“El café es parte de mi vida”

Mientras estudiaba en la Escuela Nacional de Agricultura uno de sus profesores le despertó el interés por el café. En ese momento no imaginó que esa curiosidad se convertiría en una pasión que lo atraparía por el resto de su vida. Desde entonces han pasado 47 años y José Ángel Buitrago sigue inmerso en el […]

“Diría que el café es parte de mi vida, tanto como mi esposa, mis hijos y mis nietos, es parte tan importante que considero que sin el café no tendría sentido mi vida, es más no sé que sería mi vida sin el café, hasta en el jardín tengo árboles de café”. José Ángel Buitrago, presidente de Excan. FOTOS: LA PRENSA/ M. ESQUIVEL

Mientras estudiaba en la Escuela Nacional de Agricultura uno de sus profesores le despertó el interés por el café. En ese momento no imaginó que esa curiosidad se convertiría en una pasión que lo atraparía por el resto de su vida. Desde entonces han pasado 47 años y José Ángel Buitrago sigue inmerso en el mundo del café aunque no es adicto a él, no toma más de una taza al día ya que más que tomarlo prefiere disfrutarlo.

Es graduado de ingeniería agrónoma y de economía; siendo empleado del Banco Central de Nicaragua (BCN) cursó una maestría en economía agrícola en Inglaterra, donde estableció sus primeros contactos con la Organización Internacional del Café (OIC) y entró a la que considera la pequeña familia mundial del café. Su núcleo familiar lo integran su esposa desde hace 44 años, Margarita Vannini, sus cinco hijos (Sergio, Fabio, Francisco, Gabriela y Javier) y cuatro nietos.

Desde 1968 Buitrago ha ocupado distintos espacios públicos y privados para promover la imagen del café nicaragüense y centroamericano en el mercado internacional y el mejoramiento de su producción. Desde inicios de los setenta trabajó en el Departamento de Estudios Económicos del BCN. A raíz del triunfo de la revolución asumió la dirección de la Empresa Nicaragüense del Café (Encafe), luego como viceministerio de cooperación externa asumió también la dirección de la Comisión Nacional del Café (Concafe). En 1990 concluyó su etapa de funcionario público e inició una larga trayectoria en el sector privado.

Hoy es presidente de la Asociación de Exportadores de Café de Nicaragua (Excan), dirigente de la Organización de Exportadores de Café de Centroamérica y dueño de un laboratorio de control de calidad en el que se analizan principalmente las muestras del café que compra la multinacional Dunkin’ Donuts, empresa que Buitrago representa en Nicaragua, Honduras y Costa Rica desde hace diez años.

También es miembro del Consejo Nacional del Café (Conacafe) y de la Comisión Nacional de Transformación y Desarrollo de la Caficultura (Conatradec). Por sus múltiples aportes al sector este año fue galardonado por la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua (APEN) durante la celebración del Día del Empresario.

En medio de sus múltiples ocupaciones se da tiempo para disfrutar de sus pasatiempos. “Todas las mañanas oigo música, me encantan todos los clásicos Bach, Mozart, Beethoven, Tchaikovsky”, relata Buitrago, quien también tiene como pasión la fotografía.

¿Cómo distribuye el tiempo para cumplir con tantos compromisos familiares y laborales?

Hago muchas cosas, también soy miembro de la directiva y accionista de Bagsa (Bolsa Agropecuaria de Nicaragua) y directivo de APEN (Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua), pero para mí la fórmula y el secreto de todo está en lo que hago al principio del día, en ir a misa. Desde 1996 coordino un coro en la Iglesia San Agustín de Altamira y todos los días toco la misa de las 7:00 de la mañana, eso me da una paz increíble y la capacidad para ordenar y planificar mi día.

Y en el laboratorio cuando voy a salir le digo a Miguel (su ayudante) voy fuera, cualquier cosa llamame si ocurre algo y si es necesario voy, pero en realidad nunca ha sido problema estar en tantas cosas. Incluso, antes hacía más pero he ido abandonando algunas, estuve dando asesorías y haciendo consultorías en varias fincas de café en Matagalpa y tenía que ir allá una vez a la semana; di clases en la universidad y estuve en el consejo parroquial de la Iglesia San Agustín y andaba haciendo otro montón de cosas.

En estos 47 años ¿Cuál considera que ha sido su principal aporte al sector?

Creo que he dejado huellas. Por ejemplo, me acuerdo de la comercialización del café durante los años ochenta que era bien difícil vender porque era un país que no se sabía que pasaría y era tratar de convencer al mercado. Cuando era director del Encafe tenía que convencer a los compradores, fue un hecho que me llevó incluso a atreverme decirles: el café de Nicaragua es tan bueno como el de Colombia, los reto a que dejen de utilizar el de Colombia por un momento y usen el de Nicaragua, con la única diferencia que el de Colombia vale dos veces más que el de Nicaragua y van a tener el mismo resultado. Me tocaba andar con el café en Europa pidiendo que lo probaran y la gente escuchó y comenzó a comprar y eso fue importantísimo… En ese momento se vendían entre 1.20 y 1.50 millones de quintales en cada cosecha.

Luego pasé a ser presidente de Excan —que es una de las funciones que sigo desempeñando— y también de la Organización de Exportadores de Café de Centroamérica y en todos los espacios que he ocupado mi meta siempre ha sido tratar de defender y poner el café de Nicaragua y el de Centroamérica en la perspectiva internacional.

José Ángel Buitrago, presidente de Excan. FOTOS: LA PRENSA/ M. ESQUIVEL

Cuando viajaba bastante a Europa en la OIC logramos introducirnos como Centroamérica en las instancias del sector privado, ahí negociamos lo que se conoce como el Contrato Europeo del Café, que hoy en día ese contrato es uno de los que se utiliza para establecer los contratos entre los compradores europeos y los vendedores centroamericanos. Además, sirve para defender al café de algunas medidas, como más gravámenes, que los Gobiernos de algunos países quieren imponer, cuando la posición nuestra es que un producto de exportación debe ser tratado como la niña de los ojos de la economía porque genera las divisas y da la cara por el país en el mercado internacional.

Otra de las cuestiones importantes ha sido educar a los productores para que utilicen los mecanismos de mercado, un reflejo de eso es el resultado que este año se puede ver en el Cetrex (Centro de Trámites de las Exportaciones), que a pesar que el precio internacional cayó hasta 120 dólares por quintal el precio promedio de las exportaciones es de casi 180 dólares por quintal. Eso te dice que los productores han aprendido a utilizar las herramientas del mercado.

Por otro lado mi espíritu de agrónomo también me ha llevado a ver los errores que como productor cometí en el pasado para verlos ahora con más frialdad y hacer una análisis económico-financiero de la producción de café. Por eso insisto en que los productores no saben que la producción de café es de largo plazo, no como la de frijol o maíz. El café es de 25 años el primer ciclo y se requieren por lo menos tres ciclos para llegar a tener una finca hecha. Entonces eso es algo que estoy tratando de insinuar que se incluya dentro de la formación de los cafetaleros del país, para que estén conscientes que para llegar a ser competitivos y eficientes necesitan tener visión de largo plazo, ver nuestras fincas dentro de 25, cincuenta o 75 años.

¿Cómo califica la situación actual del café en Nicaragua?

Es triste ver que seguimos produciendo casi lo mismo desde hace más de tres décadas. Antes de la revolución producíamos más que Honduras, hoy Honduras produce casi cuatro veces más que nosotros. Obviamente el proceso de la guerra destruyó muchos cafetales y cuando se recuperó todo en el noventa Nicaragua producía menos de cuatrocientos mil quintales, estuvimos a punto de perder el derecho al voto en la OIC, pero nos mantuvieron la membresía, los convencimos de que el país estaba recuperando su producción y efectivamente comenzó a crecer en las exportaciones.
Pero luego nos estancamos, por eso creo que mi participación en la Conatradec era importante y la he tomado con mucho entusiasmo, a pesar que marcha lentamente. Pero los resultados se van a ver porque estamos ahí para garantizar que marche. Obviamente no se van a ver inmediatamente, sino en el mediano plazo, pero por eso estamos insistiendo para que no se pierda otro año porque sería el colmo que perdiéramos un año más.

¿A qué atribuye que después de tres décadas se siga produciendo un volumen similar?

El problema es que hace falta mucho conocimiento sobre la producción de café y tener las condiciones y la capacidad administrativa para manejar una empresa cafetera. Se ha confundido lo que es ser productor y la mayoría son productores tradicionales que no tienen la capacidad formal de administrar una finca, la manejan de la manera tradicional, entonces no hay registros, no hay costos, no hay nada… Son fincas con muy poca tecnificación y eso ha hecho que el café no prospere, seguimos produciendo diez o doce quintales en promedio por manzana cuando lo ideal debería ser producir alrededor de treinta o 35 quintales por manzana, eso nos podría dar con toda facilidad una producción de seis millones de quintales.

¿Cómo se puede sacar al sector del estancamiento en que se encuentra?

Una de las cosas que tiene un sentido total es darle al productor lo que realmente necesita para producir. Lamentablemente el café es un producto agrícola que está sujeto a la fluctuación de los precios internacionales que se mueven inclusive en base a la oferta y la demanda mundial. Pero también está sujeto a las fluctuaciones del clima y hoy en día tenemos una amenaza terrible del cambio climático que nos está obligando a ser eficientes y competitivos. Si no logramos producir más con la menor cantidad de recursos, el cambio climático nos va a sacar del juego, porque lo que nosotros gastamos por manzana para producir diez quintales va a ser menos de lo que nos va a pagar el mercado y nadie está en un negocio para perder.

La única solución es tecnificarse, adquirir una tecnología eficiente para poder ganar con un mayor volumen de producción. Entonces la idea es llevar a todos los productores, pequeños, medianos y grandes a producir más de treinta quintales por manzana, eso nos llevaría a producir por lo menos seis millones de quintales y Nicaragua fácilmente los puede producir. Eso ayudaría a que el café siga siendo como en las últimas décadas, un pilar fundamental para el desarrollo socioeconómico del país.

¿Ese incremento de la productividad solucionaría otros problemas?

Si llegáramos a producir treinta o 35 quintales por manzana, el café podría convertirse en la palanca que saque no solamente de la pobreza, sino que le dé un nivel de vida superior a los pequeños productores de café con oportunidades de educación universitaria para sus hijos y muchas cosas más, como ocurrió en Costa Rica. Aquí perfectamente se puede hacer, lo que falta es educación, por eso hay que insistir en que se eduque al pequeño productor, pero no solo para que aprenda a leer y escribir sino para que entienda lo que lee y para que aprenda sobre el café, porque el que sabe y entiende aprovecha las nuevas tecnologías. Pero actualmente muchos llegamos donde ellos y les decimos hay que hacer esto y aquello y ellos responden: ‘No me vengas a contar cuentos porque mi papá lo hacía de esta forma y así lo voy a seguir haciendo porque a él le daba resultado’.

Pero hoy en día las cosas han cambiado tanto que ese enunciado es totalmente obsoleto. Hoy en día se requiere de tecnología y de dinero, de recursos, se requiere que también los bancos abran sus ojos a un potencial enorme tiene la producción de café, que podría ser tan exitosa como ha sido en Colombia o Brasil, pero eso es importante que se pueda ver con claridad.

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