Poniatowska conoció a Gabo bailando cumbia y clausuró su simposio en EE.UU.

Elena Poniatowska conoció a Gabriel García Márquez en las fiestas que Carlos Fuentes organizaba en Ciudad de México. El colombiano, que aún no había escrito "Cien años de soledad", bailaba cumbia. La mexicana hoy clausuró con un emotivo discurso el simposio en honor al nobel en Estados Unidos.

Gabriel García Márquez. LA PRENSA/Archivo

Elena Poniatowska conoció a Gabriel García Márquez en las fiestas que Carlos Fuentes organizaba en Ciudad de México. El colombiano, que aún no había escrito «Cien años de soledad», bailaba cumbia. La mexicana hoy clausuró con un emotivo discurso el simposio en honor al nobel en Estados Unidos.

La Premio Cervantes 2013 confesó que, en ese entonces -corrían los años sesenta-, «Gabo no era el centro de la fiesta», recordó que «un rayo de angustia atravesaba sus ojos», hasta que se encerró en una casa a trabajar.

De ahí salió su novela más célebre, cuyo manuscrito tuvo que enviar en dos paquetes a la Editorial Sudamericana de Buenos Aires porque no tenía dinero para mandarlo todo de golpe: Debía varios meses de alquiler y algunas compras en la carnicería.

«Cien años de soledad acabó con todo, Gabo se sentó sobre el mundo entero», dijo Poniatowska, quien se reivindica como una de sus amigas de «antes» en esa división cronológica que 1967 supuso en la vida del que sería premiado más adelante con un Nobel.

Para Poniatowska, «Cien años de soledad», dio a los lectores latinoamericanos «una aureola de radiaciones que antes solo conocían los santos de la Iglesia»: «Ningún libro de autoayuda ha logrado el cambio de hábitos ni de fe en sí mismo como esta novela», dijo.

«Si García Márquez, ese jovencito delgado y nervioso que subsistió en pensiones no hubiese tenido la urgencia de escribir para comer, no existiría Cien años de soledad», aseveró su amiga mexicana.

Poniatowska clausuró así un simposio que abrió Salman Rushdie el miércoles en la Universidad de Texas en Austin y por el que han pasado escritores académicos, periodistas, expertos, amigos y familiares para hablar sobre el nobel en la institución que adquirió hace un año su archivo personal.

En esta última jornada, periodistas reivindicaron la faceta de reportero del nobel colombiano frente a su versión literaria, por la que es mundialmente conocido gracias a sus exitosas novelas.

Jaime Abello, director de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, que el nobel fundó, contrapuso el fabuloso realismo mágico de sus novelas al «pragmatismo mágico», dijo, de su obra periodística.

Según Abello, en 1955, apenas con 28 años, García Márquez ya era «el reportero más exitoso de Colombia» y se preparaba para una carrera que lo llevaría a Europa y a Estados Unidos como corresponsal y a trabajar en Venezuela y México, a practicar un «periodismo por pasión muy orientado a la política de izquierdas» después de sus éxitos novelescos y a centrarse, finalmente, en la investigación, la ética y la enseñanza.

Uno de los hijos de García Márquez, Rodrigo, también intervino hoy en un panel dedicado a su faceta de cineasta, en la que reconoció que su padre «hubiese querido ser director de cine», aunque se tuvo que conformar con escribir algunos guiones.

«Había la posibilidad de escribir guiones y eventualmente dirigir una película, pero por suerte fracasó y tuvo que conformarse con escribir», ironizó García, él sí director, al definir como «ilusión» y «sueño» lo que su padre sentía por el cine.

Finalmente, y antes de la clausura de Poniatowska, la ministra colombiana de Cultura, Mariana Garcés, tuvo un gesto de reconciliación con la familia del nobel después de los desencuentros que tuvieron hace un año cuando la Universidad de Texas compró el archivo.

«Siempre hemos respetado, comprendido y apoyado la voluntad de su esposa Mercedes y la de sus hijos de entregar sus archivos a esta importante institución», dijo Garcés en Austin.

«Pensamos que lo que ocurre aquí es la realización póstuma de un deseo. Intuyo que Gabo quiso que el registro personal de su vida se reuniera con el de aquellos que consideraba sus maestros, o sus amigos», dijo la ministra en referencia a las otras importantes colecciones que posee la Universidad de Texas como las de Jorge Luis Borges, Virginia Woolf , William Faulkner, James Joyce o Ernest Hemingway.

La Universidad de Texas abrió la semana pasada a la investigación el archivo personal de García Márquez, que contiene numerosos manuscritos, su obra inédita, miles de cartas, 43 álbumes de fotos, libretas, documentos y objetos personales.