Don Quijote, sin Sancho Panza

La esquizofrenia es, según expertos, la enfermedad mental más grave y degenerativa que existe, pero también la menos comprendida. Psiquiatras, enfermos y familiares arrojan luces sobre sus misterios.

La esquizofrenia es una de las enfermedades mentales menos comprendidas por la ciencia. LA PRENSA/Thinkstock.

Ante un fondo negro, personas aparecen y desaparecen. Cada una deja un mensaje y cada mensaje es un granito de arena en un océano que ignora y teme las enfermedades mentales. Una sobre otra, sus palabras van calando en el público. Quieren desmitificar el trastorno de la mente más grave, degenerativo y menos comprendido de todos: la esquizofrenia. Entre las voces resalta la del psicólogo y terapeuta Enrique Arqués, quien se aventura: “Los esquizofrénicos son como Don Quijote, pero sin Sancho Panza”.

Las voces son de personas que padecen esquizofrenia, familiares de enfermos con el trastorno, médicos psiquiatras y otros expertos, y forman parte del documental español 1% Esquizofrenia (2007). Para el doctor Roberto Aguilar, exdirector del hospital psiquiátrico de Managua, “la comparación con Don Quijote está bien lograda. Facilita una explicación coloquial del fenómeno, aunque no necesariamente técnica”.

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Donde se erguían robustos molinos de viento, el mítico personaje de Cervantes, Don Quijote, observaba temibles gigantes y los desafiaba con su lanza. Pero a diferencia de los esquizofrénicos, él estaba siempre acompañado por Sancho Panza, quien intentaba con o sin éxito hacerlo entrar en razón. En la película, dirigida por Ione Hernández y producida por Julio Medem, se subraya eso: la soledad de la persona con esquizofrenia y el hecho que solo ella sabe por lo que atraviesa.

En el plano técnico, la Organización Mundial de la Salud (OMS), describe la esquizofrenia como una distorsión del pensamiento, las percepciones, las emociones, el lenguaje, la autoconsciencia y la conducta. Quienes lo padecen suelen tener alucinaciones y delirios tales como oír voces que los demás no oyen, creer que las demás personas les leen el pensamiento o planean hacerles daño, y esto puede alterarlas y provocar que se agiten de forma extrema.

1 % de la población mundial tiene esquizofrenia, según la OMS. Es decir, unas setenta millones de personas.

EL LABERINTO DE LA MENTE

Un familiar cercano a una persona que padece esquizofrenia accedió a compartir su experiencia para esta publicación, pero optó por guardar el anonimato de ambos. Describió que en su pariente la enfermedad comenzó a manifestarse cuando tenía 19 años. Dejó de asistir a su centro académico por decisión propia y se obsesionó con lo que los demás pensaran de él, imaginando generalmente que se burlaban.

En su caso, psiquiatras lo mal diagnosticaron numerosas veces. Pensaron que se trataba de paranoia, trastorno obsesivo compulsivo y trastorno bipolar, hasta que las crisis de psicosis fueron más frecuentes y cayó el dictamen: esquizofrenia.

“Para mí fue un derrumbe. Uno crece con la idea de que los esquizofrénicos son locos violentos que deben ser amarrados, y de pronto, resulta que tu pariente lo padece y ya no sabés qué pensar”, declara la fuente.

—¿Cómo fue el cambio en esta persona?

—Cuando enfermó dejó de ver a sus amigos. Las crisis se fueron agravando. Durante el primer año todavía se podía sostener una conversación, pero luego se perdió en el laberinto de su mente… Cayó en un abismo. Dejó de leer, porque le era una tortura. Los médicos le recetaban medicamentos incorrectos en dosis equivocadas, y se disparó. Fue como ponerle gasolina de avión. Perdió la capacidad de discernir entre comportamientos socialmente aceptados y lo que mandaba su mente.

Prisionero de sus impulsos, salía a la calle de madrugada sin medir el peligro y sin importar si llevaba ropa. Con el tiempo, y ante la menor provocación —real o imaginaria—, su familiar recuerda que estallaba en agresividad. “Sometió a la familia a un estado permanente de temor y estrés”, describe.

En el filme documental, Efrén Corrales, quien padece la enfermedad, describe su vivencia como una cueva oscura en la que de súbito se prenden luces o se perciben olores. Un recodo donde es fácil aislarse del resto del mundo, si así lo desea.

“En su cabeza el mundo es otro. Vive una realidad a la cual no tenemos acceso y yo me he preguntado a veces si no será que su realidad es tan válida como la mía”, propone el familiar de la persona con el trastorno.

Quienes padecen de esquizofrenia pueden oír voces que los demás no oyen, creer que las personas les leen la mente, controlando sus pensamientos o planeando hacerles daño. LA PRENSA/Thinkstock
Quienes padecen de esquizofrenia pueden oír voces que los demás no oyen, creer que las personas les leen la mente, controlando sus pensamientos o planeando hacerles daño. LA PRENSA/Thinkstock.
TRATAMIENTO REQUIERE SUERTE

De acuerdo con el doctor Mauricio Sánchez, médico miembro de la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA por sus siglas en inglés), “la esquizofrenia es una enfermedad tan severa y poco comprendida, a pesar de los adelantos en neurociencia, que la mejoría se reduce a eliminar los síntomas que interfieren con el contacto con la realidad, y se hace a través de fármacos antipsicóticos”.

En Nicaragua estos escasean en los servicios de Salud Pública, y los servicios privados son costosos. El doctor Aguilar, con más de cuarenta años de experiencia en el campo, puntualiza que en el sector público la lista básica de antipsicóticos es reducida, “pero funcionaría si siempre hubiera existencia en los centros de servicio, lo cual no es el caso”. Y en el área privada, aunque las opciones mejoran, “los fármacos son extremadamente caros. Y es irónico, porque por lo general (quienes tienen esquizofrenia) son personas que no trabajan ni cuentan con apoyo económico de sus familias”.

Para que un esquizofrénico lleve una vida relativamente normal hay que tener suerte, cree el pariente de la persona enferma. “Tenés que encontrar al mejor de los médicos o, si creés en Dios, que te echen una manito desde allá arriba. El asunto es que a mi familiar no hemos podido hallarle la dosis”, se lamenta.

No obstante, a pesar de lo difícil que es la esquizofrenia para el enfermo y para quienes lo rodean, unas setenta millones de personas en el mundo la padecen, y existen casos donde el enfermo logra llevar una vida gratificante y significativa. Un caso famoso es el del matemático estadounidense John Forbes Nash, Premio Nobel de Economía en 1994, cuya vida está retratada por la película biográfica Una mente brillante (2001), y quien falleció recientemente a 86 años de edad debido a un accidente automovilístico.

Aparte de los medicamentos, las familias poseen un rol preponderante en el tratamiento de la esquizofrenia. Según el psiquiatra Aguilar, la reinserción social del paciente es posible si la sociedad está preparada con políticas, facilidades y recursos para su abordaje, pero ese no es el caso en Nicaragua. Sin embargo, asegura, una red familiar sólida es garantía de mejores resultados.

El documental 1%, Esquizofrenia, de 70 minutos de duración, está disponible en YouTube y es un logro hacia la mejor comprensión de esta enfermedad. LA PRENSA/Cortesía.
El documental 1% Esquizofrenia (2007), de 70 minutos de duración, está disponible en YouTube y es un logro hacia la mejor comprensión de esta enfermedad. LA PRENSA/Cortesía.
ATISBOS DE LUZ

En el documental 1% Esquizofrenia, el psiquiatra y científico español Juan José López-Ibor declara su admiración por las luchas que llevan los esquizofrénicos con su enfermedad y por cómo se sobreponen de dificultades. “Además son personas cuyas inquietudes giran alrededor del sentido de la vida, y le aportan a uno reflexiones asombrosas. La esquizofrenia es una enfermedad enormemente humana”, dice pausamente.

De acuerdo con los Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés), las personas con esquizofrenia no necesariamente permanecen en hospitales. La mayoría, de hecho, puede vivir bajo el cuido de familiares o personas cercanas, y esto hace elemental el que miembros de la familia del enfermo sepan lo máximo posible acerca del trastorno, pues ayuda a que comprendan mejor cada situación y supervisen la medicación de su ser querido. Retomando la metáfora, ayuda a que se conviertan en Sancho Panza.

“Cada día que pasa sin tener una crisis es una fiesta”, dice el familiar de la persona que sufre de esquizofrenia. Vivir tan cerca de la enfermedad, revela, le ha ayudado a comprender lo verdaderamente importante de la vida. En su caso, es el amor por su familia.

—No hay que exigirles tanto ni hay que preocuparse demasiado por el qué dirán. Yo me sigo preguntando el porqué y mi familiar también. Se pregunta a veces que por qué le tocó vivir eso, pero si te das cuenta, no hay respuesta. Y una de dos, o te desintegrás o te hacés más fuerte. Uno decide cómo quiere enfrentar la esquizofrenia.

¿QUÉ CAUSA LA ESQUIZOFRENIA?

Si bien la neurociencia está aún lejos de determinar causas específicas para tratar la enfermedad y ayudar a prevenirla, estudios han revelado datos importantes acerca de su origen.

Según el NIH, se sabe que la esquizofrenia afecta al uno por ciento de la población mundial, pero prevalece en el diez por ciento de aquellas personas que tienen un pariente de primer grado con la enfermedad. Los genes, entonces, son uno de los principales factores conocidos.

Sumado a la genética, se conoce que las personas con esquizofrenia poseen una diferente estructura y función del cerebro en comparación con quienes no tienen la enfermedad.

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