La Venus Anadiómena

Junto con un artículo sobre los padres de crianza de Rubén Darío para ser publicado en LA PRENSA, el amigo Marvin Saballos me hizo llegar la referencia de que el gran poeta nacional de Nicaragua

Junto con un artículo sobre los padres de crianza de Rubén Darío para ser publicado en LA PRENSA, el amigo Marvin Saballos me hizo llegar la referencia de que el gran poeta nacional de Nicaragua relata en su Autobiografía, el gracioso episodio que le ocurrió cuando “por casualidad contempla desnuda a una prima en un cuarto de la casa materna y la compara con una Anadiómena, o sea una Venus saliendo del mar”.

“…y cuya hija mayor, ¡oh Eros!, un día, por sorpresa, en un aposento a donde yo entrara descuidado, me dio la ilusión de una Anadiómena…” Con estas palabras describió Darío la impresión que le causó ver el cuerpo desnudo de aquella prima que debió haber sido muy hermosa.

Venus Anadiómena no es un personaje específico en la mitología, es una imagen y un epíteto de la diosa griega que representa la hermosura femenina y el amor, la misma a la cual los griegos llamaron Afrodita.

Venus surge del mar pero nace de los genitales y del semen de Urano, representación divina del Cielo.

Urano se une a Gea, la Tierra, quien le da varios hijos. Pero Urano teme que al crecer sus vástagos lo despojen del poder celestial y por eso los mantiene encerrados en el vientre de su madre, es decir, en las entrañas de la Tierra.

El sentimiento maternal no le permite a Gea aceptar que sus hijos vivan en cautiverio y los anima a que se rebelen contra su padre. El más joven de los hijos de Urano, Cronos (llamado Saturno por los romanos), se propone para matar al padre y Gea le da una afilada hoz, especie de guadaña. Sin embargo Cronos no consigue matar al padre, únicamente alcanza a cercenarle los genitales. Hesíodo, el poeta griego contemporáneo de Homero, narra ese sangriento episodio en la Teogonía con los versos siguientes:

“Vino conduciendo la noche el gran Urano, y alrededor de Gea deseoso de amor se fue acercando, y se extendió por todas partes; y desde su escondite el hijo trató de alcanzarlo con su mano izquierda, y con la derecha tomó la enorme hoz, larga de agudos dientes, y los testículos de su padre aprisa segó, y a su vez los lanzó para que se arrastraran hacia atrás”.

La sangre derramada por Urano cae sobre la Tierra (Gea), que se embaraza y tiempo después nacen los Gigantes, las Erinias (personificaciones femeninas de la venganza) y las Melias, ninfas que habitan en los árboles de fresno.

Los genitales de Urano caen en las aguas del mar, producen una maravillosa espuma blanca y de esta emerge la hermosa y divina Venus.

Cuenta Hesíodo que al salir del mar Venus (Afrodita) se dirige a la isla de Citera (cuyo nombre se lo dio Citero, hijo de Fénix, el consejero del héroe Aquiles en la guerra de Troya) donde se estableció el centro de culto a la diosa. Después Venus va a Chipre, que hasta ahora pretende ser el lugar de nacimiento de la diosa. Por eso la diosa de la belleza y el amor es llamada, según el caso, Venus Citerea o Venus Ciprógena.

El epíteto de Venus Anadiómena, que ciertamente significa Venus nacida del mar, se creó a partir de que un antiguo pintor griego llamado Apeles, nacido en 352 y muerto en 308 antes de Jesucristo, pintó por primera vez la figura de la diosa saliendo de las espumas. Esta pintura desapareció, de ella solo se conserva la referencia literaria y los expertos suponen que un mural encontrado en las ruinas de Pompeya, es una copia de la pintura original de Apeles.

Como anécdota, cabe mencionar que a Apeles se atribuye el origen de la famosa expresión “zapatero, a tus zapatos”. Se cuenta que en una ocasión en la que Apeles se afanaba en su arte, se acercó un zapatero y le advirtió que había un error en uno de los zapatos de la figura que estaba pintando. Apeles, quien siempre estaba abierto a oír consejos, aceptó la observación y corrigió el error. Esto llenó de vanidad al zapatero del cuento quien le hizo otra observación, ahora sobre las piernas de la figura. Entonces Apeles le dijo: “El zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias”, frase que con el tiempo derivó en “zapatero, a tus zapatos”.

Después de Apeles muchos artistas pintaron a Venus saliendo del mar. Pero el cuadro más famoso y admirado de todos es El nacimiento de Venus, del italiano del Renacimiento Sandro Boticceli, el cual se exhibe hasta ahora en la Galería de los Oficios, en la ciudad de Florencia.