Que 2016 nos sea leve

Estoy pidiéndole al Niño Redentor recién nacido que el año nuevo no nos sea tan ingrato como el que estamos terminando ahora, el que nos ha dejado muchos sinsabores, abusos, masacres, engaños, corrupciones que no queremos recordar en estos días cuando entramos en los albores de un año nuevo

Querida Nicaragua: Estoy pidiéndole al Niño Redentor recién nacido que el año nuevo no nos sea tan ingrato como el que estamos terminando ahora, el que nos ha dejado muchos sinsabores, abusos, masacres, engaños, corrupciones que no queremos recordar en estos días cuando entramos en los albores de un año nuevo que debemos recibir con esperanza.

Los que peinamos canas y los que no nos peinamos por ser completamente calvos debemos dar gracias a Dios por habernos dado tantos años de vida. Recuerdo que en mis aflicciones secretas y nocturnas de mi adolescencia, habiendo escuchado las conversaciones de la familia sobre tantas enfermedades y tantas muertes, le rogaba a Dios que me dejara llegar a los 25 años. Cuando cumplí los 25 le pedía que me dejara llegar a 40, y así sucesivamente le fui pidiendo y pidiendo en mis oraciones y Él me dio mucho más de lo que le pedía. Ahora voy por los 84 y lo que ahora le pido es que me conserve sano y ágil para poder ser útil.

Estos son días de reflexión y de hacer buenos propósitos para el año nuevo y no es oportuno hablar de política pues ya tendremos 365 días del nuevo año para seguir en la lucha.

Mi amigo Roger Fisher, sin quererlo me ha ayudado a reflexionar. Me llamó por teléfono para felicitarme por Navidad y Año Nuevo, al tiempo que dijo estarse comunicando ese día con sus amigos que están en la lista de espera.

Cuál lista de espera, le pregunté, haciéndome el sueco. Hombre, me dijo, todos los que llegamos a los ochenta empezamos a subir la cuesta trágica de los 80 a los 90 y muy pocos pasan esa prueba, todos nos vamos en esta década. De modo que estoy llamando a algunos de mis amigos que están como yo en la lista de espera, uno de ellos sos vos, ya llamé a Chale Mántica y voy a llamar a Enrique Bolaños, Otto de la Rocha, Carlos Gadea tu hermano y a todos mis amigos que están subiendo la cuesta de los ochenta.

Me imagino que pasará por lo menos un día entero llamando a sus compañeros de la famosa lista de espera porque Roger conoce la vida y milagros de medio mundo, es capaz de reseñar todos los establecimientos de la Avenida Roosevelt de los años sesenta, desde el Rincón Español donde comenzó Julio Tirado, hasta la venta de libros usados de Chico Negro, diez varas arriba de Novedades, donde comprábamos los libros usados los estudiantes del Pedagógico de Managua. Roger es capaz de recordar desde la barbería del Gran Hotel, La inmobiliaria, la casa Riguero, Jorge del Carmen, Carlos Cardenal, la tienda de los Kéllerman, la joyería Omega de doña María luisa Molina de Gersht, hasta la Casa Pellas y terminar en el Hormiguero, y es capaz de ir contando la vida y milagros de sus dueños, sus familiares y el parentesco entre unos y otros.

Y digo todo esto porque el mismo Roger lo ha escrito en suculentas crónicas en La Prensa.

El año nuevo nos espera. Es otro regalo de Dios para que procuremos ser mejores, para practicar la solidaridad con todos los seres humanos, para compartir éxitos y fracasos con nuestro prójimo más cercano, para procurar una patria mejor para todos, para unir voluntades en un solo propósito que podemos lograr cuando todos trabajemos unidos, cuando hagamos unidad real por encima de intereses particulares.

Ese será el momento culminante para cumplirle al Dios que nos acaba de nacer y a la patria que nos ha dado para hacer de ella un lugar sosegado, tranquilo, amable, vivible donde todos podamos abrazarnos como hermanos. Y podemos hacerlo como una obligación patriótica y cristiana. El año nuevo nos espera y como dice nuestro Rubén: Es mía el alba de oro.

El autor es gerente de Radio Corporación y excandidato a la Presidencia de la República en 2011.

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