El régimen del inconstitucional presidente Daniel Ortega se ha ensañado de la manera más vil contra el empresario Milton Arcia, a vista y paciencia de asociaciones empresariales, y de una dizque oposición que se ha convertido en conformista y prebendaria. Le han dejado solo, piensan que el mal que tiene nombre y apellido, no les llegará si se mantienen callados u obedientes.
Prefieren perder la dignidad, guardar silencio, o decir uno que otro comentario en favor de Arcia, sin que eso signifique mayor compromiso que ponga en riesgo su relación con el régimen. Mala noticia para los indiferentes, cuando la fiera se sienta amenazada también les aplicará su política terrorista, es un asunto de tiempo.
Ortega lleva nueve años en el poder en este siglo, cuatro de manera ilegal, cada año se quita un pedazo del antifaz que se puso en el 2006. Prometió trabajar por la reconciliación, habló de perdón, amor, contrajo nupcias con su compañera de vida como muestra de cambio y suplicó una segunda oportunidad para tener la opción de gobernar en paz, cuando en realidad debió estar en la cárcel pagando por los crímenes de lesa humanidad que su gobierno cometió en los ochenta, y la Piñata en el noventa, por mencionar algunos.
La oportunidad la tuvo en noviembre del 2006. Gracias al pacto con Arnoldo Alemán, Ortega ganó con un absurdo 38 por ciento de los votos. Desde entonces planificaba quedarse en el poder, ha ido hilvanando y ejecutando su proyecto totalitario que está ahogando a los nicaragüenses.
En nueve años controla los poderes del Estado, cambió la Constitución para reelegirse indefinidamente, logró mayoría en el parlamento a través del fraude en 2011, tiene mayoría en las alcaldías gracias al robo de votos que le garantizó Roberto Rivas, a cambio de mansiones, aviones y enriquecimiento desmedido, mantiene al frente del Ejército y la Policía a dos títeres prebendarios, la ayuda venezolana la maneja a su total discreción permitiéndose un enriquecimiento sin precedentes, y a sus funcionarios no les permite hablar, deben obedecer.
El panorama electoral para el 2016 no se observa alentador, vemos a “opositores” muy claros de que a como están las cosas no hay chance de ganar, algunos ya se inclinan por negociar cuotas de poder y lograr diputaciones, el circo que Ortega necesita para vender imagen de “democracia” ante el mundo.
Tener cinco años más de lo mismo ¿a dónde nos llevará? Seguramente más crímenes, represión, pobreza, silenciamiento o extinción de los pocos medios independientes que quedan, la dictadura se consolidaría con un autoritarismo similar al de Cuba, Venezuela o Corea del Norte.
Ahora nos enfrentamos a otra amenaza, el control del internet. Qué país vamos a tener en el 2021, sí el actual Gobierno de los “pobres” es el que menos invierte en educación en la región porque los estudiados no le significan negocio.
¿Qué esperamos los nicaragüenses? ¿Que el Gobierno nos siga vigilando en el barrio, la cuadra y que pronto se meta en la intimidad de los hogares? Si bien es cierto los actuales llamados líderes opositores han traicionado nuestra confianza, no podemos quedarnos en el lamento y la apatía, el combustible que alimenta al dictador. No podemos permitir que Ortega siga implementando el terrorismo de Estado contra quienes critican su gestión. Es responsabilidad nuestra poner un coto al autoritarismo, no podemos delegar nuestra responsabilidad o esperar salvadores.
¿Qué país pensamos heredar a nuestros descendientes? Nicaragua vive una dictadura y Ortega llegará hasta donde le permitamos. No se irá por las buenas porque no conoce de límites, ni respeto, toca ubicarle y hacerle ver que Nicaragua es de todos y no su finca privada que puede manejar a su gusto y antojo. Que es un empleado usurpador y no un monarca, que no gobierna nuestro destino.
Depende de nosotros vivir en libertad o bajo la bota de un bachiller de cuestionada moral y de su psicodélica consorte que desea ser presidente de Nicaragua, para imponer la nueva dinastía.
El 2016 está a la vuelta. Es momento de reflexión y decisiones, no es necesario esperar que el mal toque nuestra puerta, hoy fue Milton Arcia, mañana podemos ser cualquiera de nosotros. La solución está en nuestras manos.
La autora es periodista.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A
