Viva la Virgen de Guadalupe

Si hablamos de nuestra amada guadalupana tendremos siempre más preguntas que respuestas. La principal de todas se relaciona con la tilma de Juan Diego donde se grabó o irradió la imagen de la Virgen

Si hablamos de nuestra amada guadalupana tendremos siempre más preguntas que respuestas. La principal de todas se relaciona con la tilma de Juan Diego donde se grabó o irradió la imagen de la Virgen.

La prenda fue confeccionada con fibras de maguey, hebras que se descomponen o pudren en un plazo máximo de veinte años. El ayate o tilma de Juan Diego tiene ya 482 años de antigüedad y se conserva en perfecto estado.

Los registros de la reliquia detallan, además, que la imagen de la Virgen de Guadalupe, de 1.5 metros de estatura, permaneció durante 116 años sometida al polvo, la humedad, el salitre del lago Texcoco, los excrementos de las moscas, el humo de las velas, al contacto de los dedos, medallas, cruces, rosarios, anillos y toda clase de pulseras y no registra daño alguno. Sigue intacta casi cinco siglos después y no existe explicación para ello. Es más, la imagen de la Virgen de Guadalupe está tan fresca y los colores del estampado o radiación en la tilma son tales, que pareciera haber sido puesta ayer y no en el año 1531, se lee en un reportaje publicado por el sitio Catholic.net. La publicación explica una anécdota que tampoco tiene explicación.

En el año 1791, Carlos María Bustamante certificó que, estando unos trabajadores limpiando el marco de plata donde fue colocada la tilma, se les derramó un frasco de ácido nítrico que recorrió el cuadro de arriba a abajo. Lo natural, agrega, es que hubiera destrozado el lienzo y solo tiene una leve mancha que casi no se ve y que comprueba el incidente. La tilma de Juan Diego está colocada sobre una placa de metal cuya temperatura oscila alrededor de los 15 grados centígrados, pero la prenda se mantiene constantemente a 36.5 grados, la misma temperatura de un cuerpo humano sano.

El pintor Miguel Cabrera, en su libro titulado La Maravilla Americana, escribió que la imagen de la Virgen de Guadalupe está también en el revés de la tilma. Y explicó que es imposible que manos humanas hayan pintado esta imagen sobre este lienzo sin prepararlo previamente con aparejo, apresto o imprimación, como se dice técnicamente.

Las hebras de la tilma están en bruto, no fueron tratadas y es imposible que alguien hubiese estampado una imagen con la calidad que se exhibe 482 años después.

“Ningún artista humano hubiera elegido para realizar su obra un lienzo de esta calidad sin preparación”, escribió el profesor Francisco Camps Ribera, de Barcelona, reconocido mundialmente como experto en técnicas pictóricas que ha trabajado en las primeras pinacotecas de España, Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Estados Unidos y Canadá, luego de examinar la tela. A su vez, el doctor Enrique Graue, oftalmólogo de fama internacional y director de un hospital oftalmológico en México, afirmó: “Examiné los ojos con oftalmoscopio de alta potencia, y pude apreciar en ellos profundidad de ojo como al estar viendo un ojo vivo”. En estos ojos aparece el efecto Púrkinje-Sánsom; se triplica la imagen en la córnea y en las dos caras del cristalino.

Este efecto fue estudiado por el doctor Púrkinje de Breslau y Sánsom de París, y en oftalmología se conoce por el fenómeno Púrkinje-Sansom. Este fenómeno, exclusivo del ojo vivo, fue observado también en el ojo de la Virgen de Guadalupe, por el doctor Rafael Torija con la ayuda de un oftalmoscopio. Él lo certifica con estas palabras: “Los ojos de la Virgen de Guadalupe dan la impresión de vitalidad”, señala el sitio Catholic.net.

Échense este trompo en la uña. Amén.

El autor es empresario.

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