Mis mejores deseos para el 2016

En lugar de hacer un pronóstico negativo y funesto, como acostumbran algunos analistas, me concentraré en la despedida del año en lo que podría ser un marco positivo para algunos conflictos del 2015 que necesariamente se tienen que resolver en 2016.

Ya mañana jueves le damos la vuelta a la página del 2015 y el viernes comienza el nuevo año 2016.

En lugar de hacer un pronóstico negativo y funesto, como acostumbran algunos analistas, me concentraré en la despedida del año en lo que podría ser un marco positivo para algunos conflictos del 2015 que necesariamente se tienen que resolver en 2016.

Podría pecar de sobre optimista; pero como decía el Nobel de la Paz y expresidente de Costa Rica, Óscar Arias, “soñar no cuesta nada” y particularmente vale la pena soñar cuando le damos vuelta al calendario y nos adentramos en un año electoral decisivo.

Comencemos con el tema humanitario de los miles de emigrantes cubanos entrampados en Costa Rica en su larga y penosa migración desde Cuba hacia los Estados Unidos (EE. UU.), pasando por varios países americanos. Yo esperaría que en los primeros días de enero, Ortega tenga compasión cristiana, y en un acto humanitario les otorgue una visa de tránsito hacia Honduras y que el gesto se repita en los otros estados y los cubanos logren llegar hasta los EE. UU. de América a vivir el “sueño americano”. No tiene nada que perder, solo que ganar al mostrar su rostro compasivo y humano.

En el tema económico, yo esperaría que en los primeros días de enero el gobierno acepte y promulgue una nueva reducción de la tarifa eléctrica que ha urgido el sector privado, acorde con la caída de los precios del petróleo a nivel mundial, para dinamizar y hacer más competitiva la economía nacional. Esto no cuesta nada y sí tiene un rédito económico y social para la nación. Si no lo hace, tendremos que seguir pagando un oneroso e ilegal impuesto indirecto, con el pago inflado de nuestra factura de energía y combustibles.

En el plano regional, tal como lo manda la resolución de la Corte Internacional de Justicia, Nicaragua debe limar sus asperezas limítrofes con nuestra vecina Costa Rica en breve, no solo porque el fallo manda establecer el resarcimiento de los daños causados por la aventura fronteriza de Pastora en el humedal que rodea Harbour Head, sino porque es de nuestra conveniencia mutua la normalización de la relaciones para dinamizar la economía entre países hermanos, máxime ahora que se cuenta ya con dos fronteras. Costa Rica por su parte debe actuar con sabiduría y humildad.

En el gran plano nacional, ojalá la esperada convocatoria a elecciones por parte del Consejo Supremo Electoral lleve consigo medidas inequívocas de que se respetará la voluntad popular, como por ejemplo la observación nacional e internacional que es según las últimas encuestas, una aspiración nacional, del noventa por ciento del electorado nicaragüense. Solo así podremos tener una campaña electoral, pacífica, tranquila, que nos asegure a los nicaragüenses la paz que únicamente se logra plena, cuando se respeta la voluntad popular, garantizando un proceso electoral transparente e incuestionable.

Un tema que ha dividido profundamente a la opinión pública en los últimos años es el tema del Canal. Ojalá que en 2016 este tema quede enterrado definitivamente.

Bastaría citar el cambio climático, el crudo verano que acecha detrás de un pésimo invierno, el calentamiento global que estamos experimentando a nivel mundial, para que un gobernante sensato no pusiera en riesgo la mayor reserva de agua potable de Centroamérica por un canal cuyos términos financieros son un misterio y su viabilidad económica, ambiental y social ha sido cuestionada a nivel mundial.

Si persiste el gobierno en ese proyecto fallido, se topará con una muralla infranqueable de parte de la población afectada que podría desembocar en un caos social y en una resistencia armada.

Esta Ley 840, a como la represiva Ley de “Seguridad Soberana”, recién aprobada por la mayoría sandinista, deben ser derogadas por la Asamblea Nacional y lo serán, más temprano que tarde. Este gobierno tiene la oportunidad de hacerlo enmendando errores al cierre, con la mayoría absoluta que tiene. De no hacerlo, a medida que transcurra el tiempo, el costo será mayor, pero al final terminarán siendo abolidas.

Me despido del 2015 con un racimo de buenos deseos, veremos al final de 2016, cuántos acerté.

El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y presidente de la Comisión de Turismo.