Las hijas de Téstor

Téstor es mencionado por Homero, en La Ilíada, como el padre de Calcas, también llamado Calcante, el adivino que acompaña a los griegos en la Guerra de Troya y desempeña un rol determinante en una serie de episodios fundamentales de aquella legendaria contienda.

Téstor es mencionado por Homero, en La Ilíada, como el padre de Calcas, también llamado Calcante, el adivino que acompaña a los griegos en la Guerra de Troya y desempeña un rol determinante en una serie de episodios fundamentales de aquella legendaria contienda.

Calcas es quien dice a Agamenón que debe sacrificar a su hija menor que todavía es una niña, Ifigenia, para que los dioses soplen viento favorable a la flota griega que debe navegar hacia Troya. Advierte también que los griegos solo podrán vencer a los troyanos si Aquiles combate a su lado. Predice que la guerra durará diez años y anticipa las desventuras que pasarán los griegos en su retorno a sus hogares. Por esto último Calcas no regresa con los griegos, se va a Colofón, en el Asia Menor, donde un adivino local profetiza la fecha de su muerte (de Calcas). Pero llega el día señalado y la profecía no se cumple, entonces Calcas ríe hasta el histerismo burlándose del adivino y muere asfixiado al no poder contener su arrebato.

Sin embargo Téstor tiene su propio mito. Él es protegido de Apolo, quien le da el poder de la clarividencia que transmite a Calcas. Téstor también es el padre de Leucipa y Teónome.

Una tarde Teónome sale a pasear por la orilla del mar y es raptada por unos piratas de Caria, que la llevan a su país y la venden al rey Icaro. Téstor va en persecución de los piratas con el propósito y la esperanza de rescatarla. Pero cuando se acerca a las playas de Caria su barco naufraga y es rescatado por los hombres de Icaro, quien lo convierte en uno más de sus esclavos.

Leucipe es todavía una niña cuando ocurren aquellos desgraciados acontecimientos. Cuando llega a la mayoría de edad quiere saber qué ha sido de su padre y hermana. Con ese fin va al templo de Apolo, en Delfos, donde la pitonisa le aconseja que se disfrace de hombre, que simule ser sacerdote de Apolo y con esa falsa identidad vaya a Caria donde podría encontrar información sobre sus parientes.

Leucipe se rapa la cabeza, se ciñe los pechos con un lienzo para ocultar su forma femenina, se viste como le ha recomendado la pitonisa y emprende viaje hacia Caria. Se presenta en la corte del rey Icaro y allí es vista por Teónome, quien no adivina que se trata de su hermana.

Teónome se enamora del supuesto sacerdote forastero y ordena que lo lleven a sus aposentos. Allí, Leucipe, temiendo que su condición de mujer sea descubierta y que la acusen de impostora y la condenen a muerte, rechaza a Teónome sin reconocer su feminidad diciéndole que su condición sacerdotal le impide tener relaciones sexuales con una mujer.

Furiosa, Teónome quiere castigar con la muerte al falso sacerdote. Pero matar a una persona que está consagrada al servicio religioso de Apolo es un sacrilegio que ella no puede cometer. Por eso ordena a sus sirvientes que busquen a uno de los esclavos extranjeros para que se haga cargo de esa tarea y que le den una filosa espada para ese efecto.

El esclavo escogido para matar al supuesto sacerdote es Téstor a quien conducen a la habitación donde el sentenciado a muerte está encerrado. Pero Téstor, al ver a quien parece ser un sacerdote de Apolo rompe en llanto y le dice que no puede matarlo y prefiere suicidarse antes que cometer tan grande sacrilegio.

Antes de hundirse la espada en el pecho, Téstor reza encomendando su alma a Apolo y en su oración menciona los nombres de sus hijas, lamentándose por la desgraciada suerte que les ha sido deparada.

La mención de su nombre y del de Teónome hace que Leucipe reconozca a su padre y —según relata Robert Graves—, quitándole la espada de las manos exclama: “¡Padre, padre! ¡Yo soy Leucipe, tu hija! ¡No vuelvas esta arma contra ti mismo!”

Padre e hija se funden en un emotivo y prolongado abrazo. Luego deciden buscar a la infame que había condenado a muerte a Leucipe. Encuentran a Teónome en su cuarto de bordar y al verla Leucipe le grita: “¡Ah, lasciva! Prepárate a morir a manos de mi padre, Téstor”. Al oír estas palabras es Teónome quien grita: “¡Padre mío!”, y así, entre llanto y frases de agradecimiento a Apolo por su bondad, se abrazan los tres compartiendo palabras cariñosas.

Se cuenta que al conocer Icaro aquella emocionante historia familiar, obsequia a Téstor y sus hijas con costosos regalos y además les da una nave para que puedan regresar a su patria.