Panteras engalonadas

“Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y las tierras de Cuzco, Chibcha y Palenque, han visto engalonadas a las panteras”.

Querida Nicaragua: Hace cien años y un poco más nuestro poeta don Rubén Darío lo profetizó: “Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y las tierras de Cuzco, Chibcha y Palenque, han visto engalonadas a las panteras”.

Es el retrato de los dictadores que en Latinoamérica han desfilado en todo el siglo XX y parte del XXI. Primero fueron las dictaduras militares que se imponían a base de golpes de estado, de cuartelazos en las madrugadas y tomaban el poder imponiendo el respectivo estado de sitio para que nadie pudiera mover un dedo en su contra. En ese tiempo, luego de los cuartelazos, los líderes opositores y muchos sospechosos llenaban las cárceles y las dictaduras comenzaban a colocar militarotes de confianza en los ministerios y puestos clave hasta totalizar los mandos de frontera a frontera.

Por esta razón nuestros pueblos vivían en constante incertidumbre, luchando por la libertad de los presos políticos y por sus propias libertades de movimiento, de reunión, de asociación, y sobre todo libertad de prensa que es la defensora de las otras libertades.

Pueblos en zozobra y en constante lucha que producía cualquier cantidad de movimientos revolucionarios para botar al dictador del cuartelazo. Esa ha sido la historia triste de nuestra América Latina que hasta ahora comienza a respirar amagos de democracia en muchos de sus países. Y digo amagos de democracia porque son democracias frágiles en las que campea la mala costumbre de la corrupción tal como se ha visto en la Argentina de los Kirchner, en el Brasil de los Lula y Rousseff, en la Guatemala de Otto Pérez Molina, inclusive en El Salvador donde está siendo acusado el expresidente Francisco Flores por algunos milloncejos usurpados a donaciones de Taiwán. Lo vemos también en las acusaciones al expresidente de Panamá Ricardo Martinelli y ya no digamos a la dictadura chabacana y grotesca de Nicolás Maduro, aferrado a un poder que supone vitalicio heredado de su jefe el difunto comandante Chávez. Maduro heredó de Chávez a toda una claque seguidora del moribundo Socialismo del Siglo XXI y conquistada a base de petróleo y otras dádivas, compuesta por Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Maduro, Ortega, Correa y Evo Morales son una especie de caciques en sus respectivos países, hacen y deshacen leyes, reforman a su antojo las constituciones y manejan todos los poderes del Estado convirtiéndose en dictadores absolutos y usurpando al pueblo sus derechos legítimos.

A propósito dejo de último a la dictadura de los Castro, dueños y señores de su isla desde hace 56 años y donde Cristo no va por las calles flaco y enclenque sino que ha sido eliminado en pelotones de fusilamiento, fusilado en cada uno de los ciudadanos indefensos cuyo delito ha sido oponerse a la cínica y criminal dictadura de los Castro. Fidel Castro, a quien el mundo le celebra su cinismo y desvergüenza se llevó la palma; desde el año 59 ha sido la más connotada pantera engalonada de la América Latina.

Pero parece haber comenzado la cuenta regresiva para todos aquellos que pretenden dictaduras vitalicias y pueblos miserables. Hay una corriente que viene paralela al coloso de los Andes y que trae nuevos aires de libertad. Los pueblos están maduros esperando el momento de terminar con tanta dictadura perniciosa. El cóndor extiende sus alas gigantescas y sin violencia, sin cañones y sin rifles, a puro pensamiento, pluma y votos en las urnas electorales, uno a uno los gobiernos dictatoriales irán cayendo. Está llegando la hora de los pueblos, de los sin empleo, de las juventudes decepcionadas que buscan salir hacia otros países donde hay trabajo y libertad. La fe y la esperanza viven en la mente de nuestro pueblo que ha sido probado y ha salido vencedor en los trágicos momentos de su historia. Dios está con nosotros.

El autor es gerente de Radio Corporación y Excandidato a la presidencia de la República en 2011.

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