El señor del Krav Maga

Cinco muchachos están ordenados en línea recta. Uno al lado del otro. No se inmutan. Tienen los brazos firmes y a los lados, piernas juntas y la vista al frente. Están en posición de saludo. Se inclinan hacia adelante... “Kida”, dicen al unísono. No usan kimonos ni tienen cintas de colores en la cintura.

El Krav Maga no es un arte marcial, es un sistema de defensa personal que se utiliza solo en casos de ataques. Las prácticas consisten en recrear situaciones de riesgo a las que cualquier persona se expone a diario.

Cinco muchachos están ordenados en línea recta. Uno al lado del otro. No se inmutan. Tienen los brazos firmes y a los lados, piernas juntas y la vista al frente. Están en posición de saludo. Se inclinan hacia adelante… “Kida”, dicen al unísono. No usan kimonos ni tienen cintas de colores en la cintura. No están descalzos y visten ropa deportiva: buzos y camisolas.

SE PREPARAN PARA DEFENDERSE

“Empecemos el calentamiento”, dice una voz de mando. Es la voz de Carlos Narváez, su instructor, quien desde 2010 practica y enseña Krav Maga y desde 2009 dirige la Academia de Artes Marciales de la Universidad de Ciencias Comerciales, en la cual se imparten seis disciplinas marciales: Kung-fu Chen, Kung-fu Chan, Aikido, Ju-Jut-Su, Karate, Taekwon-do y un sistema de defensa personal: Krav Maga.

El lugar es una especie de templo. Hay dos banderas colgadas: de Nicaragua y de Israel, de donde es originario Imrich Lichtenfeld, fundador del Krav Maga, cuya fotografía también adorna una de las paredes. Casi parece un santuario: hay fotografías de Bruce Lee, Buda y de varios guerreros.

Sacos de arena cuelgan de las vigas del techo, cuchillos de plástico, varas de diferentes tamaños, guantes y toda clase de objetos para entrenar. “Yo me encargué de la decoración de este lugar”, dice Carlos sonriendo con orgullo.

“Cuando el Canal 6 aún transmitía yo veía a Bruce Lee y todas esas películas chinas. Yo quería hacer eso también”, relata este instructor que alcanzó graduarse en nivel uno, el máximo de cinco niveles.

Carlos nació en 1973. Allá por 1980 empezó a asistir a clases de Karate al gimnasio Hércules, donde tuvo su primer profesor oficial; luego lo dejó y empezó a practicar baloncesto.

Cuando entró a la universidad decidió estudiar Psicología y el deporte pasó a segundo plano, pero temporalmente. Las artes marciales no eran el objetivo de su vida y una carrera profesional sugería una garantía de sobrevivencia económica. Se graduó de licenciado en Psicología.

Desde entonces ha trabajado en la Universidad de Ciencias Comerciales durante 15 años, atendiendo estudiantes como psicólogo y en el área de Recursos Humanos. Ahora paga una renta a la universidad porque la academia de artes marciales es su negocio.

“Soy primer Dan en Taekwon-do. Lo practiqué durante cinco años y también el Kung-fu por casi cinco años”, cuenta Narváez, quien en 2009 pensó que sería buena idea que en la universidad se impartieran las disciplinas deportivas de artes marciales.

Y así empezó: con las dos artes marciales que ya había estudiado. Más tarde también incluyó el Aikido, pero él no impartía clases, pues no lo practicaba y no se sentía preparado.

“Y ahí fue donde me nació la inquietud de que yo estoy manejando esto, pero no estoy enseñando nada, entonces me dio por querer enseñar defensa personal”, relata Carlos.

Así descubrió que en Managua se impartía una clase de Krav Maga que le llamó la atención por el enfoque que ofrecía: defensa personal. Nada de ataque.

Hizo el curso, pero sintió que “no aprendió nada”, entonces, investigando en internet descubrió la Federación Internacional de Krav Maga (IKMF por sus siglas en inglés), en España.

Envió su currículum marcial y fue a hacer el curso para instructores allá y descubrió que la disciplina estaba más allá de lo que había aprendido aquí. Cuando estuvo de vuelta empezó a impartir las clases y desde entonces se volvió una pasión.

“Cuando era niño mis compañeritos siempre se metían conmigo, entonces me tocó, no un par, sino varias veces, tener que hacer algo. Siempre hay un niño al que molestan en la escuela y ese era yo: era flaquito, blanquito y decían ‘con este nos desquitamos’. Me amenazaron incluso con un compás, pero tuve que defenderme: era él, el compás o yo”, rememora Carlos.

Sufrió de bullying, pero en sus tiempos no se le denominaba así y no era considerado un “problema”. “Solo te decían ‘te espero afuera’ y, ni modo, tenías que ir”, recuerda.

Carlos Narváez imparte clases de Krav Maga en la Academia de Artes Marciales de la Universidad de Ciencias Comerciales desde 2010. Los cursos están disponibles para hombres y mujeres mayores de 14 años. LA PRENSA/URIEL MOLINA
Carlos Narváez imparte clases de Krav Maga en la Academia de Artes Marciales de la Universidad de Ciencias Comerciales desde 2010. Los cursos están disponibles para hombres y mujeres mayores de 14 años. LA PRENSA/URIEL MOLINA

Esa experiencia de agresión y burla primero le enseñó la importancia de saber defenderse y luego de enseñar a los demás la técnica de defensa. Y para ello, para enseñar a defenderse a los demás, debía primero aprender las técnicas de ataque para saber cómo neutralizarlas. Y así fue que en 1998 empezó a estudiar Taekwon-do y Kung-fu por más de diez años.

Todos sus alumnos lo miran atentos. “Imaginen que alguien los ataca con un cuchillo. Están solos y sin armas”, indica Carlos, mientras llama a un muchacho para simular que es asaltado.

—¡Atacame! —le ordena.

El joven forma un puño con la mano y simula que va a atacarlo con un cuchillo por el costado. Carlos lo detiene con el antebrazo firme, mientras aleja su cuerpo lo más que puede de la mano del atacante, lo bloquea y se prepara para correr y huir.

En el Krav Maga no es necesario usar uniformes. No existen competencias. Es meramente defensa. Bien puede practicarse en un automóvil, en un parqueo, en un bus, en una habitación… porque el objetivo es recrear situaciones en las que cualquiera se expone a diario e intentar mostrar una solución ante cualquier tipo de ataque.

“Pero no es que le voy a decir a alguien ‘andá, hacé lo que te enseñé ayer’. El Krav Maga es algo que ya queda en el instinto”, explica Narváez.

Según cuenta, en una ocasión llegó un alumno a quien le recomendaron la academia. En el colegio había recibido amenazas y decidió aprender la disciplina de defensa antes de que las amenazas pasaran a la agresión.

“Una vez lo citaron en un centro comercial y le dijeron que si no llegaba, iba a correr desnudo alrededor del colegio”.

El muchacho, cuyo nombre prefiere omitir, llegó al centro comercial, intentaron atacarlo, pero logró aplicar todo lo que aprendió en las clases.

“Un día vino pálido, pálido, y yo le pregunté qué pasó y solo me decía ‘¡ayer… pasó, ayer!’, no podía ni hablar. Después me contó. Me dijo que no le preguntara cómo lo había hecho, pero hizo todo lo que yo le enseñé en la clase. La cosa es que lo dejó en el suelo. Ese muchacho no tenía miedo, tenía pavor”, recuerda Carlos.

Aquel muchacho no volvió a llegar a las clases, pero su maestro no ha vuelto a escuchar que alguien quiera meterse con él.

Princesa Cross es una alumna que asiste casi diario a las clases de Krav Maga, se graduó en Derecho y gracias a su carrera se dio cuenta de que es necesario aprender a defenderse.

“Cuando estaba estudiando Derecho me sentía segura en la vida, todos los días, hasta que me di cuenta de que la Ley no te protege, solo castiga después del hecho y me dio mucho temor eso y decidí buscar defensa personal”, afirma Cross.

Aún se siente vulnerable porque no hay manera en el mundo de impedir las agresiones, pero gracias a lo aprendido se siente más segura, pues ahora hay algo que puede hacer por ella misma en caso de agresión.

En la academia hay una clase especial para las mujeres: Stay Away. Carlos está en proceso de obtener la certificación para impartirla, pero ya tiene la autorización para hacerlo.

Todos los domingos enseña a mujeres cómo actuar ante las diferentes formas de ataque. Las mujeres llegan y cuentan sus experiencias.

Una de ellas, por ejemplo, fue atacada sexualmente y luego se convirtió en la mejor estudiante de la clase.

La técnica de defensa personal incluye Psicología. “Yo lo que les digo a mis estudiantes es que cambien la actitud y la mentalidad pasiva de decir ‘ya me pegó una vez, pero yo lo quiero, no importa si me vuelve a pegar’. No podemos comparar la fuerza del hombre con la de la mujer, pero un cambio en la actitud y la mentalidad de la víctima puede hacer que en la situación se neutralice al atacante”, explica.

—Sigan así—. ¡Vamos! —indica a sus alumnos, quienes en parejas practican la técnica que les enseñó para defenderse del ataque de un hombre con un cuchillo.

Todos están ordenados otra vez. Están agotados, sudados y con la mirada cansada. Con los brazos rojos de tanto golpear. Ubican sus brazos a los lados. Firmes de nuevo y con piernas juntas. Se inclinan. “Kida”, dicen al unísono. “Kida”, responde el instructor.

Se acabó la clase y el salón queda vacío, mientras se deja ver al fondo un cuadro de Imrich Lichtenfeld, el creador del Krav Maga, con una frase que reza: “Así, uno puede caminar en paz”.