Volkswagen: del lado oscuro de la fuerza

El gravísimo incidente a la reputación de este gigante automotriz alemán, con certeza se seguirá estudiando por las mejores universidades del planeta en los próximos 50 años, como uno de los fiascos éticos —y legales— que registren los anales corporativos.

El gravísimo incidente a la reputación de este gigante automotriz alemán, con certeza se seguirá estudiando por las mejores universidades del planeta en los próximos 50 años, como uno de los fiascos éticos —y legales— que registren los anales corporativos.

Catapultado hacia una fama sin precedentes de fabricar los vehículos ecoeficientes de mayor respetabilidad por su supuesto cumplimiento estricto de las normas ambientales más rígidas, tanto en Europa como en EE.UU., este conglomerado que acaba de superar en vehículos fabricados al proverbial referente nipón Toyota, dejó también en evidencia que su ingeniería más refinada era en sí los dispositivos para engañar a los medidores de emisiones nocivas, arquitecturado a través de un elaborado software que se activaba para manipular y alterar los resultados de las pruebas de gases en sus motores diesel, los cuales en realidad, eran entre 10 y 40 veces el límite legal en esas geografías.

El fraude ingenieril fue descubierto durante pruebas independientes que se realizaron en la Universidad de Virginia Occidental, los cuales fueron tomados como evidencia por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. de una violación intencionada, diseñada como es de rigor, con el escrupuloso y metódico proceso de manufactura “Made in Germany” a lo largo de 13 años —entre 199 y 2004— y luego de 2007 a 2015, tan reciente que hace unas pocas semanas recibió un galardón como el más ecoeficiente de los fabricantes mundiales de automóviles.

El caso podría en nuestras geografías correr el riesgo de ser visto como algo menor o exótico, debido principalmente, por la ausencia de regulaciones ambientales o la inefectividad de las existentes, no obstante las graves implicaciones como la pérdida de cosechas por las sequías inmisericordes actuales.

Pero el escándalo alemán no termina ahí. El elaborado proceso de engaño no solamente está sirviendo como una muestra de lo que es la escasa reputación y escrúpulos de algunas empresas globales, sino que también está mostrando de cuerpo entero el manoseo y las actos obscenos que algunas empresas le hacen en privado a la mojigata Responsabilidad Social Empresarial (RSE); no lo digo yo, sino los representantes del DJSI (Dow Jones Sustainability Indices), entidad global que agrupa a las empresas más ecoeficientes y ambientalmente sostenibles, de donde Volkswagen será expulsada este 6 de octubre —en forma literal— con una sonora y pública patada en el trasero.

De igual tenor se expresó la principal vocera del Consejo para la Defensa de los Recursos Nacionales, de EE.UU., Linda Greer, quien opinó que este escándalo puede también provocar el derrumbe de algunos sistemas de certificación ambiental y sostenibilidad de empresas globales, los cuales están demostrando ser solo estopa y pose, ante la brutal evidencia del caso Volkswagen como un violador en serie de estos procesos y estándares, otrora considerados efectivos y respetables.

Han existido otras empresas que en el pasado han sido también expulsadas de ese selecto grupo de compañías sostenibles, tales como Petrobras debido a sus megaescándalos de corrupción, o bien Toshiba, el gigante electrónico, que también fue encontrado culpable de alterar registros contables para maquillar estados financieros. (¡Oh qué delicados son en otros países!, diríamos aquí).

El punto es que los referentes éticos de algunas empresas en temas de RSE pueden ser no más que intenciones, espejismos y temas sin sustancia, ya que en forma bastante singular, las mismas organizaciones son las únicas testigos de sus procesos —triviales como se demostró en este caso— que hacen que sus indicadores sean más pompa y circunstancia, ante la ausencia de un código de ética robusto y efectivo.

www.noalosaccidentes.wordpress.com

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