Juan Carlos Ramírez aún no terminaba de bajar del avión en Arizona, cuando ya tenía una primera dificultad para resolver contra San Diego.
Y lo hizo con éxito, porque exhibió la misma firmeza de hace tres años, cuando subió con los Filis y aniquiló a tres oponentes en un santiamén.
El domingo escapó a bases llenas con solo un out y durante 2.2 innings preservó una ventaja que al final significó su primera victoria.
Ramírez mostró el poder habitual a través de disparos de 95 y 96 millas, pero agregó un slider a 87-88, que no dio mucho chance a los Padres.
Pero, cuando la tanda de bateadores daba vuelta otra vez, la presión creció y aunque salió a flote, cedió una carrera que apretó el score.
¿Qué pasará en adelante? No lo sabemos. Cuando tuvo su experiencia con los Filis, arrancó como tromba y con el paso de los días, decayó.
Pienso que ahora la historia será diferente. Este J. C. que vemos ahora, tiene mucho poder y también fuego, pero ha aprendido a usarlo.
Las estadías en Puerto Rico con el equipo de Carolina, e incluso aquí, con el Bóer en la Final ante Rivas, han dado forma a su carácter.
De igual modo fue útil su trabajo con la Selección en México. Aprendió a absorber la presión y a trabajar sin margen para el error.
Que Ramírez lanza muy duro, eso ya lo sabíamos. Lo que seguía siendo una duda, era su estabilidad emocional. Ahora la ha conseguido.
Este muchacho ahora es imponente. Se ve más dueño del montículo que antes y ha aprendido a confiar más en sus disparos y en él mismo.
Si lo que mostró ante San Diego es su arsenal (recta y slider) su futuro está en el bullpen. Con eso hará daño, si lo usa con inteligencia.
Me alegra verlo de nuevo arriba. Este muchacho es un ejemplo de perseverancia. No muchos aguantan diez años tras una oportunidad.
Y ahora que tiene una, él está listo para aprovecharla.
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