Es común repetir la frase, “somos el segundo país más pobre de América Latina” para el caso de Nicaragua, lo cual no es ajustado a la realidad, pero en la exposición mediática cuando algo se pone de moda todos los repetimos muchas veces sin ponernos a meditar al respecto, “donde va Vicente, ahí la va la gente”.
Por lo general, los mensajes de este tipo son encubiertos, pero verdaderamente son señalamientos antisistema, para sembrar desánimo, tratando de indicar que el sistema de partidos políticos tradicionales ha sido un fracaso y que la obra del liberalismo y sus más de setenta años en el poder en el último siglo ha corrido igual suerte, que la vida republicana de Nicaragua es un lastre. Nicaragua no es el segundo país más pobre de Latinoamérica, y no es gracia a Daniel Ortega, sino a pesar de Ortega.
Cuba y Venezuela, con sus fracasos estatistas llevan una vida paupérrima, peor aún que la vida en Haití, y ya no digamos de la vida nicaragüense que bajo este sistema de producción neoliberal y empresarial, en la calle se rebusca y encuentra el dinero en la demanda diaria y libre de bienes y servicios. Los mismos haitianos teniendo la posibilidad de emigrar no lo hacen de forma masiva como los cubanos.
Los indicadores del nivel de vida presentados por el estado cubano son cifras manipuladas, y aun así no les cuadran para ser declarados país desarrollado, pero el romanticismo izquierdista así lo declara, todos sabemos el nivel paupérrimo de su economía. Además, ellos han vivido más de medio siglo bajo la opresión comunista, el sistema de Castro que llegó a prohibir hasta el libre pensamiento individual.
Por otro lado, la mayoría de veces los que se refieren a América Latina lo hacen bajo la premisa de que este continente es el más pobre del globo, por lo general, analistas y politólogos de izquierda, anti clericales, empecinados en demostrar que el atraso de Latinoamérica es el producto de la conquista española, católica y monárquica, siendo todo lo contrario. El continente perdido no somos nosotros, es África y sus hambrunas, sus vecinos de medio oriente, que viven en estado de guerra cruel y permanente, Eurasia y el efecto del islamismo radical, la “yihad”, que no respeta ningún tipo de derechos humanos y mucho menos lo de las mujeres.
Hispanoamérica es una parte muy importante de la civilización occidental, los vecinos y aliados físicamente más cercanos a la democracia liberal estadounidense y sus valores de libertad. Nuestra propuesta liberal, la economía de mercado, el emprendedurismo, la innovación tecnológica y la inversión de capitales nacionales y extranjeros han reducido drásticamente las brechas entre ricos y pobres en nuestro continente, y no es gracias al socialismo del siglo 21, sino a pesar de ello, ya que, a pesar de la retórica ningún otro país de la esfera latina ha abrazado la economía estatista, llámese comunismo o socialismo, como Venezuela o el remanente cubano.
La pobreza no es solo material, existe la pobreza moral, espiritual o emocional y estos pueblo subyugados por el totalitarismo político y religioso son muestra de ello. El autor es Abogado y Notario Público. Con Maestría en Derecho de Empresas.
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