Es común escuchar con relación a ciertos hechos o acontecimientos, la expresión: ¡Peor es nada!, como respuesta a cuestionamientos que se hacen sobre determinada obra realizada por el Gobierno de turno o sobre actuaciones en el mundo empresarial, deportivo, social o cultural, etc.
Cuando decimos: ¡Peor es nada! estamos aceptando que aunque no se consiguió el objetivo deseado, sí se logró una parte del mismo, pese a que las condiciones para conseguirlo todo y con la mejor calidad estuvieran dadas.
Al escuchar o leer los noticieros de los medios informativos que están en manos de la familia gobernante, nos percatamos del uso excesivo que hacen de un lenguaje vulgar, chapucero y ofensivo a la dignidad de las personas. La política informativa del régimen además es mentirosa, tenemos muchos ejemplos al respecto: la versión que dieron sobre el célebre “meteorito”; sobre las causas de los recientes sucesos de Mina El Limón; la refinería “El Supremo Sueño de Bolívar”; la construcción de una fábrica de aluminio; el satélite chino de Wang Jing; la versión que dio el Gobierno sobre el destino del dinero donado por Taiwán para la construcción del estadio de beisbol, etc.
El caso más relevante es el del famoso Canal, sobre el cual han dicho tantas mentiras que ni ellos mismos se las creen. La única verdad es que pretenden despojar de sus tierras a miles de campesinos que viven en la supuesta ruta del mismo.
Los más de cien árboles de hierro conocidos como arbolatas que la señora cogobernante de facto ha mandado a instalar por toda Managua, y que nos cuestan millones de dólares, no solo son expresión de un pésimo gusto estético, sino que se convierten en verdaderos calderos para incrementar los efectos del inclemente sol que cae sobre la capital y serán un real peligro para la vida y bienes de la gente a la hora de un terremoto.
El régimen está cultivando lo que podríamos llamar una cultura de la mediocridad haciendo esfuerzos permanentes para que aceptemos como normales y hasta relevantes estos y otros hechos.
Cuando se le argumenta a personeros del Gobierno de Ortega, que tenemos la energía más cara de Centroamérica, a pesar de que podría ser la más baja, se tiende a responder: ¡Peor es nada, antes sufríamos apagones! encubriendo de esta manera el desvío de los fondos provenientes de la cooperación petrolera venezolana y las millonarias ganancias que le quedan a la familia en el poder por la generación y distribución de la energía. Igual ocurre con los altos precios de los combustibles, que al bajar algunos centavos la gente con resignación dice: ¡Peor es nada! a sabiendas de que Nicaragua recibe el petróleo de Venezuela en términos concesionales extraordinariamente favorables.
Otro ejemplo a señalar es el de los buses donados por la Federación Rusa para el transporte urbano de Managua, los cuales fueron vendidos por el Gobierno a los transportistas y cuyas unidades no están acordes al clima tropical y a las malas calles de la capital, sufriendo continuamente desperfectos. Al hacer estos señalamientos, es común escuchar la expresión: ¡Peor es nada, antes teníamos los buses amarillos!
Cuando se cuestiona la pésima ubicación y diseño del flamante Estadio Nacional de Futbol, del cual no sabemos a cuánto ascendió el costo real de las etapas hasta hoy construidas, ya que su principal gestor se encuentra retenido en Suiza, acusado por el gobierno norteamericano de lavado de dinero y otros delitos, algunos dicen: ¡Peor es nada, al menos tenemos un estadio que antes no teníamos!
Ante los reclamos de la ciudadanía por el creciente aumento de la delincuencia, el gobierno de Ortega y los jefes policiales señalan que “seguimos siendo el país más seguro de Centroamérica” si nos comparamos con los países del Triángulo del Norte; aunque sea evidente la multiplicación de los hechos delictivos en los cuales muchas veces participan miembros y hasta unidades de la Policía Nacional. Bueno, pero —a manera de consuelo— decimos: ¡Peor es nada, seguimos teniendo menos hechos delictivos que Honduras, El Salvador y Guatemala!
Cuando se cuestiona al Gobierno sobre las arriesgadas y malas condiciones de trabajo de los obreros de las empresas mineras y sobre los bajos impuestos que estas transnacionales pagan, así como el grave daño causado a la salud de estos obreros y al medioambiente por tal explotación, se trata de justificar esas afectaciones señalando que dichas empresas generan empleos, aunque estos sean mínimos con relación al daño causado, pero ¡Peor es nada!
Estos ejemplos son reflejo de un sistema donde impera la irresponsabilidad, la incompetencia, el autoritarismo, el tráfico de influencias, las coimas o sobornos, la falta de fiscalización por parte de los órganos e instituciones del Estado y su subordinación al gobierno de Ortega.
Todo esto en su conjunto va conformando esa cultura de la mediocridad; de la cual tendremos que escapar si queremos aspirar a tener una Nicaragua distinta, con verdadero estado de derecho, desarrollo económico, justicia social y una sólida institucionalidad democrática.
El pueblo de Nicaragua que se caracteriza por ser un luchador a favor de la causa de la libertad y la justicia, más temprano que tarde logrará sacudirse esta desgracia y construirá una Nicaragua linda y próspera como la soñó Sandino. El autor es general retirado y diputado nicaragüense al Parlacen.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A