En Venezuela como en Nicaragua

El contundente triunfo de la oposición venezolana en las elecciones del 6 de diciembre, que le ha permitido conquistar el poder legislativo con una mayoría de dos tercios de los diputados, ha planteado en Venezuela una situación muy parecida a la que se creó en Nicaragua en 1990, cuando la UNO y doña Violeta Barrios de Chamorro derrotaron en las urnas a Daniel Ortega.

El contundente triunfo de la oposición venezolana en las elecciones del 6 de diciembre, que le ha permitido conquistar el poder legislativo con una mayoría de dos tercios de los diputados, ha planteado en Venezuela una situación muy parecida a la que se creó en Nicaragua en 1990, cuando la UNO y doña Violeta Barrios de Chamorro derrotaron en las urnas a Daniel Ortega.

Claro que las situaciones no son exactamente iguales. Solo el hecho de que Nicaragua estaba en guerra y en Venezuela no hay un conflicto bélico establece una diferencia fundamental. Además, en lo económico, aunque la inflación en Venezuela provocada por el régimen chavista es de un 200 por ciento (la más alta del mundo, según el FMI), no llega al alucinante 33,000 por ciento que causó la revolución sandinista de los años ochenta.

Sin embargo, en la Nicaragua de aquel entonces —igual que en la Venezuela de ahora— había un régimen autoritario que decía ser revolucionario. Y los comandantes sandinistas de los años ochenta —lo mismo que la actual dirigencia chavista— consideraban que el poder lo habían conquistado para siempre y que las transformaciones y “conquistas” revolucionarias debían ser irreversibles y que eran irrenunciables.

Al reconocer la victoria electoral de la oposición Nicolás Maduro dijo que la derrota del Gobierno era circunstancial y que la revolución no daría un paso atrás. Por su parte, el colíder del régimen chavista, Diosdado Cabello, aseguró que nada ni nadie los va a hacer cambiar de postura. “No hubo ni hay ni habrá pacto con la burguesía. La revolución bolivariana seguirá acompañando al pueblo de Venezuela”, sentenció Cabello.

Pero con el régimen chavista Venezuela no tiene futuro. O mejor dicho, va inevitablemente a la debacle económica total y hacia un caos político, social y nacional, del que solo podría salir mediante un pronunciamiento militar. Así ha ocurrido muchas veces en la historia venezolana y en la actualidad ya fue insinuado con la afortunada intervención que tuvo el Ejército en las elecciones del 6 de diciembre, asegurando que la voluntad electoral del pueblo venezolano fuera respetada.

Lo único que le podría permitir a Venezuela salir del abismo en que se encuentra, y esto que poco a poco, sería un acuerdo del gobierno chavista con la oposición —ahora convertida en poder legislativo— para llevar a cabo una transición ordenada a la democracia, para la reconstrucción de la economía, la reconciliación nacional y la convivencia pacífica de todos los venezolanos, independientemente de sus filiaciones políticas.

Hasta Diosdado Cabello entiende esto. Pero jura que “no habrá pacto con la burguesía”, como llama el chavismo a la oposición democrática, porque su extrema arrogancia no les permite reconocer y aceptar la realidad.

En las elecciones del 6 de diciembre el chavismo perdió dos millones de votos, en relación con la elección presidencial de 2013. En cambio la oposición aumentó trescientos mil sufragios populares. En una siguiente elección bajo el mismo régimen chavista y cuando la crisis política, económica y social sea peor que ahora, su pérdida de apoyo popular será todavía mayor. Eso si es que Maduro y su gobierno pudieran llegar a una próxima elección.