La semana pasada, grupos de estudiantes de la Universidad Politécnica y la Universidad Agraria protagonizaron violentos disturbios en Managua.
No hubo muertos, heridos ni encarcelados a causa de esos bochinches, pero se impidió la libre circulación de personas y vehículos y un autobús de la Universidad Nacional de Ingeniería fue incendiado por los estudiantes revoltosos, que además dispararon morteros artesanales como acostumbran en estos casos.
Pero estos disturbios no son motivados por demandas de interés nacional, político y social. Su motivación es la disputa de dos facciones del sandinismo orteguista por el control del poder estudiantil en las universidades, incluyendo, por supuesto, el manejo de la cuota económica que le dan a las organizaciones de los estudiantes universitarios del seis por ciento del presupuesto general de la nación que se asigna a las universidades públicas y otras que son subvencionadas por el Estado.
LA PRENSA informó en su edición del viernes pasado, sobre las dos corrientes políticas del sandinismo orteguista que se disputan el poder en esas universidades. Una es “la que responde a los intereses del inconstitucional presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, a través de César Pérez, expresidente de UNEN (Unión Nacional de Estudiantes) y (la otra es) la que obedece órdenes de la vocera del Gobierno, Rosario Murillo, a través de la Juventud Sandinista 19 de Julio (JS), liderada por Bosco Castillo, ministro de la Juventud”.
Esta lucha de facciones estudiantiles orteguistas está relacionada con los preparativos de la campaña electoral que tendrá lugar el próximo año y particularmente con la decisión que deberá tomar el oficialismo, de presentar a Daniel Ortega como candidato para un cuarto período presidencial, o la candidatura de la señora Murillo que ya se está haciendo propaganda con afiches promocionales.
Agrega el informe de LA PRENSA que “el movimiento estudiantil maneja un presupuesto de más de dos millones de córdobas por Facultad y, según los estatutos de la UNEN, los directivos del gremio son los encargados de las becas alimenticias y fotocopias para los universitarios de escasos recursos, de las actividades culturales y de deportes que se realicen en las universidades (…). Solo en la Upoli, por ejemplo, la UNEN maneja un presupuesto de 5.5 millones de córdobas al año”.
Hubo una época en que los estudiantes universitarios de Nicaragua luchaban contra una dictadura, la somocista, y muchos de ellos dieron la vida por la libertad. También la universidad, como institución nacional de enseñanza superior, desde antes y después de conquistar la autonomía universitaria era un ámbito donde se cultivaba la libertad, se respetaba no solo la libertad de cátedra, sino también la libertad de expresión, de organización y de acción política.
Pero ahora en la Universidad Nacional se ultraja a quienes piensan distinto al discurso oficial, se expulsa a catedráticos independientes —como el doctor Gabriel Álvarez—, el movimiento estudiantil sirve de soporte a una dictadura, lucha por mezquinas cuotas de poder político y sus facciones se disputan el botín económico.
Este movimiento estudiantil es un vivo reflejo del penoso retroceso institucional y moral de Nicaragua.
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