Arabia Saudí, “el malo de la película” en las negociaciones del clima

Esta poderosa monarquía tiene las mayores reservas mundiales conocidas de petróleo y su economía se basa esencialmente en las exportaciones de crudo.

COP21, cumbre del clima, cambio climático, medio ambiente

La cumbre del clima se inauguró el lunes 30 de noviembre en París. LA PRENSA/EFE

Arabia Saudí se ha convertido en «el malo de la película» en las negociaciones de París sobre el clima, por tratar de limitar el alcance de un acuerdo que abriría una transición energética en detrimento de los intereses del segundo productor mundial de crudo.

La red de organizaciones Climate Action Network (CAN) ya atribuyó a los saudíes desde el inicio de la conferencia la semana pasada al menos dos veces su «Premio Fósil del Día».

Otros productores de petróleo, como Venezuela, Noruega o Estados Unidos, también recibieron ese irónico galardón otorgado a países que se considera frenan la lucha contra el calentamiento global.

Arabia Saudí «no estaba en primera línea en este tipo de negociaciones, pero esta vez está bloqueando casi todos los temas», dijo a la AFP Pascal Canfin, analista del World Ressources Institute.

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«Tratan de debilitar el acuerdo para que afecte lo menos posible a la economía, porque tienen mucho que perder y muy poco para ganar», subraya Harjeet Singh, de la ONG Action Aid.

Esta poderosa monarquía tiene las mayores reservas mundiales conocidas de petróleo y su economía se basa esencialmente en las exportaciones de crudo.

No es de extrañar entonces que vea amenazados sus intereses por los estudios que recomiendan dejar de explotar energías fósiles (carbón, petróleo, gas) para limitar a un máximo de 2º el alza de las temperaturas, el objetivo proclamado de las negociaciones de la COP21, que involucran a 195 países.

Eso supone una revolución energética, abandonando rápidamente el carbón y los hidrocarburos como fuente de electricidad. Un vuelco radical, posibilitado por el auge de las energías renovables, con precios cada vez más competitivos, o incluso por la energía nuclear, que trata de colocarse como alternativa pese a la oposición de muchos ecologistas.

Pero Riad no está dispuesta a facilitar el viraje.

El ministro saudí de Petróleo, Ali al Naimi, proclamó el lunes ante el plenario de la COP21 su apoyo a la energía solar y eólica, al gas y a la captura y almacenamiento de carbono. Pero también instó a adoptar «políticas de reducción de gases de efecto invernadero que no discriminen a ninguna fuente de energía».

Un llamamiento que eriza a las oenegés. «Eso significa que no hay que descartar las energías fósiles. Es inimaginable decir algo así en un foro en el que la comunidad internacional busca precisamente la manera de abandonarlas», afirma Célia Gautier, de la red francesa Réseau Action Climat.

Los saudíes «saben que se terminará la era del petróleo y empiezan a diversificar su economía, pero quieren lentificar el proceso e impedir que el acuerdo de París lo acelere», agrega.

¿Riesgo de bloqueo?

Venezuela, cuyo PIB depende en un 50% de sus actividades petroleras, «se encuentra en la misma situación (…): se niega por ejemplo a incluir el concepto de ‘descarbonización’ de la economía» en un acuerdo, señala Gautier.

Un punto en el que aparentemente los petroleros obtuvieron satisfacción, pues según la Fundación Nicolas Hulot, que sigue de cerca las negociaciones, el término ‘descarbonización será reemplazado por el de «neutralidad climática», que supone medidas de absorción de los gases de efecto invernadero producidos por las actividades humanas.

«Es una posición mínima», lamenta la Fundación.

En lo que respecta a la ayuda a los países en desarrollo, los saudíes se alinean con los emergentes en el mantenimiento del status quo, que apunta la responsabilidad histórica de los países industrializados en la lucha contra el calentamiento global.

«Si se considera el PIB por habitante, los saudíes podrían participar en la ayuda a los países del Sur, pero se niegan a hacerlo y piden incluso beneficiarse de ayudas y tecnologías para diversificar su economía», deplora Pascal Canfin.

¿Podrían esas posturas bloquear un acuerdo? En las COP precedentes, ningún país tenía derecho de veto, pero siempre se buscó el consenso más amplio posible.

«Pero si Arabia Saudí decide bloquear ¿qué harán los demás países petroleros y los países en la zona de influencia geográfica [de Riad], como Egipto?», se pregunta Canfin.

Según Safa al Jayusi, portavoz de la red de oenegés árabes IndyAct, «Riad hasta ahora siempre habló en nombre del Grupo Árabe [formado por 22 países], pero sus posiciones no reflejan la de todos sus miembros, algunos de los cuales, como Marruecos o Jordania, optaron claramente por desarrollar energías renovables».

¿Y si pese a todo el bloqueo persiste la noche del jueves al viernes, cuando se supone que las negociaciones deben concluir? Entonces las cosas podrían desanudarse «con unos llamados telefónicos entre París y Riad», afirma Pascal Canfin, que de 2012 a 2014 fue secretario de Desarrollo del gobierno francés.

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