Terremoto es una película de desastre para la era de los valores familiares. En lugar de presentarnos el viejo reparto lleno de “rutilantes estrellas”, cada una describiendo un arco narrativo individual, se concentra en una familia nuclear desmembrada por una tragedia. Ray (Dwayne Johnson) fue incapaz de salvar a una de sus hijas gemelas durante un accidente acuático. Que sea un súper paramédico solo incrementa el trauma. Su exesposa, Emma (Carla Gugino) le ha enviado los papeles del divorcio, en vísperas de casarse con Daniel Riddick (Ioan Gruffud), un magnate inmobiliario. Entre ellos se encuentra Blake (Alexandra Daddario), la hija que se prepara para comenzar la universidad.
Alrededor de ellos, veremos escenas monumentales de destrucción. Un enjambre sísmico vaticina grandes movimientos telúricos a lo largo de la falla de San Andrés. El sismólogo Lawrence (Paul Giamatti) comprueba un método para predecir terremotos, minutos antes de que el primero de muchos destruya la presa Hoover, y se lleve en la balastra a su colega (Will Yun Lee). La periodista Serena (Archie Panjabi) queda encerrada en su laboratorio de la universidad CalTech. Feliz casualidad, pues le ayudará a dispersar una advertencia que salvará a miles. Creo. Mientras tanto, Ray abandona su puesto para salvar a su futura exesposa e hija. Curiosamente, la película no registra ni un momento de duda o contemplación.
Así, la película divide su atención en tres bandas: Ray y Emma, viajando desde Los Ángeles a San Francisco en pos de su hija; Blake, acompañada de un muchacho (Hugo Johnstone-Burt) que funciona como interés romántico, y su hermano menor (Art Parkinson), el alivio cómico. La “ciencia” la dispensan Lawrence y Serena, reducidos a la pura esencia de expositores sin personalidad. Lo bueno: la trama concede un giro novedoso al arquetipo de “la chica en peligro”. Blake, educada por su padre, es una especialista en sobrevivencia que salva a su galán en situaciones de peligro. Lo malo: el drama matrimonial de Ray y Emma es poco convincente. El director Brad Peyton no puede trabajar alrededor de las limitaciones expresivas de Johnson. Es un excelente hombre de acción, pero le falla la emoción.
La película hace gala de una agenda populista en clave estadounidense. En el momento más inspirador, Ray pasa al lado de una familia de sobrevivientes que reza con fervor. Segundos después, la pregunta de qué hacer ante tanta destrucción es respondida con una bandera de barras y estrellas que se despliega, sobre un puente que se resiste a caer. Más burda aún es la codificación de clase. Por supuesto que Riddick es un cobarde que solo se preocupa por su propia vida. No podría ser de otra forma. Es rico, y no debe competir en fibra moral con Ray, el legítimo esposo de Emma. Una breve aparición de su hermana (Kylie Minogue) confirma que todos los ricos merecen que les caiga una viga encima. Los ejecutivos de Warner Bros, ricos de verdad, deben estar riendo al contar los ingresos de taquilla.
Este reparto merece mejor suerte. El subgénero del “cine desastre” puede servir para explorar ideas que vayan más allá de confirmar las creencias de un grupo demográfico con la esperanza de venderle boletos. Recuerde la reciente World War Z (Marc Foster), dándole un giro globalizado al apocalipsis zombi. Era más creíble y entretenida que Terremoto . Si aún así quiere verla, asegúrese de que sea en 2D y no en 3D. La imagen es demasiado oscura y sabotea los efectos especiales. Todo parece maqueta de juguete. Como película japonesa de monstruos, pero sin el encanto y la diversión.
Ver en la versión impresa las paginas: 19
