Ingeniería de la creatividad

Este fue uno de los cursos que más me ha impactado durante mi segunda maestría, el cual me dio visa a un mundo sorprendente, en el cual descubrí a Genrich Altshuller (1946), un reputado inventor soviético y autor de ciencia ficción, quien desarrolló el poderoso método TRIZ, desentrañando los mecanismos internos de la creatividad aplicada a la resolución de problemas de ingeniería, y quien, al igual que Einstein, tuvo la oportunidad de analizar miles de patentes de inventos, concluyendo que existen al menos cuarenta patrones predecibles o principios inventivos (así es, escuche bien) que permiten realizar sistemáticamente, innovaciones, soluciones y mejoras exponenciales a problemas industriales.

Este fue uno de los cursos que más me ha impactado durante mi segunda maestría, el cual me dio visa a un mundo sorprendente, en el cual descubrí a Genrich Altshuller (1946), un reputado inventor soviético y autor de ciencia ficción, quien desarrolló el poderoso método TRIZ, desentrañando los mecanismos internos de la creatividad aplicada a la resolución de problemas de ingeniería, y quien, al igual que Einstein, tuvo la oportunidad de analizar miles de patentes de inventos, concluyendo que existen al menos cuarenta patrones predecibles o principios inventivos (así es, escuche bien) que permiten realizar sistemáticamente, innovaciones, soluciones y mejoras exponenciales a problemas industriales.

Hoy uno de los problemas más tenaces sigue siendo cómo empoderar al personal de las empresas para que puedan vencer el complejo de “a usted no le pago para pensar sino para obedecer órdenes”, programación mental negativa la cual sigue afectando endémicamente a las organizaciones —indistintamente del tamaño y origen— puesto que requiere un verdadero cambio cultural, despojarse de esas vendas que bloquean la visión, de que a entre más personas “se les otorgue permiso” de pensar creativamente para resolver problemas, habrá mayor éxito organizacional y crecientes utilidades económicas.

En algunos casos será hasta necesario exorcizar a algunas gerencias generales de ese demonio que les hace creerse vulnerables, ante el talento y creatividad de sus colaboradores. De eso precisamente se trata TRIZ.

No elaboraré sobre la metodología citada, ya que considero que cualquier persona competente puede “googlear” gratuitamente sus principios y encontrar no solamente decenas de libros sobre el particular, sino también diversos softwares aplicados de increíble valor, foros de discusión y miles de ejemplos de cómo este planteamiento sistemático ha llevado, mediante iteraciones sucesivas, a inventos insospechados que hoy son parte de nuestra vida diaria.

Las organizaciones actuales requieren de diversas habilidades que están disponibles en forma autodidacta, o bien, mediante capacitación técnica especializada, para salir del empirismo y la superficialidad de los pénsum académicos retrógrados con los que están siendo expuestos los jóvenes para hacerle frente a los retos organizacionales contemporáneos.

Se debe abandonar el paradigma de preparar personas con habilidades que corresponden a una realidad de hace treinta años. Se debe emanciparlos mentalmente para una era en donde la búsqueda de soluciones creativas a problemas coyunturales en diversos campos, y principalmente, el reto existencial de efectuar emprendimientos rompe-esquemas en organizaciones start-ups propias, como modelo dominante.

El problema es complejo, no por el desconocimiento de su solución, sino por los numerosos intereses creados en el negociado de la educación. La deformación universitaria no quiere salir de un modelo de vaca lechera-ordeñador, en donde la víctima, perdón, el estudiante, es transitado por áridos contenidos académicos que le consumen tiempo valioso y alternativamente productivo, exprimiéndole económicamente, dándole como resultado una formación de débiles posibilidades, de nulo impacto innovador ante los retos del país y las nuevas realidades globales.

Cualquiera que pueda atender un curso universitario en Coursera, se podrá dar cuenta con marcado estupor que debe despertar a una nueva realidad, en donde atender presencialmente a una universidad local tiene un elevadísimo costo de oportunidad personal, puesto que comparativamente hablando, la formación profesional del más alto nivel académico que hoy puede conseguirse en línea, lo hace prescindir de cualquier recinto o lugar, aprovechando el tiempo liberado para hacer emprendimientos productivos propios.

La esencia de la formación en resolución de problemas —que es en última instancia por lo que le pagan a un colaborador en una empresa— debe desarrollarse y potenciarse al máximo, tanto organizacional como individualmente.
Es hora de despertar, el paradigma ha cambiado, no hay tiempo que perder.

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