Neptuno y Apolo en Madrid

El amigo Erasmo Medina Borgen me envió un mensaje para sugerirme que igual que escribí sobre Cibeles, que tiene una plaza con una escultura y una fuente en Madrid, escribiera también sobre Neptuno, del que también hay un monumento en la capital española, en la Plaza Cánovas del Castillo, donde se reúnen los seguidores del Atlético de Madrid para festejar sus victorias.

El amigo Erasmo Medina Borgen me envió un mensaje para sugerirme que igual que escribí sobre Cibeles, que tiene una plaza con una escultura y una fuente en Madrid, escribiera también sobre Neptuno, del que también hay un monumento en la capital española, en la Plaza Cánovas del Castillo, donde se reúnen los seguidores del Atlético de Madrid para festejar sus victorias.

Pero después Erasmo Medina me envió un escrito suyo sobre Neptuno, que transcribo íntegramente:

“En la mitología romana Neptuno es el hijo mayor de los dioses Saturno y Ops, hermano de Júpiter y Plutón. Neptuno gobierna todas las aguas y mares. Cabalga las olas sobre caballos blancos y todos los habitantes de las aguas deben obedecerle. En la mitología griega se le conoce con el nombre de Poseidón.

Neptuno eligió el mar como morada y en sus profundidades existe un reino de castillos dorados. Con su poderoso tridente agita las olas, hace brotar fuentes (como la que está en Madrid, España) y manantiales donde quiera y su ira provoca los terribles maremotos o sunamis.

Este dios es un rey inseparable de sus corceles y por esta razón se le simboliza con un caballo. Neptuno no viste ropaje suntuoso ya que su aspecto es suficiente para demostrar su poderío.

El dios de los mares es un elemento muy peligroso e inestable y con sus emociones puede provocar terribles tormentas y tempestades a partir de olas tranquilas y pacíficas, por lo que nunca nadie intenta provocarlo sin un importante motivo que podría desembocar en fuertes y extensos huracanes.

Una característica interesante de Neptuno es que aparte de sus caballos tuvo siempre a su lado a los delfines como acompañantes. Además era el dios que sostenía el planeta en que vivimos porque el océano rodeaba la tierra y había dado forma a las costas arrancando trozos de montañas para formar los acantilados, o pasaba sus manos para dejar suaves playas y abrigadas bahías en la que los barcos encontraban refugio.

Por eso, aparte de tener a su lado sirenas traidoras, a las hermosas Nereidas y Oceánides, y los poderosos tritones, Neptuno era señor de las ninfas ondinas y náyades de los lagos, ríos y fuentes. Todos ellos eran parte de su corte y le rendían pleitesía y obediencia por ser parte del mundo acuático. Además Neptuno era inmortal y aunque no fue un amante tan apasionado como su hermano Júpiter (Zeus en la mitología griega) tuvo como su primera esposa a Anfitrite, una Nereida que le dio como hijos a los tritones que tenían rostros humanos barbados y colas como los delfines y los cabellos eran algas y agallas tras las orejas y manos que parecían caracoles.

Otras esposas de Neptuno fueron Halia, Amimone, Dunaides, Toosa, Ceres, Medusa y Clito. Me pregunto: si Neptuno no fue un amante tan apasionado como su hermano Júpiter, ¿cómo sería este último?”

Hasta aquí el interesante texto de Erasmo Medina.

Cabe agregar que en Madrid hay un tercer monumento relacionado con la mitología grecorromana. Se trata de la estatua y fuente de Apolo, también llamada Las Cuatro Estaciones porque en su pedestal están las esculturas de las representaciones mitológicas de la Primavera, Verano, Otoño e Invierno. Y en los lados del monumento de Apolo se ven los rostros de Circe (la reina hechicera que acogió a Ulises durante un tiempo cuando su largo regreso a Ítaca) y Medusa (el monstruoso ser que convertía en piedra lo que miraba), de cuyas bocas surgen chorros de agua.

En el sitio web La Mitología en Madrid, de las profesoras españolas Irene Peña Herranz y Rosa María García del Pozo, se explica que aunque la fuente con la estatua de Apolo o Las cuatro estaciones no es tan visible como las de Cibeles y Neptuno, forma parte de un mismo conjunto.

El rey Carlos III (1759-1788) quería que Madrid fuese una ciudad tan hermosa como París de Francia y San Petersburgo de Rusia, y para eso ordenó que se erigieran los tres monumentos mitológicos debidamente situados. La fuente con el monumento de Apolo o de Las Cuatro Estaciones fue inaugurado para la boda del príncipe heredero Fernando, quien reinaría después como Fernando VII.

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