Catorce meses después de haber asumido su segundo gobierno, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, concretó ayer su anunciado cambio de gabinete: sustituyó a nueve de sus 23 ministros, en un intento de aplacar la crisis de confianza y dar una señal de moderación en la nueva etapa de su gobierno, a la que llega con un nivel de popularidad históricamente bajo: 29 por ciento.
Bachelet anunció el 6 de mayo que solicitó la renuncia a todos sus ministros en un intento por sortear la crisis abierta tras una serie de escándalos de corrupción política, uno de los cuales tiene a su propio hijo como protagonista.
Los cambios fueron drásticos, al dejar fuera a tres de los ministros políticos más importantes (a su jefe de Gabinete, Rodrigo Peñailillo, y a los ministros de Hacienda y de Gobierno) y quienes formaban parte de su círculo más estrecho.
Es un cambio de hoja de ruta (…) no es un cambio cosmético, es uno político y como todo cambio político va implicar una reevaluación en el proceso reformista, dijo Mauricio Morales, politólogo de la Universidad Diego Portales.
INÉDITO CAMBIO
En un hecho inédito desde el retorno a la democracia tras la dictadura de Augusto Pinochet, en 1990, Bachelet resolvió cambiar a su ministro de Hacienda, Alberto Arenas, y nombrar en su reemplazo a Rodrigo Valdés, expresidente del Banco Estado.
Valdés trabajó entre 2009 y 2012 en el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que podría significar un guiño hacia los mercados. Su designación tuvo una positiva reacción de la Bolsa de Valores de Santiago que cerró con alza de 0.95 por ciento, su mayor nivel desde junio de 2013.
El nombramiento entrega señales al mundo privado de que el Gobierno va a considerar, dentro de sus lineamientos, las variables relacionadas con el crecimiento, la inversión y el empleo, indicó Hermann von Mühlenbrock, presidente del gremio del empresariado industrial. Con un crecimiento en 2014 de 1.9 por ciento, el más bajo de los últimos cinco años, la economía chilena enfrenta una tibia reactivación, con una perspectiva de crecimiento para 2015 en torno al tres por ciento.
Durante su primer año, el exministro Arenas logró sacar adelante una compleja reforma tributaria destinada a financiar la educación, que le valió un duro enfrentamiento con los gremios empresariales, donde su nombre era muy resistido.
Bachelet retiró a las ministras de Cultura y Desarrollo Social y cambió de roles a la ministra secretaria general de la Presidencia, a la de Trabajo, al de Justicia, al de Desarrollo, entre otros.
CAE “HIJO POLÍTICO”
Rodrigo Peñailillo, del Partido por la Democracia, era un símbolo de la renovación de la política chilena tras llegar al gabinete con 40 años. Considerado como el “hijo político” de Bachelet, Peñailillo cayó en desgracia tras su deficiente manejo del escándalo tras el millonario negocio de especulación inmobiliaria que concretó el hijo mayor de la mandataria, Sebastián Dávalos, y al aparecer vinculado a un sonado caso de financiamiento irregular de la actividad política.
En su reemplazo fue nombrado Jorge Burgos, exministro de Defensa demócrata cristiano, que vendría a imponer una cuota de moderación al ambicioso programa de reformas sociales prometido por Bachelet y cuya adhesión perdió apoyo entre la ciudadanía.
“Este es un golpe en el mentón a la izquierda más recalcitrante, a esa izquierda refundacional que quería cambiarlo todo. Burgos buscará acuerdos y va a promover una agenda moderada”, dijo Mauricio Morales.
“Hoy es tiempo de dar un nuevo impulso a la tarea de Gobierno, y en esta nueva fase tan exigente como inspiradora, se requiere poner renovadas energías y rostros nuevos”. Michelle Bachelet, presidenta de Chile.
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