El primer documento de rendición del Ejército Alemán fue firmado el 2 de mayo por el general Weidenling, comandante de Berlín, ante el mariscal soviético Zhukov. Otras fuerzas alemanas en el noreste alemán se rindieron ante el mariscal Bernard Montgomery el día 4; en Reims, Francia, ante el general Dwigth Eisenhower el 7 de mayo; finalmente el mariscal Keitel firmó la rendición un día después en Berlín.
Desde que el conflicto explotó habían transcurrido cinco años y medio de una guerra que el viejo mariscal Foch había pronosticado: “Esto no es una paz, sino un armisticio para veinte años”. Derrotada Alemania en la Primera Guerra Mundial, estaba sometida a severas sanciones por el Pacto de Versalles; sanciones que totalizaron unas mil millones de libras esterlinas; su Ejército no podía exceder de cien mil hombres, sin artillería, aviación ni marina; Alemania estaba financieramente desplomada. Ante ese desastre, en una cervecería de Berlín, un prusiano iracundo y desempleado llamado Adolf Hitler, enardecía con su oratoria a los asistentes, fundadores del Partido Nacional Socialista Alemán.
Con sus discursos Hitler cautivó su pueblo tocando la fibra del orgullo alemán. Acusado de participar en el putch contra el presidente Hinderburg, fue condenado a prisión, donde escribió un famoso libro: Mi Lucha. Acusa a “la judería internacional” de causar el desastre financiero de su país; explica lo que él creía era la superioridad racial de Alemania, la raza aria; justifica el inminente expansionismo geográfico; expone la espartana formación del partido nazi, y la grandeza del pueblo alemán. Hitler creía que el nazismo dominaría el mundo mil años.
Europa confiaba que la Sociedad de Naciones podría controlar el rearme alemán, que acelera su crecimiento desde 1933, cuando Hitler es electo canciller. En seis años, —1933-1939— la maquinara de guerra alemana creció, entretanto Hitler eliminaba toda oposición interna, silenciaba medios de comunicación adversarios, y construía el eje Roma-Berlín. Tokio entraría en la guerra hasta diciembre de 1941. Europa y sus líderes no dimensionaron el horror que se avecinaba.
Inglaterra, Estados Unidos (EE. UU.), Francia y otros países veían impasibles que la paridad en armamentos entre Europa y Alemania, estaba siendo rebasada por esta. Hitler anexó Austria en marzo de 1938; seguidamente tomó los sudetes checoslovacos; la mitad de Polonia, país del que reclamaba —conjuntamente con la URSS—, una salida al Atlántico.
La Guerra explotó el 1 de septiembre de 1939; Alemania sometió 16 países europeos incluyendo Francia. Entretanto el presidente Roosevelt, armaba su país y ayudaba a Inglaterra que luchaba sola contra Alemania. Miles de niños ingleses, ancianos e incapaces fueron llevados a EE. UU.; estos enviaban a Londres su arsenal sobrante de la Primera Guerra Mundial. Washington armó a Londres cediéndole cincuenta viejos destructores a cambio de un Tratado que permitía a EE. UU. permanecer en colonias inglesas. Instituyó el servicio militar obligatorio, construyó 35,000 aviones; para 1941, tenía 1.3 millones de hombres preparados.
El ataque japonés a Pearl Harbor fue vengado por EE. UU. el 18 de abril de 1942; 16 aviones B-26 volaron desde un portaaviones seiscientas millas y bombardearon cinco ciudades japonesas. Fue el “Doolittle Raid”. Los escenarios más sangrientos de lucha se dieron en las selvas del archipiélago japonés. Saipán, Leyte, Batáan, Okinawa, Guadalcanal. En Iwo Jima, Japón perdió veinte mil hombres; la batalla naval Midway viró las acciones a favor de EE. UU.
Alemania comenzó a retroceder tras su derrota en el desierto norafricano de El Alamein, junio, 1942; agotadas sus reservas de combustible, los Panzer alemanes no soportaron el ataque inglés reforzado por trescientos tanques Shemann enviados por EE. UU. En lo sucesivo Alemania comenzaría a perder la guerra.
Se estima que el conflicto causó unos cincuenta millones de muertos. Ciudades, fabricas, carreteras, puentes, infraestructura, todo fue destruido. Se estima que la reconstrucción costó un trillón de dólares. El mundo asistió estupefacto al holocausto del pueblo judío, una experiencia atroz, espantosa, sin ninguna justificación.
El 3 de abril de 1948 el presidente Truman firmó el Plan Marshall de Asistencia para los países destruidos en la guerra por doce billones de dólares que fueron distribuidos 4 años posteriores al fin del conflicto. El mundo nunca permitirá una guerra mundial así. Ha padecido suficiente.