Bases de cooperación entre cristianos

Conocí de un aporte (aceptado por todos los asistentes a una conferencia entre los más destacados cristianos seglares de los Estados Unidos) de uno de los principales líderes laicos católicos: Steve Clark.

Conocí de un aporte (aceptado por todos los asistentes a una conferencia entre los más destacados cristianos seglares de los Estados Unidos) de uno de los principales líderes laicos católicos: Steve Clark, fundador de los movimientos de Cursillos de Cristiandad y de la Renovación Carismática Católica de los Estados Unidos, y uno de los coordinadores principales de la primera comunidad ecuménica de ese país. Asistían unos 300 líderes Evangélicos, Ortodoxos y Católicos.

Señalaba Steve la necesidad de la cooperación entre cristianos, porque no nos juntábamos ni nos ayudábamos mutuamente, como a veces está pasando en los países islámicos, muy distinto de la admirable unión que existe entre los judíos. Pero los enemigos de la unión no solo son externos. En la actualidad nuestro reto principal es el Secularismo Teológico de algunas de nuestras iglesias que se están acomodando a las ideologías dominantes y a las diferencias entre las distintas interpretaciones de la Biblia.

Y comenzó exponiendo: —Necesitamos aceptar el hecho de que existen tópicos que dividen a las iglesias y necesitamos reconocer los límites que las iglesias han establecido y no actuar como si estas diferencias no existieran. Debemos —pues— aceptar que cada uno crea en la doctrina de su propia iglesia.

En segundo lugar, debemos enfatizar el núcleo central de la enseñanza cristiana y prácticas que compartimos en común. Debemos hacer esto porque estas verdades en sí exigen tal énfasis. Pero también, porque así podemos fomentar nuestra unidad y servir a la convergencia de todo el pueblo cristiano.

En tercer lugar, al discutir juntos nuestras diferencias debemos hacerlo en paz y amorosamente, evitando discutir aquellas cosas que todavía no podamos discutir pacíficamente, ampliando el círculo de tópicos a medida que vayamos experimentando poder hacerlo en paz y en confianza mutua. No avergonzarnos por nuestras propias creencias y no ser apologéticos o excusarnos acerca de ellas. Considerar las cosas que los otros cristianos sostienen y que nosotros estemos en desacuerdo como errores que los buenos cristianos pueden tener, en vez de como perfidias o negación del cristianismo. No discutir nuestras creencias en forma polémica (discutidora), sino de la manera que sean más aceptadas por los otros. Asegurarse de que la discusión esté construyendo amor y unidad y no separándonos más.

En cuarto lugar, debemos aprender de nuestras autoridades sobre puntos doctrinales y teológicos en desacuerdo de tal manera que evitemos expresarnos ignorantemente.

Y finalmente, cuando podamos, ayudémonos unos a otros y sirvámonos mutuamente, de tal manera que evite que nuestras diferencias teológicas y culturales contaminen nuestro amor fraterno, para que nuestra unidad personal ponga las bases de una más completa unidad.

Termino citándoles unas declaraciones extraordinarias de nuestro querido obispo católico, monseñor Silvio Báez. Dice monseñor:

“…Como Iglesia no debemos caminar nunca sin el otro, nunca sin el otro hermano, nunca sin la otra Iglesia, nunca sin el reconocimiento del estatuto teológico del otro. Debemos aprender que los que nos une es más que lo que nos divide… San Juan Pablo II nos recuerda que la sangre de los mártires es más elocuente que nuestras divisiones. La comunión que se ha dado en el martirio, en la vida dada por Jesús, aun cuando ha sido dada por cristianos de diferentes confesiones —católicos, ortodoxos, reformados— es una comunión más fuerte que las divisiones que permanecen en la Iglesia… a la que estos mártires han pertenecido: «Estos hermanos y hermanas nuestros… son la prueba más significativa de que cada elemento de división se puede trascender y superar en la entrega total de uno mismo a la causa del Evangelio».

EL AUTOR ES COORDINADOR DE LA CIUDAD DE DIOS
reflexivo33@hotmail.com

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