El gran fracaso

Si yo les preguntara a ustedes: ¿Cuál ha sido el mayor fracaso de sus vidas? Tal vez unos tendrían problemas y dirían que no lo encuentran, porque sus vidas han sido solo un éxito. Sin embargo, hay algo en lo que todos hemos fracasado y que es la verdadera causa de todos nuestros demás fracasos.

Si yo les preguntara a ustedes: ¿Cuál ha sido el mayor fracaso de sus vidas? Tal vez unos tendrían problemas y dirían que no lo encuentran, porque sus vidas han sido solo un éxito. Sin embargo, hay algo en lo que todos hemos fracasado y que es la verdadera causa de todos nuestros demás fracasos. Algo en que han fracasado todos los hombres de todos los tiempos (excepto uno), que es el gran fracaso de la humanidad entera y el causante de que el mundo esté como está. No se extrañen cuando les diga cual es, porque la palabra que voy a usar, casi nadie la entiende. Ha perdido su sentido verdadero. El fracaso más grande de la humanidad y el de cada uno de nosotros ha sido el pecado.

Lo van a entender cuando les explique por qué, y cuando les explique el verdadero sentido de la palabra “pecado”.

Para nosotros tenemos éxito cuando logramos ser lo que verdaderamente queríamos ser. Si yo no logro ser lo que en un momento dado decidí ser, se puede decir que he fracasado. Pero hay un fracaso mucho más grande que el no llegar a ser lo que queremos, y es el no llegar a ser lo que Dios quiere que seamos.

La razón de por qué este es un fracaso más grande, es porque el plan de Dios ha sido mucho mejor y más grande que todo lo que hayamos soñado siquiera. Finalmente, vemos en la Escritura que porque Dios lo amaba con locura, tenía para el hombre un plan perfecto, superior a todo lo que Adán hubiera podido imaginar. Y el plan de Dios era que Adán, es decir el hombre, fuera algún día como Dios; o dicho más exactamente, que el hombre fuera algún día Dios.

Luego, la Escritura contrasta este plan de Dios con lo que llamamos el pecado del hombre, que no es sino la frustración del plan de Dios.

Y es que el hombre fue diseñado para vivir en un paraíso y precisamente porque así fue hecho no puede vivir fuera del paraíso. Entonces, toda la historia del hombre no es más que la historia de una lucha en vano por tener un poco de ese paraíso perdido; todas las leyes que el hombre se inventa, las filosofías, las ideologías, los partidos políticos, las revoluciones, los cambios de estructuras, los sistemas económicos, etcétera, no son más que los intentos del hombre por reconstruir el paraíso.

Y una y otra vez, a lo largo de los siglos y milenios, fracasa. Hace millones de leyes y decretos, que en el fondo no son sino leyes para hacer cumplir los diez mandamientos y no logra cumplirlos, porque dentro de ellos hay una ley más fuerte: el pecado que nos lleva al fracaso.

Yo acabo de releer la historia universal en los veinte enormes volúmenes de Isaac Asimov, quizás el mejor historiador universal de nuestros días (ateo aunque constantemente cita a la Biblia como fuente) y quedé espantado. Desde mucho antes de la Guerra de Troya (en la prehistoria de la humanidad) hasta hoy nuestra historia no ha sido más que una imparable sucesión de guerras, todos contra todos.

No sé si ustedes se han preguntado alguna vez quien inventa las guerras y por qué. Nadie quiere las guerras. La guerra es odio, destrucción y muerte. Hasta que se llegó a la I Guerra Mundial que involucró a casi todos los países del mundo en 1914.

El autor es Coordinador de La Ciudad de Dios

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