La decisión de Hungría de cerrar su frontera con Serbia disparó ayer la tensión en el cruce limítrofe de Horgos. Un pequeño grupo, de entre los cientos que esperan en una “zona de nadie” entre los dos países, derribó vallas para forzar su entrada a territorio húngaro, pero la Policía los detuvo empleando gas lacrimógeno y chorros de agua a presión.
Hombres con los rostros cubiertos embestían y lanzaban piedras y botellas de plástico contra los policías mientras pedían en inglés: “¡Abran, Abran!”, en medio de las densas nubes de gas y del humo de neumáticos quemados.
“Escapamos de la guerra y la violencia y no esperábamos tal brutalidad y trato inhumano en Europa”, gritó el iraquí Amir Hassan, con los ojos rojos por el gas lacrimógeno y su ropa empapada por las ráfagas de agua a presión. “Debería darles vergüenza, húngaros”, gritó en dirección de los policías, quienes aventaban granadas de gas hacia la multitud.
A su alrededor, las mujeres gritaban y se lamentaban, con los rostros cubiertos, mientras enjuagaban con agua embotellada los ojos llorosos de sus hijos. Los menores se ahogaban con el gas; la sangre corría en el rostro de un hombre que huía de la aglomeración y el caos con un pequeño niño en brazos. Las personas se desmayaban a causa del gas, incluyendo una mujer que colapsó mientras cargaba a su bebé.
Al menos dos personas resultaron heridas de gravedad y entre 200 y 300 más recibieron atención médica por inhalación de gas lacrimógeno y cortes, golpes y quemaduras, dijo la doctora Margit Pajor, quien estuvo a cargo de los pacientes en el centro médico Kanjiza, en Serbia. La Policía húngara informó que 14 agentes sufrieron heridas y dos de ellos fueron hospitalizados.
“LEGÍTIMA DEFENSA”
Las autoridades húngaras insistieron en que actuaron en legítima defensa, alegando que los migrantes eran violentos y peligrosos. “Emplearemos todos los medios legales para proteger la seguridad de la frontera húngara”, dijo Gyorgy Bakondi, consejero de seguridad nacional del primer ministro Viktor Orban. “No permitiremos el ingreso de agresores armados y violentos”, añadió.
Más de doscientas mil personas han ingresado a Hungría este año, convirtiendo al país en uno de los principales lugares de ingreso a Europa para el creciente número de personas que huyen de la guerra y la persecución en Siria, Irak y otras naciones.
Pese a las tensiones en la frontera con Serbia, la situación en Hungría ha cambiado y las autoridades interceptaron ayer a poco más de trescientos refugiados que entraron en el país ilegalmente, mientras que en los días anteriores ese número llegó a los diez mil.
CAMINO POR CROACIA
Con su camino bloqueado por Hungría, cientos de migrantes empezaron a tomar una ruta más larga y complicada hacia Europa occidental a través de Croacia, donde unas 1,300 personas llegaron en un solo día, según las autoridades, una cifra que seguramente aumentará.
Este país y Eslovenia se han manifestado dispuestos a habilitar corredores para que los exiliados puedan cruzar sus territorios y llegar a Austria y luego a Alemania, el destino preferido de la mayoría de ellos.
El titular croata del Interior, Ranko Ostojic, estimó que unos 4,000 refugiados llegarán al país en los próximos días. “Croacia puede responder a una oleada de 1,500 personas por día”, dijo el ministro, quien precisó que, si esa cifra aumenta, podrían ponerse en marcha otros dispositivos.
ADVERTENCIA SERBIA
Péter Szijjártó, ministro de Exteriores húngaro, se comunicó con su homólogo serbio, Ivica Dacic, para que “actúen”, ya que el ataque vino de territorio serbio.
El Ministerio del Interior serbio señaló en un comunicado: “Haremos lo posible para que no haya más incidentes, pero nos gustaría que los colegas húngaros actuaran con menos agresividad hacia los inmigrantes.
Entonces sería más fácil controlar la situación”.
El primer ministro serbio, Aleksandar Vucic, condenó desde EE. UU. el “tratamiento brutal” a los migrantes y le advirtió al país vecino que no vuelva a lanzar gas lacrimógeno hacia territorio serbio.
