Mónica Zalaquett: “Aún tengo aprecio por Samir” - La Prensa



Directora del Ceprev

Mónica Zalaquett: “Aún tengo aprecio por Samir”

La directora del Ceprev busca donantes que apoyen sus proyectos para los próximos años o centro tendría que cerrar. Habló con Domingo sobre su vida, sus inicios ayudando a jóvenes a salir de la violencia, las recientes acusaciones de Samir Matamoros y su futuro.

24/01/2016

Los padres de Mónica Zalaquett llegaron a Chile desde Líbano. Ahí se establecieron y formaron una familia. La joven Mónica se involucró desde muy temprano en las protestas sociales, para el tiempo cuando Salvador Allende se lanzó de candidato a la Presidencia, ella ya había estado protestando en las calles y posteriormente el régimen de Augusto Pinochet le prohibió estudiar en las universidades de Chile.

Desde los 20 años se involucró con la lucha sandinista. A esa edad salió de Chile y se estableció en Nicaragua con su actual pareja el coronel en retiro Ricardo Wheelock, a quien ahora cuida porque padece de una enfermedad mental. La mujer que estuvo en la montaña para los tiempos de guerra en Nicaragua empezó a buscar la paz y aprender a tolerar las ideas ajenas. Fue así como inició el Centro de Prevención de la Violencia (Ceprev), que ahora se tambalea en busca de cooperación.

Sus peores tiempos los está viviendo en el gobierno de Daniel Ortega. El año pasado Samir Matamoros la acusó de haberlo enviado a los “miércoles de protesta” con un arma a disparar contra los participantes.
Zalaquett habla en esta entrevista sobre su vida, su infancia en Chile y cómo el Ceprev ayudó a reducir la violencia juvenil y sus planes a futuro si le tocara cerrar el centro en el corto plazo.

¿Cómo fue su infancia?

Bueno, yo crecí en una familia grande, numerosa y unida, sobre todo después del fallecimiento de mi padre cuando tenía 7 años. Mis hermanos mayores actuaron como padres. Era una familia de migrantes del Líbano en Chile. Yo jovencita me vinculé a la izquierda en Chile en los tiempos que era Salvador Allende candidato a la Presidencia. Participé activamente en algunas manifestaciones. A mí me prohibieron estudiar en cualquier universidad chilena, la dictadura de Pinochet. Cuando entré a la universidad ya tenía contacto con el Frente Sandinista. Me vinculé a apoyar este movimiento. Me casé con un nicaragüense participante de esta lucha. Me fui a los 20 años de Chile con mi pareja, el coronel en retiro Ricardo Wheelock. Y con él me vinculé a todas las actividades del Frente en México y después me incorporé a Nicaragua.

¿A usted le tocó combatir?

Sí fui combatiente en el trabajo en la época de la Contra. Ahí sí fui movilizada a las zonas de combate. Yo trabajé para conseguir apoyo a la lucha, en apoyar a todos los exiliados, conseguir fondos para la lucha y teníamos un comité mexicano de solidaridad con Nicaragua y estábamos encargados de la retaguardia de todo ese movimiento social. Sí estuve varias veces en la zona de combate, fui enviada por el partido a trabajar con los campesinos.

¿Cuál era exactamente su función?

Educar a los campesinos pero también la población nos educaba a nosotros. Escribí una novela sobre la guerra en la que trataba de poner el punto de vista de los dos bandos. Había muchas cosas que aprendí en la guerra, como por ejemplo, valorar la diversidad de ideas. Me di cuenta que en la guerra estaba muriendo gente pobre de la ciudad y del campo. La novela se llamó Tu Fantasma Julián. Esta experiencia me marcó y por eso trabajo por la paz. Porque creo que no conviene que nos sigamos confrontando los nicaragüenses.

¿Su familia no estaba preocupada por usted?

Siempre estaban inquietos. Hasta la fecha lo están. Yo me nacionalicé como nicaragüense en esos años. Yo me siento nicaragüense aunque nací en otro país. Después que el Frente Sandinista perdió las elecciones yo decidí seguir trabajando desde las organizaciones de la sociedad civil por las mismas causas que luchamos muchos años en la dictadura.

¿Por qué se aleja del FSLN?

Yo no me alejé así como que voy a romper. Simplemente cuando empecé a trabajar en una ONG en el año 1997 y me dediqué a trabajar en esto, consideré que esta era la mejor forma de seguir en la época de la revolución. No es que rompí o me retiré con bombos y platillos. Solo decidí trabajar por la no violencia porque consideré que esa era la mejor manera de ser consecuente con los que murieron en la época de la guerra.

¿Cómo fue su período de trabajo como periodista en Barricada?

Fue un período muy rico. Nuestro jefe era Carlos Fernando Chamorro y era un periodista comprometido. Fueron tiempos difíciles. Nos mandaban a cubrir a las zonas de guerra. Dormíamos en las oficinas de Barricada haciendo posta. Es decir, había mucho riesgo pero también había mucha mística y en la que estábamos dispuestos a cualquier cosa por nuestros ideales y yo guardo muchos buenos recuerdos de esa época.

¿Hubo alguna historia a la que le dio cobertura que la haya marcado?

Me acuerdo que una vez nos hicieron marchar en Mulukukú en una tropa y entré a la selva y se produjo un combate y llegaron a sacarnos en un helicóptero y cuando subo y el helicóptero iba disparando hacia las tropas enemigas, vi a una campesina, una señora muy viejita que parecía daba alimentos a la Contra. Pero en mi experiencia los campesinos ayudaban a todos los bandos. Y yo vi a esa señora y dije: no podemos seguir así. No puede ser ella una enemiga y eso me marcó mucho.

¿Cómo empieza la idea de armar el Ceprev y qué tan difícil fue llevarlo del papel a la realidad?

Yo estuve siendo contratada por el Estado para formar a mujeres en temas de liderazgo. Yo había sido parte de un grupo de mujeres que se formó en los temas de liderazgo y de género en la época de doña Violeta Chamorro. Un grupo de mujeres de todos los sectores políticos, sandinistas y no sandinistas. En esa época estuve dando talleres y siempre notaba que en los talleres de liderazgo que impartíamos a las mujeres salía el tema de la violencia. Me interesó el tema y formulé un proyecto y se lo presenté a una embajadora de un país nórdico y ella confió en nosotros para fundar esta ONG (Ceprev). Empezamos en seis barrios, pero cuando llegamos las mujeres nos decían que sus hijos se estaban muriendo en las pandillas y yo no sabía que existía violencia de pandillas y tanta violencia en ese año. Fue un descubrimiento. Reorientamos el proyecto y empezamos a trabajar con una visión más integral a la violencia hacia la mujer, hacia los jóvenes, hacia la niñez. En esta organización hemos capacitado a más de 15,000 jóvenes, solo jóvenes, pero hemos trabajado con muchas más personas. Llevamos más de 40,000 personas capacitadas en las distintas formas que tenemos.

¿En qué momento empiezan a trabajar con la Policía?

Desde un comienzo. En la primera etapa empezamos a trabajar con pandillas y después con la Policía. Porque la Policía enfrentaba las pandillas y era importante enseñarles a entender mejor la raíz del comportamiento juvenil. Y que ellos tuvieran más instrumentos para enfrentar a las pandillas. Hemos capacitado a más de mil policías, yo personalmente he capacitado a jefes de la academia, por muchos años tuvimos una relación cercana y muy provechosa. Tuvimos una relación de respeto, de cercanía. Los Policías cambiaban y había jóvenes que nos decían que antes había algunos oficiales que los golpeaban y de momento cambió. Ahora eran sus amigos. Luego empezamos a trabajar con docentes y tenían historias de abusos en sus hogares, principalmente las mujeres. Nos dimos cuenta que era un problema de la sociedad en todos los sectores.

¿Y ahora en Nicaragua cómo estamos a nivel de violencia?

A veces parece que va en aumento. La verdad es que yo no manejo estadísticas porque nosotros solo tenemos las estadísticas de los territorios donde trabajamos. Es la Policía la que maneja las estadísticas. El problema también es que la violencia ha sido agravada por la cantidad de armas que hay en el mercado. Imagine que antes los jóvenes se peleaban con machetes, con piedras, y ahora muchos tienen armas, no solo hechizas, sino también fusiles y armas muy peligrosas. El comercio ilícito de armas ha crecido bastante en toda Centroamérica. La ventaja es que en Nicaragua a diferencia de otros países de la región se ha hecho mucha prevención. Hemos sido una institución que ha ayudado mucho a la Policía en ese sentido. Lamentablemente ahora hay mucho distanciamiento entre las organizaciones de la sociedad civil y la Policía, que yo lamento y espero que se corrija.

¿A qué se debe ese distanciamiento?

No lo sabemos realmente. Siempre he pensado que la colaboración entre la sociedad civil y la Policía fue muy provechosa.

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¿Cuál ha sido el Gobierno en el que más se les ha dificultado el trabajo?

La verdad es que nunca ha sido fácil nuestro trabajo. Ahora último, este alejamiento de las instituciones a la sociedad civil es algo que nos ha afectado a todos los organismos. Porque antes trabajábamos muy de cerca con el Ministerio de Educación e informábamos sobre el trabajo con los docentes, proveíamos al Mined de los manuales y constantemente nos estábamos reuniendo con autoridades. Teníamos una coordinación eficaz. Otras instituciones del Estado que capacitábamos nos recibían muy bien porque se sentían con un recurso más para mejorar su trabajo. Y siento que eso ha ido dificultándose más, especialmente el trabajo en los colegios y eso lo lamento. Y el trabajo en las escuelas es determinante.

¿No pueden entrar tampoco a las escuelas?

No como antes. Y aunque muchas veces los maestros vienen aquí y nos piden capacitaciones, la coordinación se dificulta más. Creo que esto es un retroceso que en los primeros años sí se estaba dando. No sé por qué hubo un giro tan grande en los últimos años.

Incluso recuerdo que cuando hubo persecución a las ONG como Cinco o el Movimiento por Nicaragua, nunca se persiguió al Ceprev. ¿Por qué ahora sí?

Yo me he preguntado por qué ahora ha ocurrido esto y no le encuentro una explicación clara porque muchas instituciones de Gobierno… el mismo día que Samir (El pistolero de Metrocentro), dio sus declaraciones yo iba a ir a capacitar a la Asamblea Nacional. Ya lo había hecho antes. También habíamos capacitado a la gente de la Corte Suprema de Justicia. Nosotros no hacemos una capacitación política, es más bien constructiva. No sé qué fue lo que pasó y no quisiera especular sobre eso.


¿Pero no se han puesto a pensar si es debido a algo que dijeron o hicieron?

Quizá el hecho de que nosotros hemos siempre demandado que los jóvenes no participen en acciones políticas violentas. No sé si recordarán en las elecciones municipales (2008), que hubo tensionamiento entre los partidos políticos y aquí vinieron unos jóvenes a decirnos que los partidos les estaban dando dinero y armas para que pelearan. Nosotros les dijimos que no hicieran eso porque creemos que las diferencias políticas se pueden resolver de forma pacífica.

Cuando los jóvenes denunciaron eso, ¿ustedes hablaron con los dirigentes de los partidos políticos?

No nos acercamos porque nuestra función no es política. Nosotros les dijimos a los mismos jóvenes que se presentaran a los medios de comunicación y expresaran su desacuerdo. Nosotros no queríamos hacer de eso una cuestión política, sino lo que queríamos era que se reflexionara. Después que pasó todo eso, la violencia en los barrios se disparó. Entonces después nos costó mucho bajar la violencia otra vez. Pasamos de 14 muertos en nuestras comunidades a sesenta y tantos muertos en un año. Nos preocupa porque eso va a tener consecuencias. Creemos que es muy importante, más ahora que va a haber elecciones, que reflexionemos de lo que hemos aprendido del pasado.

¿Qué pasó desde que Samir llegó a los Juzgados y mencionó que usted lo había enviado a disparar a los “miércoles de protesta”?

Hemos seguido trabajando. La gente en los barrios, los jóvenes nos decían que fue muy feo lo que nos hicieron e incluso algunos nos decían que si queríamos podían salir a las calles a defender al Ceprev, pero nosotros no estamos haciendo eso. No nos interesa crear conflicto. Yo estaba dispuesta a aclarar, pero creo que no hubo necesidad porque mucha gente comprendió rápidamente y no dudaban de nuestra integridad en ese momento. Si hicimos una campaña grande que se llamaba “Soy hombre y no quiero armas”, no íbamos a hacer eso porque desmentiría lo que venimos haciendo desde hace veinte años.

¿A partir de eso no se les ha dificultado más el trabajo?

No porque los jóvenes siguen confiando en el Ceprev. Lo que sucedió es que esto coincidió con el fin de un proyecto de tres años. Nosotros estamos ejecutando ese proyecto en toda la región centroamericana, que abarcó muchas actividades en diferentes universidades con un diplomado de prevención de violencia y de control de armas. Lo de Samir coincidió y ahora estamos en busca de nuevos fondos. No puedo asegurar cuándo los vamos a conseguir, pero hay voluntad de algunos cooperantes de seguirnos apoyando.

¿Pero el Ceprev está estable?

Estamos en un momento de transición entre un proyecto y otro. No contamos con recursos para los próximos años en este momento, pero sí con la voluntad de algunos donantes de seguirnos apoyando. Ahora, si por algún motivo no lo hicieran, obviamente sí vamos a tener dificultades. Yo creo que esta organización está teniendo reconocimiento dentro y fuera del país.

¿Han considerado cerrar la organización?

No es nuestra voluntad cerrar. Nosotros estamos dispuestos a continuar. Sino porque nos obligan circunstancias ajenas a nuestra voluntad. No creo que esa sea la voluntad de los donantes. Como todos los organismos de sociedad civil, también tenemos problemas por otras razones que no tienen que ver con las relaciones con el Gobierno. Tiene que ver más con que muchos donantes se han retirado y de que algunos organismos están orientados más al África y sobre todo porque en Nicaragua hay situaciones de pobreza que han mejorado y consideran que no es tan importante donar aquí. En el caso de que no pudiéramos continuar, Ceprev no es esta oficina, Ceprev ya se regó. Sembramos la semilla y mucha gente nos dice cuánto le es de utilidad esta metodología.

¿A qué se dedicará usted si el centro cerrara?

Probablemente seguiría haciendo lo mismo como consultora independiente, porque la experiencia que tengo acumulada de veinte años quiero que siga sirviendo. Quiero seguir aportando a la paz.

¿Le guarda rencor a Samir Matamoros?

No. En lo más mínimo. Más bien tengo interés en que esté bien. Me da mucha tristeza. Le tengo aprecio y eso no ha cambiado. Lamento mucho lo que pasó. No tuvimos nada que ver con eso.

PLANO PERSONAL

Mónica Zalaquett tiene 62 años. Tiene dos hijos y dos nietos. Estudió Psicología en
México, Sociología en Chile y Periodismo en Nicaragua.
No le gustan las carnes rojas y adora las frutas tropicales.
Ama los nacatamales y la comida árabe.
Le gusta la lectura, el cine y las series como Breaking Bad.
No sabe cocinar comida nicaragüense, pero sí la árabe.

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