Aunque la Bolsa Agropecuaria funciona desde hace 13 años, fue hasta hace tres que Harvy José Leiva Aráuz optó por utilizar este mecanismo para vender el café que acopia en las zonas productivas.
“Si no lo transara en bolsa tendría que pagar el tres por ciento con el que gravó la Ley de Concertación Tributaria (que entró en vigencia en el 2013) las transacciones de café realizadas por personas naturales. En la bolsa solo me retienen el 1.50 por ciento que se le paga al Fisco y el 0.28 por ciento que le queda a la bolsa”, explica Leiva.
Además, este mecanismo evita que productores e intermediarios que lo usan, tengan que realizar una serie de trámites “engorrosos” que implica el pago de los impuestos.
Como Leiva, unos ochenta mil productores y comercializadores han utilizado este mecanismo desde que surgió en 2002, entre otras razones con el objetivo de contribuir a formalizar al sector agropecuario, dice Luis Arévalo, gerente general de la Bolsa Agropecuaria de Nicaragua (Bagsa), que funciona con cuarenta puestos distribuidos mayormente en las zonas productivas.
Por su parte la Bolsa Agroindustrial de Upanic (Bolsagro) —que inició operaciones en 2004 y tiene 18 puestos en todo el país— cuenta entre sus clientes a unos 12 mil productores, la mayoría pequeños y medianos porque el máximo que se puede transar en bolsa son cuarenta millones de córdobas anuales, dice Felipe Argüello, director ejecutivo de Bolsagro.
DIFÍCIL CUANTIFICAR FORMALIZACIÓN
Aunque cada año haya más productores involucrados y un mayor volumen de la producción transada, Arévalo y Argüello reconocen que es difícil cuantificar el aporte del mecanismo a la formalización del sector agropecuario.
“Dentro de esos 12 mil clientes lo que ves es la realidad macro, ya que es difícil contabilizar a todos los involucrados porque hay mucho negocio de café, frijol y ganado y ahí lo que tenés son intermediarios que compran en el campo y aunque la transacción solo registra al acopiador, hay un montón de productores atrás. Lo mismo ocurre con las cooperativas que representan a grupos de productores”, expone Argüello.
Y aunque en el campo todavía hay “muchísima informalidad”, el incremento del volumen transado es un buen indicador de que más productores e intermediarios se están formalizando, aseguran los entrevistados.
Otro beneficio que se atribuye a la formalización es la fijación de precios, que le permite a los productores tener cifras de referencia que lo salvan de quedar a expensas de lo que quieran pagarle los comercializadores.
Los análisis de calidad que se realiza en los laboratorios que tienen los puestos de la Bolsa Agropecuaria, también cuentan entre los beneficios que recibe el productor.
CUANTIOSO CRECIMIENTO
En sus 13 años de funcionamiento el monto de las transacciones realizadas a través del mecanismo de la Bolsa Agropecuaria pasó de 3,121 millones de córdobas en 2002 a 38,760 millones en 2015, dejando una cuantiosa contribución al Fisco, que producto de la retención definitiva que se hace a estas transacciones pasó de percibir 31 millones de córdobas en el 2003 a 601 millones en el 2015.
“Pero esto no ha caído del cielo, ha sido un trabajo de casi 15 años de gente que anda buscando productores, explicándoles, incorporándolos y diciéndoles mirá hombre es más fácil que estés ordenado y pagués esta retención definitiva en lugar de estar haciéndote el gato bravo”, afirma Arévalo.
Aunque en sus 13 años de funcionamiento el monto de las transacciones de la Bolsa Agropecuaria ha crecido 1,141 por ciento y el aporte al Fisco 1,838 por ciento, el mecanismo aún tiene un gran potencial de crecimiento, pues en el campo “aún hay muchísima producción que sigue en la informalidad”.
Pero dicho crecimiento depende también de la ampliación de la lista de productos transables. “Con la entrada en vigencia de la Ley de Concertación Tributaria (en el 2013) logramos introducir la miel de abeja, la chía y una serie de productos no tradicionales, pero es necesario incorporar otros que tienen gran potencial”, expone Arévalo.
Según Arévalo, están a la espera de que se realice una nueva modificación al reglamento de la Ley de Concertación Tributaria para “poder incorporar algunos productos como huevo, pollos vivos, camarones y otros que es necesario incorporar”.
Argüello considera que también en el campo de las frutas hay mucho potencial ya que la lista en este campo está muy limitada. “Además de las frutas hay una serie de productos como toda la parte forestal, la madera y otros productos que tienen potencial de producción y comercialización”.
El sector ya realizó los estudios para determinar el potencial de una serie de productos que les interesa incluir en la lista de transables, pero la fecha de su inclusión aún es incierta.
También se ha hablado de la necesidad de ampliar el monto de las transacciones anuales que actualmente está fijado en cuarenta millones de córdobas. “Ese es un tema pendiente porque ese monto nos lo han ido reduciendo. Debemos recordar que estamos en una economía bastante dolarizada y conforme pasa el tiempo el monto pierde valor, entonces habrá que evaluarlo”, dice Argüello.
Los transables
Aunque la carne, arroz, café, maní, ganado, harina de trigo y caña fueron los productos de mayor peso en las transacciones realizadas durante el 2015, la lista es más amplia:
Anteriormente incluía arroz, leche cruda, semolina, puntilla, payana, caña de azúcar, maíz, harina de maíz, frijol, sorgo, soya, maní, ajonjolí sin procesar, trigo, harina de trigo, afrecho, café sin procesar, semilla para siembra, alimento para ganado, aves de corral y animales de acuicultura, agroquímicos, fertilizantes, sacos para uso agrícola, ganado en pie y grasa animal.
La Ley de Concertación Tributaria anexó a la lista: verduras sin procesar, achiote, cacao, canela, plantas ornamentales, miel de abejas, semilla de jícaro, semilla de calabaza, semilla de marañón, chía, linaza, tamarindo, melón, sandía, mandarina y queso artesanal.
El Niño podría frenar
Desde su origen en 2002 las transacciones de la Bolsa Agropecuaria han mantenido un crecimiento sostenido, que se interrumpió solo en el 2010, pero este año este podría frenarse nuevamente o ser menor al de años anteriores, como resultado de los efectos de El Niño. “La actividad ganadera es una de las que puede verse en situaciones difíciles, también se dice que este será un año más caluroso, pero ese es el día a día de la actividad agropecuaria que está montada en muchos riesgos inherentes propios de la actividad que hacen hacer proyecciones e incluso administrar el riesgo es más difícil, pero es ahí donde hay que dar el salto a la tecnología, al riego, a las mejores prácticas, a certificaciones y a nuevos mercados. No podemos seguir haciendo lo que hacían nuestros abuelos y nuestros padres”, advierte Felipe Argüello, director ejecutivo de Bolsagro.

