Ficción de carne y hueso

Roberto, después de una larga jornada de trabajo, se quedó dormido en el sillón de la sala de su casa, y cuando despertó creyó que, en ese instante, se había quedado dormido, y era lo contrario, tenía cinco horas de que se había quedado dormido. Al despertar le entusiasmó la idea de ser consciente de […]

LA PRENSA/ARCHIVO

Roberto, después de una larga jornada de trabajo, se quedó dormido en el sillón de la sala de su casa, y cuando despertó creyó que, en ese instante, se había quedado dormido, y era lo contrario, tenía cinco horas de que se había quedado dormido.

Al despertar le entusiasmó la idea de ser consciente de que estaba soñando y sintió como si fuese un personaje de ficción de carne y hueso. Oyó el leve tic tac del reloj de mesa y el de su mano. Parecía haber abierto los ojos en un sábado de festejos, pero se concentró para convertirlo en domingo.

Antes de preparar el café, fue a la esquina de su casa para comprar el periódico.
Todas las noticias hablaban de un mundo en el que él no deseaba vivir. Supo que estaba despierto y que tenía que seguir viviendo en este mundo cancerígeno.

Roberto haciendo un soliloquio logró discurrir: “También es probable que, desde un primer momento, dude sobre la fiabilidad de las noticias, pero el dudar es suficiente para que respire dentro de las historias durante un rato, lo suficiente, espero, para sembrarle un quizá si yo”.