El misterio rodea la muerte de una niña de origen nicaragüense, de 9 años, quien fue hallada la tarde del viernes 29 de mayo sobre una cama con signos de estrangulamiento, los ojos vendados y las manos atadas hacia atrás, en una finca de Copey de Dota, al sur de San José, capital de Costa Rica.
La niña Abigaíl Miranda fue encontrada sin vida después de las tres de la tarde, por un vecino que llegaba a entregar una encomienda a la madre, María Haydee Miranda, de 33 años, y Ramón Suárez Espinoza, padrastro; pero al ver que nadie atendía a la puerta del rancho construido de madera y láminas de zinc, decidió ingresar y encontró el cuerpecito con moretones, amordazado y una herida en el estómago, al parecer hecha con arma blanca.

El misterio rodea esta muerte porque Miranda, Suárez y un hermano de 11 años de la niña, no aparecen.
Vecinos de la familia como Leonardo Elizondo recordaron que la última vez que vieron con vida a la niña fue la mañana del miércoles 27 de mayo, cuando la madre la fue a dejar a la buseta que la recogía para llevarla a la escuela.
Desde ese momento no se le volvió a ver más, tampoco a sus padres y su hermano Abraham. La niña se ausentó a clases desde el jueves.
La policía y el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) maneja por testimonios de otros vecinos que Miranda compró el miércoles 27 de mayo un tiquete de autobús para regresar a Nicaragua, viaje que habrían hecho ese mismo días.
A las autoridades les urge dar con los padres, quienes laboraban como recolectores de café, para esclarecer la muerte, según el director del OIJ, Francisco Segura, quien explicó desconocer si la menor fue violada.
La policía realizó una búsqueda en esta zona cafetalera con perros adiestrados, mientras el OIJ recabó evidencias. Un teléfono celular a nombre del padre mostraba señal en un radio de 2 kilómetros alrededor de la vivienda, el cual era buscado también.
Suárez tiene una causa pendiente en la Fiscalía de Tarrazú, en la misma zona, por violación. El crimen consternó a esta zona cafetalera.
“Es sorprendente esto, muy duro. A esta chiquita yo la quería como una hija. Soy sincero y se lo digo, una cosa de estas duele mucho. Ellos son muy buenos padres, me tiene preocupado y no entiendo porqué no están, porqué no han llegado. El miércoles estuve hablando con ellos y la chiquita, iban para la escuela. Me sorprendió cuando me dieron la noticia, nunca vimos violencia, era una niña querida. Duele mucho”, declaró a la televisión local Francisco Brizuela, vecino de la familia.
