Madre y maestra

Hoy 29 de junio celebramos el Día del Maestro en Nicaragua.

Hoy 29 de junio celebramos el Día del Maestro en Nicaragua.

Un buen Maestro influye en nuestra formación e ilumina nuestra vida, igualmente como un faro alumbra y guía a una nave para que no se pierda en el mar.

“Honremos hoy a nuestros maestros”.

Madre Alberta fue una maestra excepcional. Cayetana Alberta Giménez, nació en Pollença en 1837, falleció en Palma, en la isla de Mallorca, en 1922.

Situándonos en la época del siglo XIX, cuando las niñas no gozaban de tener el privilegio de la educación, Alberta tuvo la dicha de tener unos padres excepcionales.

Ellos le confirieron un tutor, joven inteligente, Francisco Civera, quien la preparó y pudo obtener el título de maestra elemental de Primera Enseñanza. Más tarde, en 1860, contraen matrimonio y juntos trabajan formando una escuela.

Alberta y Francisco tuvieron cuatro hijos. Mas el destino, que lo quiso así, en nueve años, Alberta perdió a tres de ellos y a su esposo. Le quedaba la responsabilidad de un pequeño que sostener, la de sus padres ancianos y la de su colegio. Continuaría dando clases y ganándose la vida. Sin embargo se preguntaba por qué y para qué Dios había permitido que a ella le ocurrieran esas cosas.

Siendo una mujer de talento fuera de lo común, llega a comprender que Dios la quiere en algún sitio especial.

Su buena reputación como educadora y cristiana llega a los oídos del obispo Salvá. En 1870 envía una delegación compuesta por el alcalde Manera y por Tomás Rullán, para invitarla que se hiciese cargo del Real Colegio de la Pureza de Palma, fundado en 1809, por el obispo Nadal. El colegio, que en un tiempo gozó de fama y prestigio, en esa actualidad estaba en situación precaria.

Ella encuentra esta invitación, como un llamado de Dios. Quería ayudar a la formación de las niñas, que ellas tuvieran la oportunidad de aprender, en una época en que la educación era limitada.

Aceptó y se trasladó al Colegio de la Pureza el 23 de abril de 1870, al castillo de Ca’n Clapés, situado en Palma de Mallorca.

Restablece la disciplina, endereza los estudios seleccionando métodos apropiados, mejora la economía y vuelca su corazón maternal al servicio de las niñas. Obtiene el título de Maestra Superior en Barcelona y en 1872 logra que la Diputación Provincial le confíe la primera Normal Superior Femenina Oficial de Maestras de Baleares.

Dios siempre está con ella. En 1874 se forma la primera comunidad religiosa, la Congregación de la Pureza, que fue aprobada por el obispo.

Esta mujer profesional, santa y sabia supo educar, animar, aliviar el dolor y soledad de muchas niñas y huérfanas. Ayudada de su carácter fuerte, muy aragonés, combinado con la dulzura mallorquín, mezcla esencial necesaria para culminar con la gran obra divina.

Miguel de los Santos Oliver define a madre Alberta como “suave, contemplativa y armónica”. Procedía siempre con nobleza, equilibrada, serena, hablaba con sencillez, su presencia, dice José María Javierre, “inspiraba respeto, pero infundía paz y confianza”.

Actualmente, la Congregación de la Pureza de María se extiende por tres continentes con colegios, obras sociales, y residencias universitarias. En España, en Roma y París. También hay en América (Nicaragua —León y Managua—, Colombia, Venezuela y Panamá) y cuenta con escuelas y hospitales en la República Democrática del Congo.

El legado de esta madre excepcional y valiente cada día se aumenta y reproduce. Muchos años han pasado desde su llegada al colegio y todavía se conserva en su obra educativa y en su pedagogía su propio estilo que es trasmitido de generación en generación. Ella supo transformar sus propios sufrimientos para alabar a Dios y es con ellos que supo educar y sembrar en los niños ese espíritu ejemplar de nobleza, rectitud y honestidad que ha llegado a través del océano a bañar nuestras playas nicaragüenses, inundándolas de su saber.

“El mundo sin niños causaría el efecto de un jardín sin flores/, de un cielo sin estrellas/, de una vida sin ilusiones, sin objeto y sin esperanzas”. M. Alberta.

Madre Alberta fue proclamada Venerable por el papa Juan Pablo II; Hija ilustre de Pollença; Hija Adoptiva e Ilustre de la cuidad de Palma y condecorada con la Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII.

La autora es máster en Literatura Española.

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