“No tengo cola que me pisen”

De trabajar para las filas sandinistas y creer en la revolución en los años ochenta, Ruth Selma Herrera se dedicó en los noventa y la década del 2000 a defender los derechos económicos de la población desde la Red de Defensa al Consumidor.

De trabajar para las filas sandinistas y creer en la revolución en los años ochenta, Ruth Selma Herrera se dedicó en los noventa y la década del 2000 a defender los derechos económicos de la población desde la Red de Defensa al Consumidor.

Luchó contra el alza de la energía, contra el aumento de los pasajes del transporte, contra los pagos injustificados de telefonía y sobre todo tenía “las uñas bien enterradas” contra la privatización del servicio de agua. En esa lucha salió a las calles con pancartas y denuncias, en demanda de un servicio “realmente decente”.

En 2007 sorprendió a muchos al asumir como presidenta ejecutiva de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal). Ponerse en los zapatos del anterior eje de sus críticas le significó un golpe a su credibilidad de luchadora social: rápido se convirtió en el eje central de críticas y ataques por supuesta mala gestión. Los sindicatos oficialistas le hicieron la guerra y los problemas del agua no desaparecieron. Renunció en abril de 2010.

Ahora Herrera vuelve a ser crítica de las injusticias del servicio de agua potable que maneja Enacal y de los errores que se cometen en la distribución del servicio, pero a título personal, como investigadora independiente. En esta entrevista habla de los riesgos del panorama de la escasez de agua en las últimas décadas y cuenta cómo manejó su gestión, sus errores, aciertos y su relación de entonces y ahora con el Gobierno.

¿Por qué esa fijación con el problema del agua?

Todos los otros servicios ya los habían privatizado. Yo tenía las uñas enterradas en la lucha contra la privatización del agua. Era radical en eso. Yo llegué a mejorar el servicio de agua de los usuarios y a dar la batalla contra eso. Esa era mi posición, yo estaba clara. Y todo fue por un ejercicio de responsabilidad.

¿Cómo dejó Enacal cuando renunció?

Enacal quedó en una situación bastante buena. Cuando yo llegué tenía 34 millones de córdobas al mes de déficit y nosotros lo dejamos en cinco millones. Colectaba 48 millones de córdobas y nosotros la dejamos como en 110 o 120 millones al mes, es decir, el doble. La cobertura se subió, se pusieron sistemas nuevos de agua, se sensibilizó a la gente para que pagara la factura.

Entonces ¿por qué se fue?

Yo sentía que eso (pagar el agua) le caía mal al Gobierno. El Gobierno lo que quería era que yo no le cobrara a la gente, sino que dijera “este gobierno les regala el agua” y con eso iba a quebrar Enacal.

¿Cómo está Enacal ahora?

Ahora la empresa está en iguales o peores condiciones que en el 2007. Ellos regresaron los indicadores al suelo, quienes mandan son los sindicatos. En la mayoría de delegaciones departamentales han anulado la presencia de los delegados y eso ha tenido un costo, los usuarios están teniendo menos agua y el riesgo es que sigan deteriorándose los sistemas y las redes porque se cayó el ritmo de inversión.

¿Por qué pasa eso?

Eso tiene que ver con la complejidad de la empresa, es más fácil administrar la energía y las telecomunicaciones que el agua. ¿Por qué? Porque primero no tenés más de cuarenta sindicatos en esas otras empresas ni una estructura política “cazando-echados” para ver cómo logran tener influencias ahí. La mitad o más del agua que se saca de los pozos o de Asososca y que se mete a las redes no llega a los hogares, se pierde porque no hay eficiencia en las reparaciones. Todo el avance cuando yo estuve se cayó o al menos la mayoría.

¿Enacal está así, con dirigentes y sindicatos irresponsables?

Yo creo que sí. Salvo raras excepciones, es un sindicalismo irresponsable, porque vos tenés que saber que las redes de agua de Managua, por ejemplo, tienen más de setenta años y tenés que estar encima de eso. No se tiene que buscar en una institución militancia política. Hoy hay otro tipo de reconocimientos si la gente va a las rotondas o a las marchas y yo creo que con eso no se construye una buena administración pública ni en este ni en otro gobierno.

Ese tipo de motivaciones laborales iniciaron hace mucho, incluso cuando usted aún era funcionara de Enacal…

En Enacal no. Enacal era una institución en que no ibas a encontrar afiches ni propaganda partidaria. El día que yo me fui la pusieron como toro encuetado. La gente que iba a las actividades políticas era porque tenía ganas, habían sandinistas, yo metí a trabajar a gente sandinista, pero también a gente que no era sandinista.

¿Cómo era su relación con el Gobierno mientras estuvo en Enacal?

Yo nunca tuve una gran relación con el Gobierno. Mi relación era estrictamente con Daniel Ortega. Me dediqué al trabajo y me fui cuando ya no habían condiciones para seguir. Creo que aguanté demasiado tiempo y ellos me aguantaron mucho. Dije todo lo que tenía que decirles sobre Enacal, sobre las urbanizadoras, la corrupción sindical, la necesidad de invertir más, la carencia del subsidio (……).

Pero si usted tenía una relación, directa me dice, con Daniel Ortega ¿por qué no logró que le diera una respuesta?

Yo llegaba a las reuniones de gabinete y siempre hablaba de los problemas, de los retos y de lo que necesitaba Enacal, estuviera él o no. En un determinado momento sentí un cierto apoyo, pero no tanto como se necesitaba. Hubo más apoyo en el discurso. Yo creo que llegó un momento en que yo le estorbaba a este gobierno.

Y se fue para no tener conflictos…

Yo siento que ya les estorbaba, pero no me fui por eso. Me fui porque en ese año ya había ejecutado todo lo que se podía ejecutar. Ya no había más plata para proyectos y si yo me quedaba en Enacal iba a hacer el ridículo. La relación no sé si iba a ser conflictiva, yo no puedo sentir que a mí me estaban fabricando un problema que no existiera, todos los problemas ya existían, sí había un nivel de hostigamiento sindical y todo eso lo lideraba Gustavo Porras (secretario general de la Federación de Trabajadores de la Salud).

Y Gustavo Porras es apoyado ciento por ciento por el Gobierno…

Yo creo que Gustavo siempre fue mano derecha de la Rosario Murillo en todo el tema sindical. Obviamente en lo personal yo le caigo mal y yo creo que es recíproco. Pero Daniel empezó a sentirse más presionado porque yo estaba en el Gobierno y sabía que yo iba a ser un estorbo, criticando cosas que ellos no querían que yo criticara desde ese puesto. Yo percibí que no habían condiciones para seguir y renuncié.

¿Durante su gestión nunca se equivocó?

Nadie puede hacer un trabajo de esos sin cometer errores. Sí se cometieron distintos errores, pero tuve la suerte de trabajar con un equipo de lujo, que nunca lo va a tener este gobierno, era una junta directiva en pleno que discutía y se reunía, no era una junta directiva de mentira.

DOMENTRE

Usted redujo las horas extras, pero alargó la jornada laboral, ¿eso no fue un error?

A quienes se le alargaron las jornadas laborales era a los cuadros de dirección, todos los trabajadores ahí marcaban a las 8:00 de la mañana y se iban a las 5:00 y las cuadrillas trabajaban ocho horas.

¿Eran ellos quienes se quejaban de jornadas largas y que no se les pagaban horas extras?

Los que se quejaban de las jornadas de trabajo eran los dirigentes sindicales. A los trabajadores que hacían horas extras se les pagaba. Las horas extras que yo quité no fueron un error, todo lo volvería a hacer igualito. Todo eso lo dije a los medios y me dio risa cuando yo me fui de Enacal cómo le cerraron las puertas a todos. En mi gestión no había secretismo y eso era algo que tampoco le gustaba a este gobierno.

Pero hubo temas de los que no quiso dar declaraciones…

Yo tocaba casi todos los temas de hecho y me molesté en algunos casos cuando acusaron a mis hijos de usar camionetas de Enacal, que era falso. Y me molesté cuando un periodista, que no lo hizo de gratis, sino que lo hizo para hacerle favores a determinadas personas en el Gobierno, dijo que yo me había recetado una liquidación que no me correspondía. Falso también.

Ese monto era jugoso sí…

Yo cobré mis vacaciones porque no las había cobrado, cobré mi treceavo y mi salario. El financiero llegó a preguntarme incluso que si me iban a pagar cargo de confianza y yo le dije, no, ni se te ocurra. Yo no tengo cola y nadie me va a pisar una cola que no tengo. Y por eso me doy el lujo de ser como soy.

Pero ¿dio trabajo a sus familiares también, no?

Una sobrina trabajaba ahí antes de que yo llegara y desgraciadamente una hermana mía trabajaba también ahí en Recursos Humanos. Había una cantidad de Herreras ahí, pero yo nunca nombré a esa gente. Toda esa lista de Herreras y Montoyas que sacaban nunca los llevé.

¿No era una actitud contradictoria la que tenía cuando antes estuvo al otro lado de la cancha?

¿La de quién?

La suya… los despidos, un alza en la tarifa, el problema con los sindicatos…

No hubo alza, lo que se puso fue la tarifa para cobrar el saneamiento, para cubrir los gastos de mantenimiento, eso se aprobó como un decreto para asegurar que la planta funcionara.

Hubo un alza sí, se anunció entre el 7 y el 44 por ciento…

Hubo una tasa nueva y hubo un ajuste, pero fue una tasa que nunca llegó a ese 44 por ciento. Se anunció que iba a ser así, pero nunca llegó. Y probablemente haya habido un sector muy chiquito de grandes consumidores que pagaban una tarifa subsidiada y se les quitó. Y yo creo que es correcto. Yo había sido una figura de lucha social y eso me lo estaban cobrando carísimo y yo lo entendía.

¿Esa no era una contradicción: dejar de luchar en las calles para volverse una funcionaria? Y además ahora vuelve a ser crítica de donde usted estuvo parada…

Yo sé que si vos venís de la lucha social y agarrás un cargo público te tienen que tirar en una hoguera. Y sí puedo decir que desde ahí seguí fregando para que le cobraran a los pozos privados, para bajar la tarifa de energía para el agua y para que no se contaminara el manto acuífero, algo que ni la red de consumidores ni todos los grupúsculos, como el Indec, fueron capaces de respaldar. Yo sigo hablando y diciendo lo que no me parece. Vos ves a cuánta cantidad de ministros que salen a abrir la boca, como que les quitaron el cerebro y lo tiraron a un cauce. No tiene por qué haber traumas. Ah sí, fuiste funcionaria pública un tiempo ¿y?

Pero, volviendo a su gestión, usted sí despidió gente, hay personas que reclaman aún por esa causa…

Sí, yo despedí gente. Y despedí gente con causa justificada.

Las pagó tarde… ¿o no?

Puede ser que se hayan pagado tarde algunas, pero cuando yo me fui de Enacal se habían pagado todas y las que no llegaron a retirarse se depositaron en los juzgados.

Aun así, usted no logró resolver todos los problemas durante su gestión.

No.

¿Es correcto, entonces, criticar la actual?

Es que nadie puede resolver todo. Quizá uno de mis errores fue creer que se podía ir más rápido, que se podía hacer más. Ningún gobierno de este país ha apoyado a Enacal. Enacal ha sido la cenicienta de todos los gobiernos. Ninguno lo iba a lograr. No se podía hacer todo porque ya no habían recursos y no había voluntad política para hacerlo.

Pero el desabastecimiento sigue. Ni en su gestión ni en la de ahora se ha podido resolver.

En mi gestión sí se avanzó.

Pero había desabastecimiento.

Había en algunos barrios. Pero nosotros publicábamos los mapas, identificamos los tiempos en que tenían y regulamos el servicio y subimos el abastecimiento de 72 por ciento a 85. No fue el cien por ciento de la cobertura, pero yo creo que hoy estamos peor que en el 2010, hoy sí retrocedió.

¿No tiene temor de decir todas estas críticas ahora?

Yo sigo porque creo que este es un tema educativo, que lo debés hacer en el Gobierno, si tenés la oportunidad, pero también en la calle, en tu casa, en el trabajo, con tus amigos, con los medios. Yo creo que de alguna manera todos tenemos temor. Pero es otra cosa no decirlo y no ser coherente con lo que yo pienso. Me da más temor ser hipócrita con lo que yo pienso.

PLANO PERSONAL

Ruth Selma Herrera se recibió de maestra normalista en la Normal de Managua, en 1972. Trabajó como representante de la delegada de la reforma agraria en Matagalpa. Fue la secretaria del Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria (Midinra). Dirigió por muchos años la Red de Defensa de Consumidores. Actualmente trabaja como investigadora independiente. Sus principales pasatiempos son sembrar árboles, leer y escuchar música.

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