Un balance de la economía 2011-2015

En el período 2011-2014 en la economía nicaragüense ingresó un flujo impresionante de fuentes de financiamiento externo –remesas, inversión extranjera directa, cooperación externa tradicional y crédito petrolero venezolano.

En el período 2011-2014 en la economía nicaragüense ingresó un flujo impresionante de fuentes de financiamiento externo –remesas, inversión extranjera directa, cooperación externa tradicional y crédito petrolero venezolano.

Estas fuentes totalizaron 11,578.6 millones de dólares en este período, para un promedio anual de 2,894.4 millones de dólares, lo que contrasta con el total de 8,376.1 millones de dólares y un promedio de 2,094 millones en el período 2007-2010. Este incremento de los flujos de financiamiento externo se explica, en gran medida, por el incremento en los flujos del crédito petrolero venezolano.

El impacto de semejante flujo de recursos en una economía tan pequeña como la nuestra, en términos de la aceleración relativa de la tasa de crecimiento económico, era previsible. Este flujo de recursos generó además una sobrevaloración del tipo de cambio real y un empeoramiento de la posición deudora neta del país con el exterior, como resultado ante todo del incremento de la deuda privada, que alcanzó a representar el 45.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2014.

Destaca, además, la presencia de un monto acumulado de “errores y omisiones” o “capital no determinado” en la balanza de pagos, que supera incluso el monto acumulado del crédito petrolero, y cuyo sobre el papel e impacto representan una interrogante.

En 2015 los vientos comienzan a cambiar. Se asiste a la profundización de la tendencia a la caída de las exportaciones y al colapso de la cooperación petrolera venezolana.

En este año se generó además una situación bastante paradójica. A lo largo del año las actividades económicas transables han mostrado contracción: la agricultura, afectada por fenómenos climáticos, y la caída en los precios internacionales; la industria manufacturera, afectada por caídas en la producción de carne y azúcar, así como de textiles y arneses de las zonas francas; la minería, afectada por el derrumbe en los precios del oro.

Este desempeño de las actividades transables, dado su peso en nuestra economía, es lo que determina la desaceleración de la tasa de crecimiento económico. Sin embargo, paralelamente, hemos asistido a un cierto auge de las actividades no transables, especialmente el comercio y la construcción.

En el caso del comercio, puede explicarse el relativo auge debido al incremento en el ingreso disponible resultante de la reducción de los precios del combustible, de un moderado aumento en el salario promedio real derivado de la reducción de la inflación como producto de las tendencias deflacionarias globales, de un aumento (desacelerado) en el ingreso de remesas familiares y del efecto de la mejoría de los términos externos de intercambio.

En el caso de la construcción, debido al peso que tiene la construcción residencial dentro de la misma, difícilmente puede haber un auge en este sector si no se produce un auge en la construcción de viviendas.

Lo que resalta en el caso del auge de la construcción del año 2015 es que, contrariamente a lo ocurrido en el gran auge de la construcción residencial en 2011-2012, cuando este estuvo asociado a una fuerte aceleración en el crecimiento del crédito hipotecario medido en dólares, en 2015 el auge ha estado asociado a una desaceleración en el crecimiento de dicho crédito. En todo caso, 2015 representa un punto de inflexión. Una economía pequeña y abierta no podrá escapar del impacto del fin del boom de las commodities y el debilitamiento de la economía y el comercio mundial.

Por su parte, la sostenibilidad del auge de las actividades no transables, no puede continuar indefinidamente, a no ser que fuese alimentado por flujos de recursos cuyo origen posiblemente se registraría, en gran parte, en la partida “errores y omisiones”.

*Economista.