Legado de Piazzolla

Astor Piazzolla (1921—1992) no está agotado. La minoría purista ha fragmentado la unidad sólida de un repertorio que descubrió los bordes de su estilo.

Astor Piazzolla (1921—1992) no está agotado. La minoría purista ha fragmentado la unidad sólida de un repertorio que descubrió los bordes de su estilo.

El suyo está muy lejano de ser definido como propiamente clásico, aunque las joyas de la música argentina que él acumuló lo sitúen en la pirámide de una música más nacionalista que universal.

Lo cierto es que no puede atribuirse ninguna arrogancia provinciana al autor de una herencia comprobada —gozada— de más de tres mil obras que han desfilado en los escenarios más diversos a cual más característicos

En Astor Piazzolla se materializa el concepto redondo de ser un ecléctico, un ventilador de aires nuevos, un excéntrico. Ese ha sido su espíritu aunque la crítica intransigente haya tratado de opacarlo.

Exploró el género clásico no pretendiendo ser la “quinta esencia” del mundo selectivo dependiente de la época o de la corona que le pone su majestad, sino de la realidad, reconocer como la más alta virtud la duración en el tiempo de la obra expuesta en el sentido de que clásico es lo que perdura.

El maestro ha “tanteado” esa exploración con firmeza ecléctica siendo un joven en sentido proporcional a los maestros antiguos.

Las incorporaciones han sido la de elementos no argentinos para no fijarlo en la geografía natal donde también él dibujó su paraíso sonoro: en el “jazz” (un ejemplo) para referir a un ritmo tan lejos del bandoneón con quién escribió el célebre concierto. Llegó tan lejos en su diversidad que se hizo aliado con el barroco.

El respeto coreográfico prende la luminaria del Siglo 21, un recorrido por la Suite del Ángel , por la Historia del Tango , por el Buenos Aires de la Hora Cero , rutas donde han quedado estampadas las huellas del tiempo.