Columna: Notas clásicas. Recordando a William Shakespeare

Qué feliz coincidencia: Shakespeare el inglés y Cervantes el español son el centro de la reminiscencia en este nuevo año.

Joaquín Absalón Pastora. LA PRENSA/Yader Flores

Qué feliz coincidencia: Shakespeare el inglés y Cervantes el español son el centro de la reminiscencia en este nuevo año.

Ambos, sin que el tiempo haya mermado ninguna de las piezas memorables de esa dosis fornida, colegas en la hazaña de caminar incólumes en la pista.

El énfasis en la recordación es infinitamente justo, interminable en la vigencia que repercute en todos los rincones teatrales y reales, pues su teatro fue también el paradigma, el reproductor crudo y sincero de la realidad.

Mundo que es pequeño, pero que también tiene la atrevida dimensión de ser un coloso.
Me quedé con Julio César pero cuántos de ellos no están en la vitrina de la perennidad. Al finalizar la escenificación puesta por la naturalidad, el amigo vecino de butaca me confirma en su erudición que el legado no tiene comparación: sus obras se han traducido en cien idiomas, mientras otro nimbado por la superioridad numérica agrega que son mayores por tomar en cuenta la participación de los dialectos, la evolución espontáneamente puesta en la semántica donde parte y florece la voz de la calle, que finalmente se vuelve intelectiva y trascendente.

Cada vez que sube de tono y en signos el lenguaje, sube en la misma proporción el requerimiento de traducirlo en condiciones traslativas que permiten analizarlo con el fervor de los incansables de encontrarlo aún abordando alguna inusitada complicación en el momento de interpretarlo.

Así como Rubén Darío hizo pureza rítmica de la poesía, el sinfonista vital del idioma en español, así Don William ejerció un desempeño crucial en la prosperidad del inglés, que contribuyó a modernizarlo, a convertirlo en “el principal idioma del mundo”. Testigo de esa consumación es otro nombre que tuvo cabida en el registro de los célebres expuestos: Enrique Quinto. Don William. Maestro y fundador de imágenes, pionero en ese diseño, incluidos “los versos sin rimas”.

Los músicos de todos los tiempos fueron influidos por sus argumentos. Por el montaje de sus reflejos sonoros, por sus tramas: Chaikoski, Berlioz, Verdi, Brahams.

En la diversidad han menudeado tanto la dulzura como “la gota amarga” de los desenlaces. Tragedia y comedia. Romeo y Julieta son los rostros más esculpidos, donde se juntan los extremos del amor y del dolor. Teatro cantado y llorado.