El caso de Bernardo Aban Tercero ha sido motivo de publicaciones periodísticas en los últimos días en el país, después que la justicia estadounidense fijó la fecha para su ejecución en una cárcel de Texas. Pero en Posoltega, pueblo natal de este, el caso empezó a llamar la atención de sus moradores desde mayo pasado, cuando integrantes de una organización de derechos humanos que buscan evitar su ejecución, empezaron a hurgar en el poblado en busca de alguna información que pueda servir en su defensa.
Desde los templos evangélicos y una emisora local en Posoltega, hacen oraciones para que el chinandegano se salve de la muerte. La información ha llamado la atención de los pobladores que ante la falta de ingreso de los periódicos en esa localidad, hay personas que se han encargado de reproducir con fotocopias las emisiones donde ha sido publicada esa información para revenderlos.
El instituto Rubén Darío, fue uno de los sitios visitados por los extranjeros en mayo pasado, confirmó a LA PRENSA el profesor de inglés Luis Carrión, quien consideró que las diferencias en la edad del condenado, que se alega a su favor, es una probabilidad, dado que los migrantes deben alterar muchos datos con el interés de permanecer en Estados Unidos.
Los visitantes en esa ocasión buscaban notas escolares y comprobantes de la edad en que estudió Tercero en ese centro. También fueron a la escuela de primaria Ricardo Morales, recordó el docente.
Los familiares de Tercero se han abstenido de brindar declaraciones, y alegan que es para evitar manipulaciones.
26 de agosto fue la fecha fijada por el sistema de justicia estadounidense para la ejecución a Bernardo Aban Tercero, a quien le aplicarán una inyección letal.
UN MUCHACHO IMPULSIVO
El profesor Luis Carrión, recuerda a Bernardo Aban Tercero como un muchacho “impulsivo, un poquito hiperactivo”.
Manifestó que en el pueblo la gente emite comentarios sobre lo que pasa y expresan que hubiese sido bueno que lo condenaran a cadena perpetua pero no a quitarle la vida.
Carrión relaciona el hecho de que en Nicaragua a un estadounidense, que por ejemplo, “descuartizó” a una persona en el norte del país, guarda prisión pero no le dieron pena de muerte. A su criterio, el Gobierno debería interesarse por el caso del nacional “aunque sea al menos a medio pelear”.
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