Verdades y lecciones de Harbour Head

La verdad es que el fallo de La Haya, del pasado 16 de diciembre, en cuanto a la disputa del humedal de 2.5 kilómetros cuadrados que rodea a Harbour Head o Isla Calero, no me tomó por sorpresa, era perfectamente previsible y evitable, sin ser un experto en derecho internacional.

La verdad es que el fallo de La Haya, del pasado 16 de diciembre, en cuanto a la disputa del humedal de 2.5 kilómetros cuadrados que rodea a Harbour Head o Isla Calero, no me tomó por sorpresa, era perfectamente previsible y evitable, sin ser un experto en derecho internacional.

Sí me sorprendió, el fallo adverso de la contra demanda nica sobre el daño ecológico causado por trocha tica, hecha sin estudios de impacto ambiental sobre la margen derecha del Río San Juan, porque Nicaragua no logró demostrar el daño causado por la sedimentación a la navegación y a la flora y fauna del lugar.

Nuestros expertos ecólogos y ambientalistas debieron haber hecho estudios científicos serios e incuestionables para convencer a la Corte Internacional de Justicia que la carretera estaba causando un daño irreversible al frágil ecosistema del Río, con fotos de peces muertos, estadísticas de aves en disminución y un estudio bien hecho del incremento de la sedimentación fluvial.

Pero vamos al fallo sobre la disputa de Harbour Head que se inicia en octubre del 2010, cuando el comandante Edén Pastora, con órdenes del presidente Ortega, según afirma, comienza a “limpiar” un inexistente caño, que según su interpretación, es la frontera demarcada en sus laudos por el general Edward Porter Alexander.

Toda mi vida en las lecciones de geografía supe que la frontera sur estaba claramente delimitada por el Tratado Cañas Jerez de 1858, que establece que la frontera corre a partir de tres millas inglesas de El Castillo de la Inmaculada Concepción, donde se puso un mojón, por la margen derecha del Río San Juan hasta la desembocadura, en Punta de Castilla, donde se estableció un mojón que aún existe.

Cuando el conflicto con Costa Rica en octubre del 2010, que por poco nos lleva a un enfrentamiento bélico, me puse a estudiar todos los mapas que aparecían en un CD del Atlas Histórico del doctor Francisco Aguirre Sacasa para tratar de identificar el caño, que según Pastora, estaría ubicado antes de la desembocadura por Harbour Head, también conocida como Los Portillos.

Hay que reconocer que esa región de Nicaragua, fue una de las regiones más cartografiadas desde mediados del siglo XIX hasta inicios del siglo XX por su importancia estratégica para la llamada “Ruta del Tránsito” y por las perspectivas de la construcción de un Canal Interoceánico.

En dichos mapas que son con un nivel de detalle impresionante, no aparece ningún caño en el sitio donde según Pastora un día existió y que incluso, fue navegable. Además se aprecia que la morfología del terreno no ha cambiado mucho desde Alexander y que la única conexión fluvial entre el Río y la laguna de Harbour Head es un brazo del Río que corre paralelo a un banco de arena hasta llegar al punto donde actualmente encierra a la laguna. En todos los mapas de finales del siglo XIX y de todo el siglo XX, el territorio que estuvo en disputa figura en la jurisdicción de Costa Rica. No era posible que de pronto todos los mapas estuvieran equivocados.

Recurrí también a mi padre, quien nadie duda que era muy nacionalista y jamás hubiera publicado un mapa con una parte de nuestro territorio como Costa Rica. En el mapa-portada de su famoso folleto del 1970 “Los pies descalzos de Nicaragua”, aparece el humedal en disputa, como del lado tico y no aparece ningún caño donde Pastora estaba excavando o “limpiando”.

Ahora es fácil decirlo, ¿pero antes? Sentí entonces una enorme responsabilidad y puedo asegurar que intenté persuadir a Pastora con los mapas en mano y también a varios generales del Ejército de Nicaragua, que estaban incurriendo en un grave error. Me aseguraron que tenían un mapa o fotos aéreas donde aparecía el caño de Alexander.

Pudimos haber resuelto este diferendo a través del diálogo sin incurrir en los costos exorbitantes de una demanda internacional y las tensiones fronterizas. Ahora estamos en el punto donde debimos haber comenzado, hasta el mismo papa Francisco lo ha pedido: el diálogo fraterno entre dos pueblos hermanos con muchos lazos históricos comunes.

Corresponde a Costa Rica administrar su victoria con humildad y sabiduría y a Nicaragua sacar la mejor lección posible de la derrota, convirtiéndola en una oportunidad. Vale decir, que no perdimos una sola pulgada de territorio.

El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y Presidente de la Comisión de Turismo.

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