cita.

El pasado 25 de abril, el doctor Edmundo Jarquín, excandidato a la vicepresidencia por el Partido Liberal Independiente (PLI) en el 2011, reveló algo que tiene agitada a una buena parte de nuestra sociedad. Me refiero a la afirmación que hizo y que cito literalmente: “Cuando el día de las elecciones de 2011, a las 2:00 de la tarde, el Jefe de la Misión de Observación Electoral de la OEA, Dante Caputo, convocó a una conferencia de prensa para decir que por la obstrucción del gobierno para acreditar observadores en un número significativo de mesas electorales, se habían quedado sin capacidad de saber qué estaba ocurriendo en las elecciones (“nos falló el radar, no, no nos falló, nos lo taparon”, dijo mientras con la mano gesticulaba como tapando la boca de una botella), en el equipo de dirección de la campaña de Fabio Gadea Mantilla, candidato presidencial de la oposición a Ortega por la Alianza PLI, se inició una discusión sobre si desconocer de inmediato o no, los resultados electorales. Desconocerlos, hubiera creado una crisis de legitimidad a la inconstitucional reelección de Ortega. Pero prevaleció la posición contraria, con el argumento de que, como lo había anunciado el orteguista presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), no autorizaría el reembolso de fondos por la campaña electoral a quienes alegaran fraude, y la Alianza PLI se había endeudado con los bancos con la fianza del CSE para el repago. Fue un error histórico. Ortega se adjudicó dos terceras partes del voto, cuando nunca antes había obtenido más de la tercera”. Cierro cita.

Esta revelación, viniendo de alguien calificado como el doctor Jarquín, me preocupa sobre manera, porque no es la primera vez que el círculo íntimo del líder de ese partido toma decisiones equivocadas. Decisiones que han repercutido negativamente en nuestra sociedad y son en parte responsables de las vicisitudes que actualmente padecemos por parte del régimen actual.

Quiero referirme al día de las elecciones de noviembre del 2006. Esa tarde, ya casi entrando la noche, el equipo de monitoreo del PLI había detectado que se habían perdido las elecciones y que el segundo lugar estaba en duda, eso hizo que en esa ocasión el candidato tomara la decisión de reconocer tempranamente la victoria a Daniel Ortega, dejándose sin contar el ocho por ciento de los votos. Lo que sucedió después ya es del dominio público.

Pero volviendo a la revelación del doctor Jarquín, creo que legitimar un gobierno como el que actualmente padecemos, únicamente para evitar las represalias del señor Roberto Rivas, es algo que desdice de la calidad democrática de los que toman decisiones en ese partido, por el reiterado comportamiento acomodaticio que han mantenido cuando son sometidos a chantajes, como el dado a conocer por el mismísimo excandidato a la vicepresidencia de esa coalición, cuando afirma que fue una decisión por pesos y centavos. No quisiera finalizar este escrito, sin antes demandar una explicación pública convincente a los líderes de mi partido (el PLI), sobre todo ahora que una vez más pretenden liderar una coalición que los convertirá en contendientes electorales, de la misma persona y partido al que han favorecido con sus decisiones tres veces consecutivas.

El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y actualmente miembro del PLI.

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