Los maestros y la educación

Es muy bien conocido que los maestros y la educación forman un binomio inseparable, son factores complementarios. De buenos maestros depende la buena educación, pero, a la vez, un buen sistema educativo exige y condiciona que haya magníficos educadores.

Es muy bien conocido que los maestros y la educación forman un binomio inseparable, son factores complementarios. De buenos maestros depende la buena educación, pero, a la vez, un buen sistema educativo exige y condiciona que haya magníficos educadores. De allí que, por lo general, la situación de los maestros y los problemas de la educación se planteen como una sola realidad y un mismo problema. Y por eso mismo, ayer 29 de junio que fue el Día del Maestro de Nicaragua, los diversos enfoques públicos giraron una vez más en la interacción de educadores y educación.

Sin embargo, en su condición de profesionales y como gremio, los maestros tienen una problemática específica que requiere ser planteada y resuelta —o tratar de resolverla— por separado. Y lo mismo ocurre con el proceso de transmisión de conocimientos, valores, costumbres y modos de actuar, al cual se le llama educación, que tiene también sus características y problemas específicos y diferenciados.

Precisamente porque a pesar de que son partes complementarias de un mismo proceso sin embargo tienen problemáticas propias, consideramos que debería haber un Día de la Educación del mismo modo que se celebra el Día del Maestro. Es cierto que se critica la abundancia de fechas conmemorativas y de jornadas dedicadas a los más diversos problemas, pero la verdad es que en general estas celebraciones son útiles porque permiten tomar conciencia de los problemas y concentrar la atención en la búsqueda de soluciones.

A nuestro juicio está bien que la situación de los maestros sea planteada como parte del problema general de la educación, pero también merece ser abordada por separado, porque tiene sus propias características.

Por ejemplo, en la celebración ayer del Día del Maestro lo que más saltó a la vista fue el conjunto de problemas particulares que sufren nuestros educadores, algunos de los cuales fueron destacados en la información de LA PRENSA titulada Maestros de fiesta, pero con “bozal”.

El salario de 6,400 córdobas mensuales en secundaria y de 6,000 córdobas en primaria, mientras la Canasta Básica es valorada oficialmente en 12,440 córdobas; las limitaciones a la autoridad de los maestros en el ejercicio de su función pedagógica; la promoción de alumnos que no aprueban sus materias; la intimidación del sindicato oficialista para que los maestros no protesten contra los abusos; el atropello a la dignidad profesional de los educadores al obligarlos a participar en los actos políticos del gobierno, son algunos de los muchos problemas que obligan a los maestros a descuidar la calidad de la educación, que debería estar entre sus prioridades.

Por mucho que se hable y se gasten recursos en estudios, elaboración y ejecución de planes y programas para convertir la educación en el soporte estratégico fundamental del desarrollo de Nicaragua, todo será en vano mientras en vez de prestigiar la profesión magisterial se le siga estigmatizando, rebajándola con los malos salarios, sometiéndola a la manipulación política partidista e irrespetando la libertad de conciencia y la independencia moral y política de los maestros.

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