Radiografía de un país sediento

A María Esther González la escasez de agua se le nota en los ojos: rojos y abotagados de tantas noches de desvelo. Lleva una rutina de más de cinco años en que debe esperar que el suministro llegue a los grifos en la noche o en la madrugada.

El sistema de lagunas Moyuá, Tecomapa y Las Playitas, ubicado en el kilómetro 72 de la Carretera Panamericana Norte, enfrenta las consecuencias de la drástica baja en el nivel de las aguas. LA PRENSA/ ARCHIVO

A María Esther González la escasez de agua se le nota en los ojos: rojos y abotagados de tantas noches de desvelo. Lleva una rutina de más de cinco años en que debe esperar que el suministro llegue a los grifos en la noche o en la madrugada. Ella habita en el barrio Revolución del Distrito I de Managua, donde el servicio de agua potable es tan irregular que llega pocas horas al día, usualmente de noche y en muchas ocasiones, hasta la madrugada. Entonces ella debe estar atenta al sonido del chorro de la llave abierta sobre el lavandero y correr a llenar dos barriles, baldes y panas para almacenar la dosis diaria. Si da tiempo, lava ropa acumulada, trastes y limpia la casa antes que los grifos vuelvan a quedar secos.

CONSEGUIR AGUA, UNA
LUCHA DE VARIOS AÑOS

“Es una lucha de varios años ya, que me tiene enferma”, dijo ella la última semana de abril, cuando una cisterna de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados visitó su barrio para proveerles el líquido, tras dos días de ausencia total del servicio.

Como ella, en Managua existen al menos ochenta barrios considerados como “zonas críticas” en el acceso al agua potable, por estar en zonas elevadas o con deficientes sistemas de suministros.

Las penurias en la búsqueda diaria de esa sustancia esencial en la vida, es visible en la capital y las ciudades, porque los medios de comunicación usualmente publican sus quejas, denuncias y protestas ante el deficiente servicio de suministro que provee Enacal (ENACAL). Pero en la zona rural del país, donde las lentes de los medios no suelen llegar con tanta facilidad, el problema de escasez de agua es tan grave que arriesga la vida de miles de familias.

La afectación por segundo año consecutivo del fenómeno climático de El Niño,  amenaza con secar más las fuentes de agua que abastecen a todo el país. La Prensa/ archivo
La afectación por segundo año consecutivo del fenómeno climático de El Niño, amenaza con secar más las fuentes de agua que abastecen a todo el país.
La Prensa/ archivo
EL CAMPO SUFRE DE SED

Adolfo Arístides Álvarez, miembro de la red no gubernamental de Comité de Agua Potable y Saneamiento (CAPS), explicó que en las zonas rurales del centro y occidente del país sufren miles familias que se abastecen de pozos y ríos que se han secado.

Álvarez señaló, por ejemplo, que en algunas comunidades del departamento de Chinandega, a 140 kilómetros al noroeste de Managua, se secaron tres ríos que abastecían al menos a 1,300 familias rurales; en la temporada seca que abarca de noviembre a abril.

150 Millones de dólares anuales necesita Nicaragua invertir para modernizar el sistema de extracción y protección de cuencas y fuentes hídricas, para garantizar el consumo de agua a sus 6.1 millones de habitantes.

“Ahora la gente camina largas distancias para buscar agua”, dijo Álvarez.

Según el activista comunitario, las familias rurales esperan con desesperación que caigan las lluvias de la temporada húmeda de Nicaragua, que inicia en mayo y concluye a finales de octubre.

MAL AUGURIO POR VENIR

Sin embargo, los vaticinios sobre el futuro inmediato del ambiente en Nicaragua no son halagadores.

Según las proyecciones del Centro de Predicciones Climáticas, una agencia del Servicio Nacional de Meteorología de Estados Unidos, la probabilidad de que El Niño afecte al país y la región centroamericana, aumentó de treinta por ciento en marzo a setenta por ciento en abril.

La alerta de una nueva sequía preocupó a la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), por la situación alimentaria y nutricional de la población del llamado Corredor Seco de Nicaragua, que cubre 33 de los 153 municipios del país y comprende los departamentos de León y Chinandega (noroeste), Estelí, Madriz, Matagalpa y Nueva Segovia (norte).

El temor expresado en un informe de coyuntura económica 2015, presentado en abril pasado, es que en esa zona de más de quinientos mil habitantes vuelva a disminuir el consumo y producción de alimentos por pérdidas de granos básicos y muerte de ganado debido a la sequía, como ocurrió el año pasado.

En 2014 el Gobierno tuvo que enviar alimentos, medicina y agua con carácter de urgencia a la zona, tras ser afectada por la sequía que generó el fenómeno de El Niño.

La preocupación de la Funides fue compartida con la delegación local del Banco Mundial.

Luis Constantino, representante de esa entidad financiera en Nicaragua, informó a LA PRENSA, en abril pasado, que ante esa situación, actualmente discuten con el Gobierno un plan estratégico de atención para la zona seca del país.

“Nos enfocamos en programas de manejo del agua. Estamos proponiendo una conferencia (con especialistas) para que se discutan las opciones del Corredor Seco, principalmente cómo asegurar que las alcaldías tengan agua suficiente para abastecer a la población, pero también se pueden aprovechar las oportunidades de riego para la agricultura y la ganadería”, dijo al diario local.

La mala administración del tratamiento de residuos,  históricamente en Managua, ha condenado a la laguna de Tiscapa, Nejapa y el propio Lago Xolotlán. La Prensa/ archivo
La mala administración del tratamiento de residuos, históricamente en Managua, ha condenado a la laguna de Tiscapa, Nejapa y el propio Lago Xolotlán.
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PAÍS AGOTA SUS RESERVAS DE AGUA

Ruth Selma Herrera, expresidenta ejecutiva de Enacal, dijo que la escasez de agua del país no es tanto por la carencia de fuentes, sino debido a problemas de calidad y contaminación, inversión económica y mala administración pública de los recursos. “Ha faltado inversión en el sistema de distribución y extracción y control sobre las fuentes subterráneas. En la mayoría de las ciudades hay escasez de agua, una de las principales causas es que nosotros hemos dejado de usar los ríos, lagos y lagunas como primera fuente y nos estamos gastando las fuentes subterráneas. Las fuentes subterráneas deben preservarse como reservas estratégica para el consumo humano, pero en Nicaragua desde hace muchos años estamos usando la fuente subterránea porque las superficiales, ríos, lagunas y lagos, se han contaminado o secado”.

DESPRECIO POR LO VERDE

Jaime Incer Barquero, científico nicaragüense y presidente de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible (Fundenic-SOS), dijo a LA PRENSA que la escasez de agua en el país está ligada a una negativa tradición de desprecio por el medio ambiente y actualmente, es atizada por el cambio climático que en Nicaragua se expresa con las incidencias del fenómeno de El Niño y La Niña, asociados con sequías e inundaciones, respectivamente.

Eventos climáticos ocasionados por el Niño han ocurrido en 1972, 1976-77, 1991, 1992, 1994 y 1997, 2014 y ahora en 2015.

El evento de La Niña es lo contrario: se relaciona con tormentas y huracanes tropicales que incrementan la precipitación.

En las últimas cuatro décadas, La Niña ha provocado siete potentes huracanes, inundaciones y serios daños económicos y sociales, tanto en Nicaragua como Centroamérica y el Caribe.

Tras monitorear las variaciones en los patrones del clima, Incer encontró que durante el fenómeno de El Niño las temperaturas mínimas se incrementaron 0.13 grados por década y las máximas fueron de 0.4 grados celsius.

La norma histórica de la temperatura promedio de la capital había sido, hasta 1990, entre 33 y 35 grados, pero en julio del 2014 el termómetro nacional marcó 39 grados en Managua y en abril pasado subió a 38.

Nicaragua, el país con más fuentes de agua para consumo humano en Centroamérica,  se enrrumba a la destrucción acelerada de su riqueza hídrica. Los ríos, lagos, lagunas, manantiales y demás fuentes, están siendo afectados por la deforestación de la cual no se salva ni Bosawas, la mayor reserva de biosfera del país.  La Prensa/ Archivo
Nicaragua, el país con más fuentes de agua para consumo humano en Centroamérica, se enrrumba a la destrucción acelerada de su riqueza hídrica. Los ríos, lagos, lagunas, manantiales y demás fuentes, están siendo afectados por la deforestación de la cual no se salva ni Bosawas, la mayor reserva de biosfera del país.
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PAÍS EN RIESGO CLIMÁTICO

Este coctel de clima extremo y escasez de agua, ubica a Nicaragua como el cuarto país en el mundo que ha sido más afectado por los eventos climáticos extremos entre 1994 y 2013, según el Índice de Riesgo Climático Global 2015, publicado en abril por la organización medioambiental alemana German Watch.

El Índice de Riesgo Climático indica el nivel de exposición y la vulnerabilidad de los países ante los fenómenos climáticos extremos.

El informe precisa que entre 1994 y 2013, el país sufrió la incidencia de 49 eventos climáticos, los cuales generaron pérdidas económicas por US$301 millones y 2.98 muertes por cada cien mil habitantes.

En vulnerabilidad, Nicaragua únicamente se ubica detrás de Honduras, Myanmar y Haití, en cuanto a los daños sufridos por los fenómenos climáticos extremos.

“MATAMOS LOS BOSQUES, MATAMOS EL AGUA, NOS MORIMOS TODOS”

Según Incer Barquero, la escasez de agua de hoy, tiene sus raíces en la depredación progresiva de los bosques desde 1950.

“Tradicionalmente las corrientes y fuentes de fuentes se han ido secando primero por la deforestación progresiva de las cuencas, el bosque es el principal infiltrador de agua, sin bosque no se infiltra nada, y segundo, en las circunstancias actuales, la falta de lluvias del año pasado por el fenómeno de El Niño y la posible ausencia de lluvias suficientes este año por el mismo fenómeno, va a terminar de secar lo poco que queda en la región seca de Nicaragua”, dijo Incer.

Según el científico, desde hace cuatro o cinco décadas se han venido deforestando sin control “las cuencas de los ríos, las cumbres de los cerros y las orillas y vegas de los lagos, lo cual repercute en la reducción de las fuentes subterráneas y superficiales”.

“Si matamos los bosques, matamos el agua y nos morimos todos, porque no hay desarrollo económico de ninguna manera sin agua”, observa Incer Barquero.

Con la amenaza de los cambio climáticos, estos fenómenos se van a acentuar, a criterio de Incer.

“La situación inevitablemente va empeorar, porque llevamos décadas deforestando los bosques, degradando la tierra con el aumento de la frontera agrícola y el uso de suelos de vocación forestal en pastos de ganadería y esto va afectar más a la población porque no hay manejo de cuencas adecuadas que garanticen que esto se va mejorar”, dice el experto.

Cada vez deben cavar más profundo los pozos  en las comunidades del Caribe para extraer el esencial líquido, mientras en la zona del Pacífico la sustancia es cada vez más escasa. LA PRENSA/ ARCHIVO
Cada vez deben cavar más profundo los pozos en las comunidades del Caribe para extraer el esencial líquido, mientras en la zona del Pacífico la sustancia es cada vez más escasa.
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NUEVA SEGOVIA, FUTURO SECO

El monitoreo de Fundenic-SOS en Nueva Segovia parece ratificar el mal presagio de Incer Barquero: “Ahí la situación pinta muy mal porque están despalando todo el bosque de pino de la cordillera de Jalapa y Dipilto, y es de ahí donde bajan las aguas que abastecen a los 250,000 habitantes de todo el departamento de Nueva Segovia”.

“Esa zona es el futuro desierto de Nicaragua y las principales comunidades afectadas serán Macuelizo, Dipilto, Ocotal, Mozonte, San Fernando, Santa Clara, Susucayán, El Jícaro, Quilalí y Jalapa”.

Según datos de Incer, desde 1950 el país ha perdido casi el sesenta por ciento de los bosques, por expansión de la frontera agrícola y la extracción descontrolada de madera con fines comerciales.

“Al ritmo que vamos, Bosawas y la reserva Indio Maíz van a terminar en leña. Yo no se por qué este país está enfocado en acabar su futuro, si sigue así en este ritmo, en 15 años no habrá más bosques. Y sin bosques no hay agua”, advierte.

SIN BOSQUES, SIN TIERRAS, SIN AGUA

Nicaragua cuenta con los dos lagos más grandes de Centro América, el Lago Xolotlán (1,052.9 km2) y el Lago Cocibolca (8,138.1 km2). Posee además 26 lagunas, más de 100 ríos, 4 embalses y 5 de las 19 cuencas más grandes de Centroamérica. Sin embargo, diversas fuentes señalan que la degradación de las tierras en Nicaragua, diez veces más alta de lo permisible, afecta de inmediato y a futuro las fuentes de agua. Según una exposición del Centro Internacional de Agricultura Agraria (CIAT), realizada la semana pasada en la Universidad Nacional de Agricultura de Managua, Nicaragua degrada su tierra “a un ritmo irreversible”, al convertir suelos con potencial forestal a pastizales para ganadería extensiva.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirmó el fenómeno. “En Nicaragua la degradación de los suelos anda en un 30 por ciento, en la zona de occidente llega al 35 por ciento”, dijo a los medios el facilitador de Seguridad Alimentaria de la FAO en Nicaragua, Luis Mejía.

ADIÓS BOSQUES, ADIÓS AGUA, ADIÓS VIDA…
  • En 1950, Nicaragua contaba con ocho millones de hectáreas de bosques naturales, pero en la actualidad solo cuenta con 4.3 millones de hectáreas.
  • El país pierde bosques a un ritmo de entre sesenta mil y ochenta hectáreas anuales.
  • La pérdida de bosques afecta la infiltración de agua a la fuentes subterráneas, altera los ecosistemas, ríos, lagunas y aleja la humedad necesaria para la evaporación que ayuda a crear la lluvia.
  • Según observaciones de Fundenic-SOS, producto de la deforestación, el país sufre con suelos erosionados y un subsuelo contaminado, mientras que las aguas subterráneas están sometidas al uso de agroquímicos.
  • En cuanto a las aguas superficiales, es decir, ríos, lagunas y lagos, la mayoría de ellas sufren contaminación, que hace que sus aguas no sean aptas para consumo humano, como Tiscapa, el Lago Xolotlán y otros cuerpos de agua.
Pese a ser un área protegida y con vigilancia incluso militar,  la reserva de Bosawas está siendo cada vez más afectada por el despale indiscriminado de su zona núcleo y periferia. La Prensa/ Archivo
Pese a ser un área protegida y con vigilancia incluso militar, la reserva de Bosawas está siendo cada vez más afectada por el despale indiscriminado de su zona núcleo y periferia.
La Prensa/ Archivo
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