Prosas profanas, el modernismo por excelencia

La publicación del nuevo libro de Rubén fue costeada por su amigo Carlos Vega Belgrano, nieto del prócer argentino general Manuel Belgrano, presidente de El ateneo de Buenos Aires y director del periódico El Tiempo.

La publicación del nuevo libro de Rubén fue costeada por su amigo Carlos Vega Belgrano, nieto del prócer argentino general Manuel Belgrano, presidente de El ateneo de Buenos Aires y director del periódico El Tiempo.

Los 33 poemas de la primera edición ocupan 176 páginas, nítidamente impresas. La segunda edición apareció en París, en 1901, publicada por la librería de la Vda. de C. Bouret, con un agregado de 21 poesías distribuidas en tres nuevas secciones: Cosas del cid, Dezires, Layes y canciones, y Las ánforas de epicuro. La segunda edición lleva como introducción el estupendo estudio escrito por José Enrique Rodó, pero sin la firma del autor por una imperdonable omisión del editor, error enmendado después en la tercera edición hecha por el mismo impresor.

Pero, mientras la primera edición de Los raros se agotó en 15 días, Prosas profanas no fue un éxito editorial inmediato: los quinientos ejemplares de la primera edición tardaron años en venderse. El título del libro desconcertó a muchos, incluso a algunos críticos academizantes que lo consideraron una antífrasis inadmisible. ¿Por qué llamar prosas a una colección de poemas? ¿Capricho del autor? ¿Afán de llamar la atención? Estos comentarios hacían sonreír a Rubén, seguro de su hallazgo. En su autobiografía Rubén nos dice que quienes se escandalizaron por el título se olvidaron de las prosas latinas de la iglesia, algo que si advirtió el gran crítico uruguayo José Enrique Rodó, quien celebró el acierto de Darío.

En las palabras liminares del poemario Darío nos dio la clave del nombre “yo he dicho, en la misa rosa de mi juventud, mis antífonas, mis secuencias, mis Prosas profanas”. Pertenecen a Prosas profanas varias de las más celebradas poesías de Rubén, como Era un aire suave , Sonatina , Blasón , Margarita , Ite missa est , Coloquio de los centauros , Año Nuevo , Responso, (Verlaine) y Yo persigo una forma . No es el propósito de este artículo analizar las composiciones incluidas en este breviario modernista. Nuestro propósito es, más bien, subrayar la importancia que Prosas profanas tiene en el conjunto de la obra dariana y el impacto que provocó su aparición a principios de 1897.

Cuando apareció Prosas profanas , Rubén Darío tenía 30 años de edad. Había llegado a Buenos Aires en agosto de 1893 y, para entonces, era ya el portaestandarte indiscutible del modernismo, la nueva escuela literaria surgida en la América Hispana.

El prestigio de Rubén, después de Azul… Y de Los raros era tal que, muchas “voces insinuantes” solicitaron de él un manifiesto, que explicitara el nuevo credo literario. Rubén no lo consideró “ni fructuoso ni oportuno”. En las palabras liminares de Prosas profanas dio sus razones. Rubén esgrimió como argumento principal el siguiente: “Proclamando como proclamo, una estética acrática, la imposición de un modelo o de un código implicaría una contradicción”. Y agrega: “Mi literatura es mía en mí; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y paje o esclavo, no podrá ocultar su sello o librea”.

El desafiante título del libro, lo provocativo de sus “palabras liminares”, las numerosas innovaciones métricas y rítmicas plasmadas en sus poemas y lo exótico de la mayoría de sus temas, hicieron de Prosas profanas una verdadera piedra de escándalo. Rubén estaba perfectamente consciente de “la gritería de trescientas ocas” que iba a provocar su poemario. De eso precisamente se trataba: de lanzar el grito de la revolución literaria. Y él era el indicado para hacerlo.

Y es que Prosas profanas “es la obra señera de la lucha”, afirma el profesor Edelberto Torres; es “libro de combate”, agrega el profesor Guillermo Rothschuh Tablada, que “aspira a presentar en forma concreta las características de la nueva escuela, bajo cuyo pórtico ingresarán los mejores”. Prosas profanas es el libro modernista por excelencia de Rubén, la “primavera plena” del movimiento renovador de la lengua que a Darío le correspondió encabezar y que dio un perfil propio a las letras hispanoamericanas. Federico de Onís sostiene que Prosas profanas “señala la plena realización del arte nuevo y sobre él se dio la batalla capital de la revolución literaria que se llamó modernismo y que se extendió por todo el mundo”.

El autor es jurista y escritor.

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