En Letra Pequeña

Los encuestadores deberían revaluar la utilidad de su trabajo en estos tiempos de sarcasmos. No es que crea que actúan de mala fe, ni que yo quiera ver otros resultados, es que aparentemente la gente ha dejado de responderles con sinceridad.

Sarcasmo

Los encuestadores deberían revaluar la utilidad de su trabajo en estos tiempos de sarcasmos. No es que crea que actúan de mala fe, ni que yo quiera ver otros resultados, es que aparentemente la gente ha dejado de responderles con sinceridad. Que una reciente encuesta diga que la mayoría de los nicaragüenses considera al Consejo Supremo Electoral como una institución con alta credibilidad es igual a decir que la mayoría de los encuestados hubiese respondido que los “ladrones son honestos” o que “los asesinos cuidan la vida” o que “los carteristas protegen nuestros bienes”. Si esas fueran las respuestas yo no dudaría que eso dijo la mayoría, pero sí desconfiaría de la seriedad de las respuestas. A los encuestadores les está faltando para leer en las respuestas el sentido de humor que ven en sus preguntas los encuestados.

Dos más dos

La credibilidad del Consejo Supremo Electoral no es un asunto de opinión o de preferencia partidaria o política, sino de hechos. Desde el 2008 este árbitro electoral no publica los resultados tal como la ley lo establece, no permite la observación electoral, cambia misteriosamente los resultados electorales de la noche a la mañana de tal forma que candidatos derrotados por los votos resultan ganadores en las cuentas oficiales, aparecen juntas receptoras con más votos que votantes y con el ciento por ciento de los votos a favor del partido gobernante, entre mil irregularidades más. Es un asunto de “dos más dos es cuatro” y de nada sirve que una mayoría opine que es “cinco”.

Al revés

O sea, el fraude ha sido completamente documentado. Todos los nicaragüenses lo saben, ya sea porque han sido víctimas, testigos o hechores del fraude. Más bien, si en este caso tan evidente la mayoría de los encuestados a lo negro le dijo blanco, los encuestadores deberían preguntarse qué les habrá querido decir esa misma mayoría cuando asegura que “confía en la Policía Nacional”, “que en Nicaragua hay democracia” o que “este gobierno va por buen camino”.

Alexis Argüello

Entre los superhéroes de mi niñez siempre estuvo Alexis Argüello. A la par de Supermán, Batman o El Llanero Solitario ahí estaba El Flaco Explosivo. Pertenezco a una generación que creció admirando con devoción a Alexis. Vimos con tristeza cuando fue usado. Primero por Somoza en un desfile hípico, luego por el Frente Sandinista guerrillero colocándole banderas rojinegras en el ring, después al Frente Sandinista como gobierno confiscándole sus propiedades, luego la Contra poniéndole uniforme militar y al final de su vida como candidato primero y como alcalde después. Tan grande fue Alexis que todos esos “usos y abusos” con su figura no minaron nunca el aprecio y la admiración que siempre tuvimos para él.

Suicidio

Yo no puedo decir que a Alexis Argüello lo mataron, que fue asesinado, el 1 de julio de 2009 porque no tengo ninguna prueba de que fue así. Solo dudas razonables. Aunque oficialmente fue un suicidio, hasta el día de hoy no se ha explicado por qué lo hizo. Lo que sí parece evidente es que, si se suicidó, lo hizo como consecuencia del “ninguneo” que sufría como alcalde de Managua y que desde días antes de su muerte venía reclamando. Alexis Argüello no era político ni administrador de nada. Solo fue una figura electoral que el Frente Sandinista usó como decoración en su campaña. Nunca estuvieron dispuestos a darle poder. Después de las experiencias de Herty Lewittes y Nicho Marenco, Daniel Ortega prefiere los “don nadie” en las alcaldías. No vaya a ser y después quieran ser presidentes.

Saña

Si el Frente Sandinista de verdad valorara al gran deportista que fue Alexis Argüello, no le habría usado como le usó con fines electoreros, convirtiéndolo prácticamente en una caricatura de alcalde, no le hubiese construido un monumento tan feo como el que le hizo “en su memoria”, ni le estaría entregando una medalla con su nombre a un boxeador que lo insultó en vida con epítetos tales como “drogadicto” o “viejito payaso” y cuyo comportamiento dentro y fuera del ring es diametralmente opuesto al que tuvo el llamado “caballero del ring”. Hasta parece que hay saña contra Alexis. Al menos deberían respetar su memoria.