El imbatible Darwin Cubillán

Pareciera rutinario en el beisbol que cuando un jugador tiene éxito en cada partido, es felicitado por su compañeros, aclamado por el público, apreciado por los televidentes, admirado por su mánager, odiado por sus rivales.

Darwin Cubillán es candidato a convertirse en Jugador Más Valioso. LA PRENSA/ JADER FLORES

Pareciera rutinario en el beisbol que cuando un jugador tiene éxito en cada partido, es felicitado por su compañeros, aclamado por el público, apreciado por los televidentes, admirado por su mánager, odiado por sus rivales. Después empieza la noche, las cervezas, el ron, la música, el baile, los amigos alquilados del momento. Luego llega la resaca y el día siguiente vuelve al terreno. Sin embargo, hay sus excepciones, sus quiebres de ejes en la vida del beisbol, como es el caso del mejor relevista de la Liga Profesional: Darwin Cubillán.

Cubillán es cristiano desde hace seis años. “Uno no necesita llegar a Dios solo por problemas o porque es un matón”, dice, mientras confiesa que él aceptó a Dios porque su corazón se lo pedía. “Aquí en Nicaragua voy a una iglesia que está atrás del Estadio de Granada. Me gusta mucho, Dios está en todo lugar con su presencia”.

GRAN RENDIMIENTO

Es venezolano y tiene 43 años, pero su brazo no tiene edad, lanza todavía como su tuviera fuego y combina todo tipo de picheos, haciendo que el bateador colapse en el cajón de bateo.

En la Liga Profesional con el Oriental ha participado en 22 partidos como relevista, en total 27 entradas lanzadas, 27 ponches y no permite una sola carrera, ni sucia ni limpia, para un asombroso 0.00 de efectividad y un nuevo récord en salvamentos para la Liga Profesional con 15, dejando en el camino a Boanerges Espinoza, quien tenía el registro de 11 salvamentos.

Quién diría que el hombre descartado en el 2015 en la Liga Profesional de Venezuela por los Leones del Caracas y los Bravos de Margarita y que además se rehusó a retirarse del beisbol, estaría causando sensación y siendo la figura del picheo en Nicaragua.

UNA CASUALIDAD

Sin imaginarse que algún día jugaría en las Grandes Ligas y mucho menos beisbol, una mañana en Bobures, Estado de Zulia, hubo un partido de softball. Darwin lo único que practicaba era el futbol, sin embargo en esa ocasión por casualidades del destino, hizo algunos disparos con la pelota de softball y le preguntaron que si quería ser lanzador de beisbol. La historia siguió como color de rosa tras la firma de los Yanquis de Nueva York en 1993 y jugar en las Ligas Mayores (Toronto, Texas, Montreal y Baltimore) en 56 partidos.

Cubillán, después de cada partido en el cual tiene éxito, no sale de fiesta, regresa a su hotel en Granada, descansa en su silla mecedora y lee la Biblia para luego orar.

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