Optar por el amor

Para un cristiano el amor a Dios y al prójimo es una opción y una decisión por creer en Jesús. El amor no es una filosofía, ni una bella teoría, ni tampoco es una ideología.

Para un cristiano el amor a Dios y al prójimo es una opción y una decisión por creer en Jesús. El amor no es una filosofía, ni una bella teoría, ni tampoco es una ideología.

El amor solo es posible “en la praxis”. El amor se lleva a cabo en las obras; es vida, se manifiesta en la acción. El amor se hace vida compartiendo con los demás lo que somos, hacemos y tenemos.

Los primeros cristianos “tenían un solo corazón y una sola alma”; y, precisamente por eso, “no había entre ellos necesitados, pues todo lo ponían en común” (Hch. 4, 32-35).

Quien dice que ama y no comparte, es un mentiroso, como quien comparte sin amor, tampoco es cristiano: “Aunque repartiese todo lo que poseo a los pobres y entregase hasta mi propio cuerpo, si no tengo amor, de nada me sirve” (1Cor. 13, 3).

Optar en la vida por el amor es optar por compartir, es fácil dar de lo que sobra; porque dar de lo que ya no queremos, eso no es amor. Dios nos dice: “Te doy este mandamiento: ‘Debes abrir tu mano a tu hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre en tu tierra’” (Dt. 15, 3-11).

Los Proverbios nos dice: “El que se burla del pobre, ofende a su Creador; el que se ríe de un desdichado, no quedará impune” (Prov. 17, 5). San Pablo, nos comparte a su vez : “Quien siembra con mezquindad, con mezquindad cosechará” (2Cor. 9, 6-8).

Es difícil compartir: Quien le teme al compartir, no ha optado en su vida por el amor. No hay bien alguno que nos deleite, si no lo compartimos. Ten presente que es “Dichoso el que piensa en el pobre y en el débil” (Sal. 41, 1). Que “El que da al pobre, no tendrá pobreza” (Prov. 28, 27). Teniendo presente “Den y se les dará” (Lc. 6, 38). Pues “Quien da un vaso de agua fresca a uno de los míos… yo les aseguro que no quedará sin recompensa” (Mt. 10, 42).

Cuando damos de nuestro pan y lo repartimos, el pan se multiplica porque, al compartir, hacemos milagros; pero cuando queremos comernos el pan solos, se nos atraganta e indigesta. Ya que: “Hay hombres generosos que aumentan sus riquezas; otros guardan sin necesidad y se empobrecen”.

Quien no sabe compartir, no sabe amar; quien no quiere compartir, no quiere amar. Todos necesitamos dar y todos necesitamos que nos den. Nadie es tan rico que nada necesite de los demás. Nadie es tan pobre que nada pueda dar ya que compartir no solo es dar pan, es también y, sobre todo, darse uno mismo.

Compartir es quitarnos de nuestra boca el pedazo de pan para que también coma el que nada tiene. Es hacer brotar la sonrisa allí donde casi no se puede sonreír, dar esperanza a aquel que está caído y cree que ya no se puede levantar, dar compañía a quien siente el dolor de la soledad y dar calor al que siente frío.

Con toda razón ha dicho el papa Francisco: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”.