Ortega necesitará un súper fraude

Aunque el fraude electoral para las elecciones de Presidente de la República y Diputados a la Asamblea Nacional en 2016, ya comenzó, con la aprobación de la Ley de Seguridad Soberana (SS), un engendro inconstitucional que suspende las garantías individuales envueltas en figuras jurídicas ordinarias, y aún antes de esta Ley, con las represiones a […]

Sr. Luis Vega Miranda, columnista. Foto LA PRENSA / O Miranda

Aunque el fraude electoral para las elecciones de Presidente de la República y Diputados a la Asamblea Nacional en 2016, ya comenzó, con la aprobación de la Ley de Seguridad Soberana (SS), un engendro inconstitucional que suspende las garantías individuales envueltas en figuras jurídicas ordinarias, y aún antes de esta Ley, con las represiones a las manifestaciones públicas y el encarcelamiento de dirigentes de la oposición y líderes comunales con el objeto de amedrentarlos, y con ello a la ciudadanía que observa los últimos hechos nacionales e internacionales.

En efecto, si a Daniel Ortega le resultaron relativamente fáciles los fraudes que cometió para reelegirse inconstitucionalmente en el año 2011, invirtiendo a su favor gran cantidad de votos obtenidos por el candidato de la oposición Fabio Gadea Mantilla, y un poco más complicado el que hizo en el año 2012 para las elecciones Municipales en las que adjudicó la mayoría de los alcaldes a su partido Frente Sandinista, en las que en el municipio de Managua, llevando candidato a Eduardo Montealegre, y en muchos municipios, el fraude fue tan obvio, que las poblaciones salieron a las calles, con saldos de muertos y heridos en protesta por el gran robo, las elecciones que vienen tendrá que verlas con más preocupación.

Ortega ha tenido diez años para demoler las instituciones del Estado que conforman las libertades ciudadanas y garantizan que todo país con estas bases democráticas, separación de poderes y frenos del poder, viva en libertad, ejerciendo todos sus derechos, que incluyen el voto personal y secreto para elegir cada cierto tiempo al gobernante que los promueva y proporcione una justa distribución de los bienes comunes, trabajo y la riqueza producida compartida, base de la felicidad individual y de la comunidad, y no apoderándose de ella una familia junto con castas y corporaciones de privilegiados, a como ha sucedido en los últimos años, separando más la brecha entre ricos y pobres..

“El fraude se va a dar aunque haya unión de partidos”, nos decía con cierta resignación un amigo en una reunión de personas preocupadas por la situación nacional, observando las acciones del poder que cierran y continúan cerrando los espacios sociales y políticos. Y eso se evidencia con tan solo ver la transformación del Ejército Nacional en una especie de guardia personal de la dictadura; así como la transformación aberrante de la Policía Nacional que permite la impunidad, dependiendo ahora directamente de los intereses del autócrata gobernante.

Aunque este escrito parezca un inventario de la diaria realidad. El propósito es poner atención a que Latinoamérica está pasando procesos de cambio y de aires más sanos y prometedores, que no deben escapar a los ojos adormilados por palabras seductoras y alienantes que se escuchan en algunos medios.

Latinoamérica se está cansando de dictadores, como antes de los Somoza, de Stroessner y de los Trujillo, los estamos viendo en Argentina, en Venezuela, en Brasil y en otros gobiernos que están cayendo o están en crisis por corruptos e incapaces.

Por eso Ortega va a necesitar un súper fraude, ya que estos vientos frescos del Sur y del vecindario deben molestarle, y tiene que demostrar una popularidad que solo existe en su mente y en la de sus allegados más serviles. Para ello está llamando urgentemente a sus magistrados electorales, judiciales y su asamblea parlamentaria.

El pueblo nicaragüense debe darse cuenta que con una concurrencia masiva de su voto para un cambio, le hará más difícil a Ortega manipular los resultados de las elecciones. Y esto puede acercar el final.

El autor es Presbítero Anglicano y abogado