La Quinta Ola

La última entrega de Los Juegos del Hambre acaba de desvanecerse en la memoria y todavía nos siguen llegando imitaciones: películas basadas en novelas populares

La última entrega de Los Juegos del Hambre acaba de desvanecerse en la memoria y todavía nos siguen llegando imitaciones: películas basadas en novelas populares con el segmento demográfico de “jóvenes adultos”, con aspiraciones de franquicia. Pero en lugar de recordar al éxito que cimentó la popularidad de Jennifer Lawrence, La Quinta Ola parece una sombra de Divergente. La imitación de una imitación, a años luz del artículo genuino.

Las cosas no empiezan tan mal, aunque la insistente narración de la protagonista tendría que haber servido como alerta. Cassie Sullivan (Chloe Grace Moretz) es una prototípica adolescente norteamericana, viviendo felizmente con sus padres (Ron Livingstone, Maggie Siff) y su hermano menor (Sam Sullivan). Su principal preocupación es disimular su interés por el muchacho que le gusta (Nick Robinson). Todo cambia cuando naves espaciales empiezan a sobrevolar el planeta. Hablando desde el futuro, la voz de Cassie identifica el evento como “la primera ola”. Se suceden terremotos, maremotos, epidemias y otras intervenciones catastróficas que infunden una cualidad apocalíptica en la película.

La destrucción está a la talla de un filme de desastre contemporáneo. Aprecio el hecho de que la muerte violenta no se manifiesta como castigo para personajes tachados como malos o ridículos —véase a Kiley Minogue como la cuñada clasista de Carla Gugino en San Andreas (Brad Peyton, 2015) o la asistente obsesionada por el celular que descuida a los niños de Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015)—. Cassie y los sobrevivientes de su ciudad se refugian en un improvisado campamento, prontamente intervenido por un escuadrón militar comandado por el coronel Vosch (Liev Screiber).

Una vez que la acción abandona el campamento, la película se degrada rápidamente, tratando de desarrollar su “mitología” con presupuesto limitado. El guion es torpe a la hora de recurrir a las convenciones narrativas del género y el director J. Blakeson es incapaz de infundir niveles de significado que vayan más allá de la dramatización básica. Surge un pretendido triángulo amoroso para Cassie con la aparición de

Evan (Alex Roe), pero el personaje es tan esquemático, y el actor tan malo —o mal dirigido—, que la subtrama romántica se convierte en otro elemento incapaz de capturar nuestra atención. Lo que empieza como una distracción desechable se convierte en algo doloroso. Los efectos especiales, esgrimidos como razón de ser de este tipo de filmes, se vuelven francamente precarios.

Curiosamente en una película que se precia de tener una protagonista femenina, se asoma el espectro de la misoginia. Liev Schrieber y Maria Bello asumen los papeles de los adultos en los cuales no se puede confiar, militantes del Ejército que quiere controlar a los sobrevivientes para fines siniestros. Ambos tienen 49 años, y en su género, cada uno califica como ser humano atractivo.

No en balde se ganan la vida exponiéndose en la pantalla gigante del cine. Pero tome nota de la caracterización de los personajes. Mientras Schrieber es presentado como galán de uniforme; Bello es iluminada y maquillada para parecer una gorgona y su excesivo lápiz labial sirve de repunte para un chiste violento y cruel. Puede argumentarse que la afean para telegrafiar la villanía interna del personaje, pero ¿por qué ella y no el hombre? La objetificación de Evan, con una innecesaria escena sin camisa, no sirve para nivelar la balanza.

La Quinta Ola está basada en la primera parte de una trilogía escrita por Rick Yancey. Sus fans estarían bien servidos concentrándose en los libros. Los ingresos de taquilla vaticinan que no habrá secuela. La película es tan mala que bien puede acabar con la era de las “sagas” para adolescentes.