Los de Arnoldo son de Daniel

En un artículo que publiqué en LA PRENSA hace quizás siete años titulado “La Chayo, Daniel y Arnoldo: problemas del lenguaje” sostuve la “tesis” de que en Nicaragua los únicos nombres —y repito: los únicos nombres— que tienen “carta única de ciudadanía” son los de “la Chayo, Daniel y Arnoldo”

En un artículo que publiqué en LA PRENSA hace quizás siete años titulado “La Chayo, Daniel y Arnoldo: problemas del lenguaje” sostuve la “tesis” de que en Nicaragua los únicos nombres —y repito: los únicos nombres— que tienen “carta única de ciudadanía” son los de “la Chayo, Daniel y Arnoldo”, porque en cualquier lugar del territorio nacional cuando se habla de “la Chayo”, aunque no se mencione su apellido, la gente piensa inmediatamente que se trata de doña Rosario Murillo de Ortega, y que lo mismo sucede con Daniel y Arnoldo, de quienes no se necesita citar sus apellidos para que todo el mundo entienda que se trata de Daniel Ortega Saavedra y Arnoldo Alemán Lacayo.

Este “fenómeno lingüístico” sigue vigente, y en Managua cobra especial relevancia porque yo oigo hablar con mucha frecuencia a los que “viven enterados de todo” de que los altos y medianos funcionarios públicos o son de “la Chayo, o son de Daniel o son de Arnoldo”. Se comenta que los de Arnoldo están muy reducidos en comparación con los de “la Chayo” y Daniel, pero se dice que Arnoldo tiene su cuotita que aunque muy pequeña no es nada despreciable.

Tratándose de importantes funcionarios de la Administración Pública todo el mundo habla de que el ministro tal es de “la Chayo” y de que tal ministro es de Daniel. Dicen, por ejemplo, que el Ministro de Energía y Minas, Salvador Mansell es de “la Chayo” y que el Asesor de la Presidencia Paul Oquist es de Daniel. Yo siempre pregunto: ¿y vos cómo sabés todo esto? Nadie me da pruebas, ni siquiera indicios serios, precisos y concordantes de que lo que me están diciendo sea cierto. Siempre me dicen que lo saben de buena fuente, incluso algunos hablan de que lo saben de “la boca del caballo”.

También se habla de los magistrados y jueces que son de Arnoldo, así como también se habla de determinados funcionarios públicos que también lo son, es decir, que también son de Arnoldo.

Como este tema realmente no lo entiendo bien, porque desconozco este curioso sistema de propiedad de que alguien sea de alguien —de que alguien sea de “la Chayo”, de Daniel o de Arnoldo— y estando de vacaciones los miembros de la peña El Bejuco, me reuní con los analistas políticos de Acoyapa para plantearles este “problema político-lingüístico”.

Después de que mis paisanos discutieron varias horas el mencionado problema, dentro del que incluyeron el estudio del caso de las Alcaldías, los analistas políticos de Acoyapa llegaron a tres conclusiones: en primer lugar, afirmaron que casi todos los alcaldes del país son de “la Chayo”; que la gente unánimemente dice que a los alcaldes corridos los corrió “la Chayo” y que nadie se ha referido a que determinado alcalde haya sido corrido por Daniel; en segundo lugar, concluyeron que efectivamente los funcionarios públicos o son de “la Chayo” o son de Daniel, y en tercer lugar, mis coterráneos llegaron a una conclusión novedosa, novedosa para mí, cuando manifestaron que los que dicen que tales funcionarios públicos son de Arnoldo están hablando impropiamente porque la realidad es que esos funcionarios no son de Arnoldo, son de Daniel, por la sencilla e inobjetable razón de que Arnoldo es de Daniel y la lógica nos dice que si Daniel es el dueño de Arnoldo todo los funcionarios de Arnoldo son de Daniel, que es el que realmente los “puso”.

En esta reunión de los analistas políticos de Acoyapa, y después de escuchar las conclusiones, intervine para reconocer mi equivocación cuando creí anteriormente que existían funcionarios que eran de Arnoldo. Los argumentos de los citados analistas fueron contundentes. Por consiguiente, ningún funcionario es de Arnoldo. Todos son de “la Chayo” o son de Daniel.

Al finalizar la reunión los analistas políticos de Acoyapa me prometieron estudiar el interesante fenómeno político de la “oposición política de la que es dueño Daniel”, y estuvieron de acuerdo en que a Arnoldo Alemán solo le quedaba su “carta única de ciudadanía”, es decir, que cuando en cualquier lugar de Nicaragua se hable de Arnoldo la gente siempre pensará en que el mentado Arnoldo es el doctor Alemán.

El autor es abogado.